Chávez, consigan las firmas
El presidente venezolano, Hugo Chávez, luce cada vez más aislado. Su embajador en la ONU ha renunciado. El país está paralizado, viviendo únicamente de su petróleo, providencialmente registrando altos precios. Pero el mandatario sigue teniendo una amplia base política entre los pobres, que ya han demostrado su disposición de defenderlo en las calles y en las fuerzas armadas. La oposición también es numerosa, y agrupa a los sectores de mayor peso del país, incluyendo a los empresarios, clase media, algunos sindicatos -como el de los obreros del petróleo- y gente heterogénea, descontenta con la gestión de Chávez. Pero nadie puede asegurar que sea mayoritaria, aunque dé la impresión de crecer cada día.
Chávez es producto del latrocinio y corrupción rampante incurrida por la mala práctica democrática de los partidos políticos. La gente se hartó y elevó al poder a un militar golpista dándole una amplia base de apoyo, que le permitió ganar sucesivos referéndum, con los que cambió la estructura institucional del país, empezando por el nombre, el Organo Judicial y la Constitución.
Los expertos hablan de una nación dividida, que no es viable en el estado de postración que provoca esa situación. La Organización de Estados Americanos ha forzado a una salida constitucional de la crisis, dando hasta ahora su respaldo condicionado a Chávez, en el sentido de que debe respetar su propia Constitución.
Es precisamente la Constitución de Chávez la que indica la vía de solución de la crisis. El documento contiene un novedoso mecanismo revocatorio que permitiría deponer al mandatario, si lo exige un cierto número de ciudadanos. En este caso, se requiere de 2.4 millones de firmas para forzar al referendo revocatorio. La oposición reunió unas 3 millones, pero gran parte de las firmas fue anulada, debiendo ahora validar al menos 600 mil de ellas.
No parece haber dificultad alguna para que la oposición venezolana logre conseguir las firmas que faltan. Chávez, a su vez, está bajo el ojo de la OEA y de la influyente Fundación Carter. El referendo luce, para nosotros, inevitable. Y el mandatario, consciente de la situación de las fuerzas antes de la batalla, como buen militar, lo sabe y ha aceptado los términos del Waterloo frente a todos los embajadores extranjeros acreditados en su país: "si consiguen 600 mil firmas habrá referendo y si lo pierdo entregaré el poder", ha dicho. No se hable más, consigan las firmas.
Me aterra pensar que los jóvenes panameños, que son el futuro de la patria, sean nuevamente engañados con música reguee. Y digo nuevamente, porque lo mismo sucedió en 1994 cuando un reconocido cantaautor creyó que nuestro país se podía administrar a las mil maravillas con bongó, clave, guitarra, maracas y güiro.
Cumplo con recordarle a la juventud que la historia se repite en espiral y que decenas de miles de jóvenes quedaron con las flores en la estación hace casi diez años. ¿O no?
Igualmente, quiero recordarle a todos los panameños, niños, jóvenes, adultos y ancianos, que problemas tales como la corrupción, la depresión económica y el desempleo han sido plantados por todos nosotros, pero principalmente por las acciones, a veces criminales y otras alegres e irresponsables, de los que han pretendido gobernar el país para su propio beneficio.
Estas reflexiones, estas preocupaciones, deben formar parte integral de los elementos de juicio que todos debemos analizar concienzudamente para tratar de cumplir con el sagrado deber de escoger a los mejores funcionarios que tengan la voluntad y la capacidad de hacer avanzar la nave del Estado.
Analicemos, meditemos, acerca de todas las promesas que se hacen y que se ha probado hasta ahora que mayormente se incumplen. Esto es nuestro deber y obligación, quizás así le evitemos a Panamá y a sus gentes desórdenes injustificables como los que estamos presenciando en Haití y Venezuela, por ejemplo.
Chávez es producto del latrocinio y corrupción rampante incurrida por la mala práctica democrática de los partidos políticos. La gente se hartó y elevó al poder a un militar golpista dándole una amplia base de apoyo, que le permitió ganar sucesivos referéndum, con los que cambió la estructura institucional del país, empezando por el nombre, el Organo Judicial y la Constitución.
Los expertos hablan de una nación dividida, que no es viable en el estado de postración que provoca esa situación. La Organización de Estados Americanos ha forzado a una salida constitucional de la crisis, dando hasta ahora su respaldo condicionado a Chávez, en el sentido de que debe respetar su propia Constitución.
Es precisamente la Constitución de Chávez la que indica la vía de solución de la crisis. El documento contiene un novedoso mecanismo revocatorio que permitiría deponer al mandatario, si lo exige un cierto número de ciudadanos. En este caso, se requiere de 2.4 millones de firmas para forzar al referendo revocatorio. La oposición reunió unas 3 millones, pero gran parte de las firmas fue anulada, debiendo ahora validar al menos 600 mil de ellas.
No parece haber dificultad alguna para que la oposición venezolana logre conseguir las firmas que faltan. Chávez, a su vez, está bajo el ojo de la OEA y de la influyente Fundación Carter. El referendo luce, para nosotros, inevitable. Y el mandatario, consciente de la situación de las fuerzas antes de la batalla, como buen militar, lo sabe y ha aceptado los términos del Waterloo frente a todos los embajadores extranjeros acreditados en su país: "si consiguen 600 mil firmas habrá referendo y si lo pierdo entregaré el poder", ha dicho. No se hable más, consigan las firmas.
Me aterra pensar que los jóvenes panameños, que son el futuro de la patria, sean nuevamente engañados con música reguee. Y digo nuevamente, porque lo mismo sucedió en 1994 cuando un reconocido cantaautor creyó que nuestro país se podía administrar a las mil maravillas con bongó, clave, guitarra, maracas y güiro.
Cumplo con recordarle a la juventud que la historia se repite en espiral y que decenas de miles de jóvenes quedaron con las flores en la estación hace casi diez años. ¿O no?
Igualmente, quiero recordarle a todos los panameños, niños, jóvenes, adultos y ancianos, que problemas tales como la corrupción, la depresión económica y el desempleo han sido plantados por todos nosotros, pero principalmente por las acciones, a veces criminales y otras alegres e irresponsables, de los que han pretendido gobernar el país para su propio beneficio.
Estas reflexiones, estas preocupaciones, deben formar parte integral de los elementos de juicio que todos debemos analizar concienzudamente para tratar de cumplir con el sagrado deber de escoger a los mejores funcionarios que tengan la voluntad y la capacidad de hacer avanzar la nave del Estado.
Analicemos, meditemos, acerca de todas las promesas que se hacen y que se ha probado hasta ahora que mayormente se incumplen. Esto es nuestro deber y obligación, quizás así le evitemos a Panamá y a sus gentes desórdenes injustificables como los que estamos presenciando en Haití y Venezuela, por ejemplo.