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Cenizas somos


Cuando se avecina el tiempo de Cuaresma, el alma se recoge como abrumada de tanta angustia y hasta de impotencia envuelta en arrepentimiento frente al magno sacrificio de Aquél que fue "Varón de dolores y conocedor de todos los quebrantos"; del que sin tener culpa alguna, cargó con las nuestras, inclusive las que cometimos durante este jolgorio del carnaval, y las que seguiremos cometiendo cada vez que respondamos sí a la atractiva voz de los tres enemigos del alma, a saber: el mundo, el demonio y la carne.
Sabio signo es el de la ceniza en la frente acompañada de la sentencia de que sólo somos eso: cenizas. Es entonces cuando en medio de una luz de reflexión nos volvemos más conscientes de nuestro peregrinaje, y querramos o no, concluimos que tendremos que abandonar estas mañanas soleadas, acompañadas del trinar de los pájaros, que renunciaremos a los radiantes atardeceres, a la playa, al paisaje citadino y campestre, y que tendremos que dejar hasta la comodidad del hogar, a los hijos, padres, a la mujer, al esposo y a los amigos, simplemente cuando El lo decida. Así de sencillo es: somos la Iglesia Peregrina de Dios. Cada acontecer a nuestro alrededor se constituye en un nuevo eslabón en la larga o corta cadena de nuestra vida. A veces nos preguntamos si los que nunca tuvieron riquezas, educación, vivienda, luz o comida, o los que desde su nacimiento han venido sufriendo, valoran la muerte como el acto sublime que nos iguala a todos...frente a Dios.
En medio de la época de elecciones en que nos encontramos, un número considerable de panameños opina que la clase política si es que se puede hablar de clase- se ha desvirtuado; criterio este que parece ser producto de la cadena de promesas incumplidas o de procederes no cónsonos con la figura de líderes comunitarios para lo que fueron elegidos. Esta situación debe llevarnos a todos a meditar, ya que si esta conjetura se generaliza, puede traer consigo la pérdida de la esperanza de todo un pueblo respecto a los que gobiernan o deseamos gobernar, incluyendo la mínima expresión de mandato: el candidato a Representante de Corregimiento como es el caso nuestro; y no nos agrada para nada ser tildados de mentirosos. Nuestra meta entonces deberá girar en torno al rescate de la confianza en la buena administración de la "cosa pública" si cristalizamos nuestros anhelos-, como servidores y sobre todo, como cristianos.
Esa ceniza en nuestras frentes que a simple vista se volatiliza tal como ocurrirá con cada uno de nuestros cuerpos algún día, tiene forzosamente que llevarnos a tomar con seriedad ésta y todas las etapas de nuestra vida; por ello es saludable solicitarle al Buen Dios que nos envíe su sabiduría para que sepamos descifrar su voluntad en función de nuestro servicio comunitario. Que nos dé temperancia ante la adversidad; constancia en el logro de nuestros proyectos; cautela ante lo inesperado y sobre todo, sincero deseo de servir, particularmente a quienes más requieren de nosotros.

101 años de Panamá América

 
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