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Centenario y objetivo marítimo


Tan pronto entramos al nuevo siglo, con el broche de oro de la entrega del Canal a manos panameñas y el retiro total de la presencia norteamericana del suelo istmeño, advertimos en medio del júbilo general y las celebraciones, con la emotiva siembra de banderas en torno al imponente edificio de la antigua gobernación zoneíta, que tras sellar la centuria con la consolidación de la independencia que heredáramos mediatizada el 3 de noviembre de 1903, nos aguardaba como tarea prioritaria el definir los nuevos objetivos nacionales.
Desde entonces nos hemos esforzado por hacer llamados en ese sentido. Tenemos que elaborar una nueva visión o estrategia nacional de cara a la nueva centuria. Y en ese empeño hemos ido un paso más adelante, aventurándonos a sugerir metas, una de ellas, el desarrollar a Panamá como país marítimo tomando como punto de partida el Canal, los modernos puertos terminales, de los más competitivos del continente, la marina mercante, la primera del mundo, y la Zona Libre de Colón, la segunda del planeta.
¿Qué tareas concretas nos aguardan para ese objetivo? Una es fortalecer y modernizar la Escuela Náutica. Sólo así conseguiremos que nuestros marinos tengan oportunidad de competir en calidad e insertarse en la voluminosa marina mercante nacional. Ello nos servirá además para contar con personal más preparado para servir al creciente mercado local del sector, el Canal y los puertos.
Otra tarea es modernizar el Canal para hacerlo aún más competitivo con respecto a las otras rutas del mundo. Hay que ampliarlo para que permita el tránsito de barcos más grandes, los Postpanamax, que cada vez se construyen más. Pero hay que hacerlo en la forma más eficiente, en términos de costo- beneficio. La obra debe ser autofinanciable y dejar beneficios comparables a los actuales.
También hay que añadir el adecentamiento y modernización de la Autoridad Marítima Nacional (AMN). Hasta ahora, es una entidad politizada, plagada de escándalos y corrupción. Si la marina mercante crece, es gracias a la ventaja comparativa que ofrece nuestro país y, en particular, a su legislación; porque el trabajo de la entidad marcha a contrapelo. Los escándalos de los carné de marinos, los certificados de salud, las inspecciones brujas y la concesión de servicios locales de pilotaje deben ser aclarados y no ser repetidos. Hay que hacer de la nuestra una bandera seria; y de los servicios, los mejores. Hay que acabar con las rebuscas de los consulados, que tanto dañan la imagen del país.
El Tribunal Marítimo debe modernizarse, colocándolo al nivel de los mejores y más eficientes del mundo. Ese es un servicio que ofrecemos a la comunidad internacional y debemos hacer de él un timbre de orgullo. En nuestro suelo funcionó uno norteamericano, antes de la entrega del Canal. El nuestro tiene que funcionar, como la vía acuática, mejor que el de ellos. ¡Sí podemos! Metas de excelencia debemos trazar aprovechando nuestro centenario.
Lo que sí espero es que los dueños de restaurantes que por casualidad lean este relato se den cuenta que más pronto que tarde sus propios negocios se verán afectados por incumplimientos tontos de las reglas establecidas. He querido volver al lugar para darle su propina a la joven camarera, pero dudo mucho que vuelva al establecimiento. Comida con rabia no es una buena combinación. Pero estoy seguro que mi reacción habrá sido idéntica en otros casos similares que sin duda han ocurrido, quizás a "tutiplén".

101 años de Panamá América

 
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