Certificaciones, representaciones, retribuciones y otras bellezas
Desde que se publicitó el asunto de los "pinchazos telefónicos", no ha transcurrido uno que sobre el particular no se manifieste ostentosamente una medida ejemplar sancionadora. Ni siquiera lo vimos en el caso de los "Afudólares", todo lo contrario, el legislador en mención más protagónico y "relevante" no ha podido ser a nivel de los grupos en el poder; como si su acción hubiese sido el pasaporte requerido para la estelaridad. Igual sucedió con la exoneración de los puertos y qué decir con los acuerdos Salas-Becker, premiados de manera insolente para la dignidad de la patria y de la Nación. No sé a los demás conciudadanos (as), pero para mí, lo de los pinchazos me suscita interrogantes que me llevan a ver al Sr. Enrique Montenegro, (al que no conozco) Secretario del Frente Nacional contra la Corrupción, como una víctima de la actividad de denuncia que había estado realizando. De lo contrario, tendría que ser muy ingenuo para fraguar tamaña pieza teatral, digna sólo para menores de 12 años. A mi parecer se trata de una cortina de humo, con la cual tratan de cubrir las verdaderas dificultades que enfrenta la sociedad panameña a consecuencia de una gestión gubernamental, que no ha logrado resolver los problemas que de manera más inmediata le agobian.
Por ejemplo, para nadie es un secreto que la violencia, no sólo la doméstica, crece alarmante y preocupante; pero lo peor es que no pereciera existir ni la pericia ni los insumos para enfrentarla de manera medianamente exitosa. Tampoco desconocemos que diariamente empresas y bancos (a pesar de que somos un emporio) liquidan centenares de trabajadores, que ingresan desde luego a la fila de desempleados, sin posibilidades de obtener no sólo el sustento, sino los servicios básicos al desenvolvimiento de la vida.
La pobreza en este país seguirá aumentando, lo que equivale a decir que los niños y niñas seguirán muriendo de hambre, porque créamelo usted, en este territorio, hay quienes mueren de inanición. Esto a pesar de que el PNUD, el Fondo de Población y Desarrollo de las Naciones Unidas se planteé como principal desafío para los próximos 15 años, la erradicación de la pobreza. (Noble propósito, para el cual le deseamos éxito.)Y no lo decimos irónicamente, más bien nos cuesta creer que dentro de las actuales reglas del juego en que están inmersas las economías de nuestros países y en el marco de un mundo globalizado en el que la pobreza no es más que el rostro contrario y necesario de la opulencia, se le pueda combatir sin que los opulentos renuncie a su lujo.
Eso a nivel macro, pero lo mismo se refleja a nivel micro, cuando una pequeña nación como la nuestra (casi tres millones de habitantes) no logra redistribuir el ingreso de manera equitativa, haciendo de la concentración del dinero unos de sus más inmorales mecanismos de realización. Peor que eso es la desfachatez con la que se manejan los grandes problemas nacionales. Los diálogos que se convierten en monólogos, en donde la participación ciudadana está manipulada o condicionada a sectarismos políticos o de otra índole. La indolencia con la que se malgastan los recursos del Estado, en otras palabras, de los panameños, en viajes faraónicos en donde hasta la mascota sale a pasear, para que no extrañe a sus dueños (as), los elevadísimos salarios, con sobresueldos disfrazados para no reportar ingresos, de legisladores, ejecutivos, y magistrados, con todos los privilegios dignos de una de las naciones más rica de América. Sólo por curiosidad, ¿ha pensado cuánto nos cuesta mensualmente las llamadas de teléfonos móviles de los legisladores y sus suplentes? ¿Y cuánto los de los demás?
Pero no conforme con lo que no tenemos ahora durante el encantamiento de las fiestas de Navidad, con el recordatorio de la pobreza de Belén, vendrá Santa Claus a traernos un regalo fantástico: La Reforma Tributaria para que acabemos de hundirnos en el abismo del no ser, uniformándonos todos en la pobreza y en la miseria. Pese a las múltiples voces que se alzan aconsejando que no es el momento oportuno. Parece que este gobierno no quiere dejar piedra sobre piedra, ni árbol sobre tierra. "Mueran Sansón y todos los filisteos". Mientras, celebremos el Miss Universo, por fin hemos tenido una digna representante de "tan maravilloso acontecimiento"; también nos ha visitado un príncipe, "OH...un príncipe" ....¡En Palacio!, digno de las mil y una noche. ¿Se imaginan las luces en Palacio? Lástima que sólo pudimos darle una medalla común
Otro obsequio que nos reserva el nuevo año para todos y todas los profesionales será la certificación profesional, hecho que no tendría nada de particular si no mediara la baja estima que se ha demostrado hacia la valoración de los recursos humanos de nuestro país y una prueba irrefutable es el caso de la Licda. Odio, de origen extranjero, recomendada como representante panameña ante un organismo internacional, como si no contásemos con calificados, idóneos y extraordinarios (as) juristas en este país. Será que tal como lo planteara Albert Memmie: ¿El colonizador nos fraguó por siempre la conciencia de colonizados? Los/as- extranjeras/os hablan por nosotros mejor que nosotros mismos. Con este antecedente y otros más no me queda la menor duda de que esas certificaciones servirán para desplazar a los nacionales, para la persecución política y la inestabilidad económica y profesional, razón por lo cual pensamos que esto no se debe permitir, menos de un equipo de gobierno que no se ha distinguido por la pericia ni la sapiencia. Además quién dice que sea una comisión (generalmente política) y no las universidades, las autorizadas para validar el conocimiento. Ustedes señores, ocúpense de otorgarle a los profesionales condiciones y herramientas de trabajos cónsonas con los tiempos modernos. Brinden oportunidades de educación continua. Ese es el deber de una administración moderna y exitosa. Lo contrario es eufemismo.
Harris manifestó que no tenía conocimiento del mal que aquejaba la salud de su amigo, tal vez por ser un hombre muy reservado. Sostuvo que lo que le queda a sus familiares y quienes lo conocieron es la resignación. "Lo vamos a echar de menos, sobre todo, en estos momentos en que el país más lo necesita", finalizó diciendo.
Joaquín Fernando Franco falleció a la edad de 77 años. Sus honras fúnebres se realizarán este lunes 9 de diciembre, a las 10:00 a.m., en el Santuario Nacional. Le sobreviven su esposa Blanca y sus hijos Joaquín Franco Vázquez y Ramón Franco Vázquez.
Nació un 18 de junio de 1925. Estudió en la Pontificia Universidad Católica Javeriana de Bogotá, Colombia, donde obtiene el título de Doctor en Ciencias Jurídicas y Doctor en Ciencias Económicas. Se especializó en Derecho Marítimo, Corporaciones y Derecho Internacional/Aéreo en la Universidad de Londres, Inglaterra.
Fue autor de varios escritos, entre éstos: "Los Diferentes Niveles de la Economía Panameña" (1949), "El Contrato Laboral Individual en la Legislación Panameña" (1951), "Aspectos Comparativos de la Seguridad Social en Gran Bretaña y Panamá" (1961) y "La Zona Libre de Colón o una Institución Fundamental para la Economía Panameña". Fue columnista del diario El Panamá América.
Entre los cargos que desempeñó están: secretario privado del Presidente de la República (1949), secretario del Ministerio de Agricultura, Comercio e Industrias, cónsul general y primer secretario de la Embajada panameña en Bogotá (1950), presidente y director de la Zona Libre de Colón (1951-1957), entre otros, y más recientemente asesor especial del Presidente de la República (1990-1994) y gobernador de la provincia de Colón (1993).
Fue socio fundador de la firma de abogados Franco & Franco. Entre las condecoraciones que recibió están: Orden de Félix Restrepo de la Pontificia Universidad Católica Javeriana (1992), Orden Vasco Núñez de Balboa en el grado de Gran Cruz, Orden Amador Guerrero en el grado de Gran Cruz y Orden Oranje-Nassau, Holanda.
En política, fue presidente y representante legal del Partido Liberal (en formación) y candidato a la segunda vicepresidencia de la República en las elecciones presidenciales de mayo de 1999.
Por ejemplo, para nadie es un secreto que la violencia, no sólo la doméstica, crece alarmante y preocupante; pero lo peor es que no pereciera existir ni la pericia ni los insumos para enfrentarla de manera medianamente exitosa. Tampoco desconocemos que diariamente empresas y bancos (a pesar de que somos un emporio) liquidan centenares de trabajadores, que ingresan desde luego a la fila de desempleados, sin posibilidades de obtener no sólo el sustento, sino los servicios básicos al desenvolvimiento de la vida.
La pobreza en este país seguirá aumentando, lo que equivale a decir que los niños y niñas seguirán muriendo de hambre, porque créamelo usted, en este territorio, hay quienes mueren de inanición. Esto a pesar de que el PNUD, el Fondo de Población y Desarrollo de las Naciones Unidas se planteé como principal desafío para los próximos 15 años, la erradicación de la pobreza. (Noble propósito, para el cual le deseamos éxito.)Y no lo decimos irónicamente, más bien nos cuesta creer que dentro de las actuales reglas del juego en que están inmersas las economías de nuestros países y en el marco de un mundo globalizado en el que la pobreza no es más que el rostro contrario y necesario de la opulencia, se le pueda combatir sin que los opulentos renuncie a su lujo.
Eso a nivel macro, pero lo mismo se refleja a nivel micro, cuando una pequeña nación como la nuestra (casi tres millones de habitantes) no logra redistribuir el ingreso de manera equitativa, haciendo de la concentración del dinero unos de sus más inmorales mecanismos de realización. Peor que eso es la desfachatez con la que se manejan los grandes problemas nacionales. Los diálogos que se convierten en monólogos, en donde la participación ciudadana está manipulada o condicionada a sectarismos políticos o de otra índole. La indolencia con la que se malgastan los recursos del Estado, en otras palabras, de los panameños, en viajes faraónicos en donde hasta la mascota sale a pasear, para que no extrañe a sus dueños (as), los elevadísimos salarios, con sobresueldos disfrazados para no reportar ingresos, de legisladores, ejecutivos, y magistrados, con todos los privilegios dignos de una de las naciones más rica de América. Sólo por curiosidad, ¿ha pensado cuánto nos cuesta mensualmente las llamadas de teléfonos móviles de los legisladores y sus suplentes? ¿Y cuánto los de los demás?
Pero no conforme con lo que no tenemos ahora durante el encantamiento de las fiestas de Navidad, con el recordatorio de la pobreza de Belén, vendrá Santa Claus a traernos un regalo fantástico: La Reforma Tributaria para que acabemos de hundirnos en el abismo del no ser, uniformándonos todos en la pobreza y en la miseria. Pese a las múltiples voces que se alzan aconsejando que no es el momento oportuno. Parece que este gobierno no quiere dejar piedra sobre piedra, ni árbol sobre tierra. "Mueran Sansón y todos los filisteos". Mientras, celebremos el Miss Universo, por fin hemos tenido una digna representante de "tan maravilloso acontecimiento"; también nos ha visitado un príncipe, "OH...un príncipe" ....¡En Palacio!, digno de las mil y una noche. ¿Se imaginan las luces en Palacio? Lástima que sólo pudimos darle una medalla común
Otro obsequio que nos reserva el nuevo año para todos y todas los profesionales será la certificación profesional, hecho que no tendría nada de particular si no mediara la baja estima que se ha demostrado hacia la valoración de los recursos humanos de nuestro país y una prueba irrefutable es el caso de la Licda. Odio, de origen extranjero, recomendada como representante panameña ante un organismo internacional, como si no contásemos con calificados, idóneos y extraordinarios (as) juristas en este país. Será que tal como lo planteara Albert Memmie: ¿El colonizador nos fraguó por siempre la conciencia de colonizados? Los/as- extranjeras/os hablan por nosotros mejor que nosotros mismos. Con este antecedente y otros más no me queda la menor duda de que esas certificaciones servirán para desplazar a los nacionales, para la persecución política y la inestabilidad económica y profesional, razón por lo cual pensamos que esto no se debe permitir, menos de un equipo de gobierno que no se ha distinguido por la pericia ni la sapiencia. Además quién dice que sea una comisión (generalmente política) y no las universidades, las autorizadas para validar el conocimiento. Ustedes señores, ocúpense de otorgarle a los profesionales condiciones y herramientas de trabajos cónsonas con los tiempos modernos. Brinden oportunidades de educación continua. Ese es el deber de una administración moderna y exitosa. Lo contrario es eufemismo.
Harris manifestó que no tenía conocimiento del mal que aquejaba la salud de su amigo, tal vez por ser un hombre muy reservado. Sostuvo que lo que le queda a sus familiares y quienes lo conocieron es la resignación. "Lo vamos a echar de menos, sobre todo, en estos momentos en que el país más lo necesita", finalizó diciendo.
Joaquín Fernando Franco falleció a la edad de 77 años. Sus honras fúnebres se realizarán este lunes 9 de diciembre, a las 10:00 a.m., en el Santuario Nacional. Le sobreviven su esposa Blanca y sus hijos Joaquín Franco Vázquez y Ramón Franco Vázquez.
Nació un 18 de junio de 1925. Estudió en la Pontificia Universidad Católica Javeriana de Bogotá, Colombia, donde obtiene el título de Doctor en Ciencias Jurídicas y Doctor en Ciencias Económicas. Se especializó en Derecho Marítimo, Corporaciones y Derecho Internacional/Aéreo en la Universidad de Londres, Inglaterra.
Fue autor de varios escritos, entre éstos: "Los Diferentes Niveles de la Economía Panameña" (1949), "El Contrato Laboral Individual en la Legislación Panameña" (1951), "Aspectos Comparativos de la Seguridad Social en Gran Bretaña y Panamá" (1961) y "La Zona Libre de Colón o una Institución Fundamental para la Economía Panameña". Fue columnista del diario El Panamá América.
Entre los cargos que desempeñó están: secretario privado del Presidente de la República (1949), secretario del Ministerio de Agricultura, Comercio e Industrias, cónsul general y primer secretario de la Embajada panameña en Bogotá (1950), presidente y director de la Zona Libre de Colón (1951-1957), entre otros, y más recientemente asesor especial del Presidente de la República (1990-1994) y gobernador de la provincia de Colón (1993).
Fue socio fundador de la firma de abogados Franco & Franco. Entre las condecoraciones que recibió están: Orden de Félix Restrepo de la Pontificia Universidad Católica Javeriana (1992), Orden Vasco Núñez de Balboa en el grado de Gran Cruz, Orden Amador Guerrero en el grado de Gran Cruz y Orden Oranje-Nassau, Holanda.
En política, fue presidente y representante legal del Partido Liberal (en formación) y candidato a la segunda vicepresidencia de la República en las elecciones presidenciales de mayo de 1999.