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¿Causan daño las telenovelas?


Simplificando un poco, digamos que hay dos clases de telenovelas: las tradicionales que tratan generalmente de una relación amorosa imposible, entre un joven de dinero y una chica que trabaja en el servicio doméstico. Tras un recorrido tortuoso, la improbable pareja encuentra un final feliz. Otro tipo de telenovelas, de producción más reciente y dominadas por un fuerte sentido de realismo, entreteje las historias de amor en una trama social compleja y de mucha actualidad, en la que los villanos no son simplemente gente mala, sino delincuentes, narcotraficantes, políticos corruptos, o empresarios deshonestos y las mujeres han dejado de ser las pobrecitas, buenecitas, que inspiran lástima amparadas en un halo beatífico o virginal, y son más bien, cómplices y copartícipes de la violencia y el crimen por medio de roles que enfatizan la promiscuidad y el delito. En estas historias no hay final feliz, pues tanto los hombres como las mujeres dedicados al vicio y al delito, encuentran muertes tempranas. Sólo sobreviven para contar la historia los que trabajan a favor de la ley. Quizá esta segunda clase de historias entrega una moraleja más pertinente a la teleaudiencia, que la de seguir alimentando falsas esperanzas en las jovencitas menos pudientes de engancharse con el hijo de un millonario. ¿Daños a la sociedad? Ninguno, si lo comparamos con el impacto que tiene el mal ejemplo de los políticos criollos.

101 años de Panamá América

 
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