CEMIS, un cierre que no cierra
Contrario a quienes persiguen el cierre definitivo de las investigaciones sobre los supuestos sobornos en el caso CEMIS, el rechazo del recurso de reconsideración interpuesto por la procuradora suplente de la Nación, Mercedes Araúz de Grimaldo, nada cierra. Tan sólo mantiene en estado vegetativo las investigaciones, como los virus dormidos que se cristalizan y aguardan el momento más oportuno para despertar y atacar.
¿Por qué el cierre nada cierra? Es muy sencillo. Sólo las sentencias definitivas y de fondo terminan los juicios. Una demanda, por ejemplo, puede ser rechazada de plano, y no llegar a primera base siquiera por defectos formales. Pero como quiera que el rechazo formal no entraña resolver el fondo del problema que plantea, esa misma demanda, corregida, puede volver a presentarse otra vez.
Igual en el CEMIS. Nadie ha declarado culpable o inocente a nadie. Toda la discusión se ha centrado sobre si el Ministerio Público puede adelantar o no la investigación frente a legisladores que gozan de inmunidad; y la Corte Suprema ha dicho que no y, en consecuencia, ha ordenado el archivo de lo hecho hasta ahora.
¿Es un cierre definitivo? No. No lo es, porque puede ser reabierto, ya sea el mismo expediente u otro nuevo o ambos. Si fuéramos Ministerio Público y tuviéramos interés en investigar y hacer juzgar lo ocurrido en el fondo, frente a lo ocurrido hasta ahora, en este momento, no hiciéramos nada. Nos cruzaríamos de brazos a esperar a que cambien los vientos y asuma el poder un nuevo presidente de la República, comprometido a acabar con la impunidad y a investigar la corrupción.
Un mandatario de ese talante, seguramente, forzaría - como Néstor Kirchner, en Argentina - radicales cambios en la Administración de Justicia. Y cuando ello ocurra, ordenaríamos el reinicio de las pesquisas, en momentos en que los actuales legisladores hayan dejado de serlo; y las continuaríamos respecto a los demás ciudadanos comunes que no gocen de inmunidad.
Concluidas las investigaciones, se enviaría el expediente a un juez para que falle si hay o no culpables o inocentes; y esa decisión, y sólo esa, es la que realmente cerraría el caso. Ninguna otra.
¿Por qué el cierre nada cierra? Es muy sencillo. Sólo las sentencias definitivas y de fondo terminan los juicios. Una demanda, por ejemplo, puede ser rechazada de plano, y no llegar a primera base siquiera por defectos formales. Pero como quiera que el rechazo formal no entraña resolver el fondo del problema que plantea, esa misma demanda, corregida, puede volver a presentarse otra vez.
Igual en el CEMIS. Nadie ha declarado culpable o inocente a nadie. Toda la discusión se ha centrado sobre si el Ministerio Público puede adelantar o no la investigación frente a legisladores que gozan de inmunidad; y la Corte Suprema ha dicho que no y, en consecuencia, ha ordenado el archivo de lo hecho hasta ahora.
¿Es un cierre definitivo? No. No lo es, porque puede ser reabierto, ya sea el mismo expediente u otro nuevo o ambos. Si fuéramos Ministerio Público y tuviéramos interés en investigar y hacer juzgar lo ocurrido en el fondo, frente a lo ocurrido hasta ahora, en este momento, no hiciéramos nada. Nos cruzaríamos de brazos a esperar a que cambien los vientos y asuma el poder un nuevo presidente de la República, comprometido a acabar con la impunidad y a investigar la corrupción.
Un mandatario de ese talante, seguramente, forzaría - como Néstor Kirchner, en Argentina - radicales cambios en la Administración de Justicia. Y cuando ello ocurra, ordenaríamos el reinicio de las pesquisas, en momentos en que los actuales legisladores hayan dejado de serlo; y las continuaríamos respecto a los demás ciudadanos comunes que no gocen de inmunidad.
Concluidas las investigaciones, se enviaría el expediente a un juez para que falle si hay o no culpables o inocentes; y esa decisión, y sólo esa, es la que realmente cerraría el caso. Ninguna otra.