Causas de la pobreza en el país
La penetración del capital extranjero, particularmente del capitalismo monopolista de Estados Unidos (EU) ha trastocado en su evolución histórica, las tradicionales formas de la economía de tipo feudal, y ha dislocado, mediatizado y deformado el proceso de instauración de un modelo de capitalismo nacional, imposibilitando el hecho de que algunos sectores de clase de la burguesía criolla generaran las condiciones necesarias para la sustentación del Estado Nacional, como son: la creación y desarrollo de la industria, el agro, el comercio como sectores pilares de la economía; además, la construcción de una banca central con la consecuente emisión de una moneda propia y la expansión del mercado interno, fomentando con ello el espacio necesario para hacer valer nuestra identidad nacional.
La actual realidad de la economía del país permite enunciar los siguientes rasgos:
Dependencia creciente para el abastecimiento de capitales y medios de producción por parte de los monopolios que operan en el mercado mundial, particularmente el norteamericano.
Rudimentarización obrero-fabril.
Desarrollo económico desproporcionado e inarmónico con su corolario de bajas tasas de capitales.
Fragmentación del mercado interno nacional.
Copamiento y control de carácter monopólico de mercado externo mercantil y financiero.
Acaparamiento creciente del mercado interno, principalmente del sector comercio, tanto a nivel nacional como en sus relaciones internacionales (importación-exportación) de capitales y mercancías por parte de capitalistas extranjeros.
Creciente fuga de capitales producto de la no-aplicabilidad de las leyes que sancionan la evasión fiscal.
Ausencia creciente del Estado regulador en las actividades de interés nacional, observando una delegación creciente en torno a la participación y control de éstas por parte de la empresa privada.
Este tipo de sistema implica la concentración de todas las riquezas naturales y sociales, además de la centralización de la propiedad en manos de la conjunción oligarquía-imperialismo por un lado y por otra parte, el crecimiento y acumulación vertiginoso de la miseria material y social de los sectores populares.
Según datos de la Contraloría General de la República, el Producto Interno Bruto (PIB) para el año 2001 disminuyó en 1.5% con relación al período 94-95, cuyo crecimiento fue de 1.8%. Esto quiere decir que sólo se percibió un magro crecimiento de 0.3% en dicho período. En consecuencia con las cifras señaladas, la desocupación aumentó violentamente de 141,224 en 1995 a 169,789 personas en el año 2000, dentro de una población económicamente activa (PEA) que, para agosto de 2002 ascendió a 1,282,523, lo que nos viene a señalar la gravedad del mal.
Lo señalado nos expone ante el fenómeno de la pobreza, visto como un gran Leviatán que degrada social y moralmente a los miembros de la sociedad, principalmente a los desheredados de la fortuna que representan a los sectores de población mayoritarios del país que, cada vez es más entregado por parte de los partidos burgueses que se suceden en el poder del Estado cada cinco años para, mediante el engaño y el atropello, poder garantizar el status quo.
A estos sectores que representan los intereses de la burguesía y del imperialismo, los hemos denominado como “la Clase Ociosa”, pues son parasitarios y lucran gracias a la explotación y el desamparo en que han sumido a la población trabajadora; para ello mantienen el desempleo para tener la suficiente reserva de mano de obra barata.
En este interregno, en donde la expoliación globalizada campea, tenemos que argumentar que los tiempos han cambiado; no obstante, la relación y contradicción de clases con las mismas dentro de este mundo que propugna, a través de los sectores más consecuentes, por la ruptura de la desigualdad económico-social, política y cultural.
¿Cuándo empezar? Hoy mismo; el mañana es incierto.