Chávez enredado en su madeja
El frente de resistencia contra los desmanes de Hugo Chávez se fortaleció sobremanera cuando el Tribunal Supremo de Justicia se opuso a sus presiones y absolvió a cuatro militares acusados de participar en los sucesos del cuatro de abril que lo sacaron del poder por unas horas. A partir del fallo en Caracas se han sucedido insólitos episodios protagonizados por las turbas oficialistas, embozadas bajo el membrete profanatorio de " círculos bolivarianos", que vociferan insultos contra los magistrados del Tribunal Supremo.
Pero Chávez, que azuza al lumpen proletariado caraqueño contra los jueces, ha dado un giro a sus presiones anunciando que estudia la posibilidad de recurrir a organismos internacionales - no se sabe si la OEA, o el Tribunal Penal Internacional - para apelar el fallo del Tribunal Supremo de Justicia.
Autoritario por idiosincrasia, vengativo por reacción natural a sus oponentes, Chávez insiste en llevar a cabo una purga en las fuerzas armadas venezolanas, empezando por los cuatro oficiales de alta graduación y continuando por otros mandos y tropas. Contrariando sus propósitos ilegales, los jueces absolvieron a los militares porque no se comprobó que estuvieron conjurados en un golpe de estado. Los militares demostraron que habían actuado en defensa de la institucionalidad democrática el 4 de julio y de la integridad física de los opositores al régimen, oponiéndose a exponerlos a las consecuencias de la represalia armada que ordenó el rencoroso mandatario.
A lo largo del proceso judicial, la opinión pública venezolana e internacional ha conocido detalles de la secuencia de lo que se inició como una manifestación organizada por los trabajadores de la CTV y los empresarios de Fedecámaras y que al ir aumentando in crescendo desembocó en la supuesta renuncia de Chávez y la intervención de los altos mandos militares para encontrar una salida pacífica a la situación creada aquella noche de abril. Obviamente el ordenamiento de los sucesos no corresponde a lo que es un golpe de estado, es decir, un complot previo para organizar el derrocamiento del presidente de la República, con la utilización inconstitucional de las fuerzas armadas. No hubo en rigor una conjura militar y civil para tumbar a Chávez. Lo que aconteció, según se ha probado en tribunales, fue un movimiento popular y democrático de rechazo a un gobernante que ha sumido a la tierra de Bolívar en el teatro de acción de gavillas de maleantes instigados para fechorías tramadas en Miraflores. A lo que teme Chávez es a que los militares regresen a la actividad y no se presten a sus maniobras antidemocráticas. Los tribunales internacionales no se prestarían a respaldar semejantes propósitos.
Pero Chávez, que azuza al lumpen proletariado caraqueño contra los jueces, ha dado un giro a sus presiones anunciando que estudia la posibilidad de recurrir a organismos internacionales - no se sabe si la OEA, o el Tribunal Penal Internacional - para apelar el fallo del Tribunal Supremo de Justicia.
Autoritario por idiosincrasia, vengativo por reacción natural a sus oponentes, Chávez insiste en llevar a cabo una purga en las fuerzas armadas venezolanas, empezando por los cuatro oficiales de alta graduación y continuando por otros mandos y tropas. Contrariando sus propósitos ilegales, los jueces absolvieron a los militares porque no se comprobó que estuvieron conjurados en un golpe de estado. Los militares demostraron que habían actuado en defensa de la institucionalidad democrática el 4 de julio y de la integridad física de los opositores al régimen, oponiéndose a exponerlos a las consecuencias de la represalia armada que ordenó el rencoroso mandatario.
A lo largo del proceso judicial, la opinión pública venezolana e internacional ha conocido detalles de la secuencia de lo que se inició como una manifestación organizada por los trabajadores de la CTV y los empresarios de Fedecámaras y que al ir aumentando in crescendo desembocó en la supuesta renuncia de Chávez y la intervención de los altos mandos militares para encontrar una salida pacífica a la situación creada aquella noche de abril. Obviamente el ordenamiento de los sucesos no corresponde a lo que es un golpe de estado, es decir, un complot previo para organizar el derrocamiento del presidente de la República, con la utilización inconstitucional de las fuerzas armadas. No hubo en rigor una conjura militar y civil para tumbar a Chávez. Lo que aconteció, según se ha probado en tribunales, fue un movimiento popular y democrático de rechazo a un gobernante que ha sumido a la tierra de Bolívar en el teatro de acción de gavillas de maleantes instigados para fechorías tramadas en Miraflores. A lo que teme Chávez es a que los militares regresen a la actividad y no se presten a sus maniobras antidemocráticas. Los tribunales internacionales no se prestarían a respaldar semejantes propósitos.