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Celulares, casinos y bingos


A pesar de ser el celular un importante avance de la tecnología para la sociedad y para el ser humano, es a la vez un medio que se presta para la inmoralidad, el sacrificio económico y desajustes familiares. Es un medio práctico, oportuno y de gran necesidad dentro del ambiente, profesional, ejecutivo y empresarial, hombres de negocio, aventureros, exploradores, pero viene proporcionando graves daños en el aspecto moral más entre los sectores más humildes y poblados de la nación, en vista del uso indebido y exagerado y de la demanda que ha tenido entre esos usuarios.

Es lamentable observar que dentro de esos sectores hasta los gatos poseen un celular y a elementos pobres que prefieren comprar uno que alimentarse. Los adquieren bajo duros sacrificios económicos como personales sin, darse cuenta la fuerte erogación económica para cada usuario y su familia. Algunos los usan como objeto de lujos, pifias, vanidades, puentes de confidencias, en pasatiempos y coloquios propios de la juventud. Se viene observando la disimulada explotación de algunos autores y elementos vinculados a esa industria tecnológica de aprovecharse del fanatismo y la inmadurez de los miles de usuarios en los eventos artísticos y de otras disciplinas celebradas en el país, ello no quiere decir que me oponga en la búsqueda de nuestros valores humanos, sino buscar otros mecanismos que sean menos onerosos para nuestros usuarios y para la economía del país.

Su gran demanda amerita una profunda reflexión entre los sectores de la sociedad, si llevamos en cuenta que el presupuesto de muchos usuarios no les da margen de adquirir un celular sin que ello no los comprometa, económica y moralmente. Igualmente viene sucediendo con el alarmante vicio de los casinos y los bingos nacionales a lo largo y ancho del país. Aunque no sea una responsabilidad directa de esas casas de juego, ya que a nadie obligan a jugar, pero en base a la idiosincrasia, el fanatismo, la inmadurez y la irresponsabilidad de muchos, ello no deja de representar un medio y un foco de tentaciones que contribuyen en el deterioro de la economía, la moral y en la inestabilidad de la familia, sobre todo en las clases populares. Ejemplo: ¿cuál vendría siendo el resultado de una ama de casa o cualquiera otra, que reciba de su consorte el cheque de salario para ir de compras al supermercado, para pagar la renta de la vivienda, el crédito de la tienda el sueldo de la doméstica, pagar los servicios públicos etc., pero antes de ello, acude a un casino o al bingo público para probar suerte en la aventura de aumentar el capital, pero para desgracia lo pierde todo sin el visto bueno de su consorte?

Sin lugar a dudas esa fanática de los casinos en ese momento se encontraría en una situación muy vulnerable y peligrosa y de tentación, lo cuál pone en peligro la estabilidad de su matrimonio y su familia, sobre todo cuando esos casos abundan más entre las familias pobres y humildes. Igual pudiera pasarle al jefe de familia, tener que aceptar convenios debidos, que contribuyen a la infidelidad, suicidios, crímenes y la pérdida de bienes y enseres. Sabemos además que ese complejo problema social se debe a la falta de madurez, orientación y de irresponsabilidad de algunas familias humildes y aunque a esos establecimientos de juegos y la proliferación de tantos celulares que operan dentro del ambiente, no se les puede prohibir, pero sí es una obligación del Gobierno como garante de la buena marcha de la sociedad, tomar medidas de control mediante consejos y mensajes positivos a fin de mermar un poco la proliferación de tantos celulares, juegos y apuestas.

Lo más preocupante de esta situación es observar el escape de divisas económicas del país en perjuicio de nuestra economía, en vista de que dichas empresas y negocios tienen sus asientos y sedes en el exterior, dejando les solo a la nación la pobre empleomanía y sus irrisorios impuestos que pagan al Estado. Observamos con gran pesar la conducta fanática de algunos clientes que acuden a ciertos casinos a engrosar aún más los poderosos imperios económicos de ciertas familias en Panamá.

101 años de Panamá América

 
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