Chávez, ¿un socialdemócrata mas?
Aunque el gobierno de Chavez se ha concentrado en lo político, dejando las decisiones económicas en segundo plano, poco a poco estas se perfilan. La grave situación heredada de la administración Caldera y el pensamiento de sus principales funcionarios han ayudado a definir lo que podríamos llamar la política económica inicial del chavismo.
Venezuela comenzó 1999 en medio de una profunda recesión disparada por el brusco descenso de los precios petroleros. La dependencia fiscal de los ingresos del crudo hizo que el déficit fiscal previsto fuese de 8% a 9% del PIB, cifra ciertamente inmanejable. La primera reacción del Ejecutivo fue mantener en el cargo a la ministro de Hacienda del gobierno anterior y propuso al Congreso un paquete fiscal destinado a reducir el desequilibrio a la mitad. Una sensación de alivio recorrió los sectores económicos porque tales decisiones descartaban las pavorosas expectativas creadas durante la campaña electoral.
En efecto, usando una fraseología revolucionaria y rodeándose de personajes de visibles tendencias marxistas, el chavismo se había presentado como promotor del cambio radical y potencialmente dictatorial.
Al no confirmarse esas expectativas, los agentes económicos recuperaron en parte la confianza: la Bolsa de Caracas repuntó-, superando una etapa de bajas sucesivas, y el dólar mantuvo un comportamiento bastante estable, dentro de la política de "bandas" de los últimos años. La inflación se ha moderado como resultado de la profunda recesión.
Pero estos elementos se refieren a aspectos superficiales de la situación. Es cierto que Venezuela no se dirige hacia el socialismo, que se están haciendo esfuerzos para controlar el déficit, que al gobierno le preocupa la imagen en el exterior y que no es tan insensato como para asustar deliberadamente las inversiones nacionales y extranjeras.
Pero no hay muchos signos positivos más. Al contrario, casi todas las medidas que se van tomando muestran una actitud que recuerda demasiado a la de nuestro pasado estadista.
Se siguen otorgando aumentos salariales por decreto, se dan créditos preferenciales al sector agrícola, se establecen cuotas de importación para los productos del campo y altos aranceles (332%) para los zapatos y otros bienes, se promete volver a estudiar las reformas todavía no ejecutadas del Seguro Social, se cede ante los gremios de camioneros creando una "aduana seca" entre Venezuela y Colombia con un ineficiente trasbordo obligatorio de mercancías, se insiste en atención medica y educación universitaria gratuita para todos. El estado aparece en el centro de la econom"a, como en los tiempos de la famosa "planificación del desarrollo", mientras que las privatizaciones importantes no parece que vayan a ejecutarse pronto.
El gobierno de Chavez, en su estilo y en sus primeras medidas económicas, se muestra muy similar a lo que en Venezuela llamamos un gobierno "adeco".
El termino proviene de Acción Democrática, el partido socialdemócrata que mas contribuye a crear el régimen fuertemente intervencionista que se consolida en los años 60 y se caracterizó- por el proteccionismo, las regulaciones y los controles, la proliferación de empresas públicas y el desbordamiento del estado que fomentó- la corrupción y culminó con el retroceso del nivel de vida a los años 50.
Nada nuevo parece ofrecernos el chavismo sino en esencia la misma receta, que por cierto ya ha fracasado de un modo lamentable y evidente no sólo en Venezuela sino en toda la América Latina.
Es paradójico pero Hugo Chavez, enemigo jurado del "viejo sistema" y de sus principales exponentes, los vilipendiados adecos, se encuentran hoy transitando por el mismo camino que ellos abrieron, continuando las mismas políticas fracasadas y responsables del estancamiento venezolano de las ultimas décadas.
Esperemos que el comandante comprenda a tiempo que a nada bueno puede conducir la repetición de los errores del pasado y que la superación del sistema anterior no se refiere solamente a lo político sino que obliga a la realización de profundas reformas capaces de lograr la apertura de la economía venezolana.
Venezuela comenzó 1999 en medio de una profunda recesión disparada por el brusco descenso de los precios petroleros. La dependencia fiscal de los ingresos del crudo hizo que el déficit fiscal previsto fuese de 8% a 9% del PIB, cifra ciertamente inmanejable. La primera reacción del Ejecutivo fue mantener en el cargo a la ministro de Hacienda del gobierno anterior y propuso al Congreso un paquete fiscal destinado a reducir el desequilibrio a la mitad. Una sensación de alivio recorrió los sectores económicos porque tales decisiones descartaban las pavorosas expectativas creadas durante la campaña electoral.
En efecto, usando una fraseología revolucionaria y rodeándose de personajes de visibles tendencias marxistas, el chavismo se había presentado como promotor del cambio radical y potencialmente dictatorial.
Al no confirmarse esas expectativas, los agentes económicos recuperaron en parte la confianza: la Bolsa de Caracas repuntó-, superando una etapa de bajas sucesivas, y el dólar mantuvo un comportamiento bastante estable, dentro de la política de "bandas" de los últimos años. La inflación se ha moderado como resultado de la profunda recesión.
Pero estos elementos se refieren a aspectos superficiales de la situación. Es cierto que Venezuela no se dirige hacia el socialismo, que se están haciendo esfuerzos para controlar el déficit, que al gobierno le preocupa la imagen en el exterior y que no es tan insensato como para asustar deliberadamente las inversiones nacionales y extranjeras.
Pero no hay muchos signos positivos más. Al contrario, casi todas las medidas que se van tomando muestran una actitud que recuerda demasiado a la de nuestro pasado estadista.
Se siguen otorgando aumentos salariales por decreto, se dan créditos preferenciales al sector agrícola, se establecen cuotas de importación para los productos del campo y altos aranceles (332%) para los zapatos y otros bienes, se promete volver a estudiar las reformas todavía no ejecutadas del Seguro Social, se cede ante los gremios de camioneros creando una "aduana seca" entre Venezuela y Colombia con un ineficiente trasbordo obligatorio de mercancías, se insiste en atención medica y educación universitaria gratuita para todos. El estado aparece en el centro de la econom"a, como en los tiempos de la famosa "planificación del desarrollo", mientras que las privatizaciones importantes no parece que vayan a ejecutarse pronto.
El gobierno de Chavez, en su estilo y en sus primeras medidas económicas, se muestra muy similar a lo que en Venezuela llamamos un gobierno "adeco".
El termino proviene de Acción Democrática, el partido socialdemócrata que mas contribuye a crear el régimen fuertemente intervencionista que se consolida en los años 60 y se caracterizó- por el proteccionismo, las regulaciones y los controles, la proliferación de empresas públicas y el desbordamiento del estado que fomentó- la corrupción y culminó con el retroceso del nivel de vida a los años 50.
Nada nuevo parece ofrecernos el chavismo sino en esencia la misma receta, que por cierto ya ha fracasado de un modo lamentable y evidente no sólo en Venezuela sino en toda la América Latina.
Es paradójico pero Hugo Chavez, enemigo jurado del "viejo sistema" y de sus principales exponentes, los vilipendiados adecos, se encuentran hoy transitando por el mismo camino que ellos abrieron, continuando las mismas políticas fracasadas y responsables del estancamiento venezolano de las ultimas décadas.
Esperemos que el comandante comprenda a tiempo que a nada bueno puede conducir la repetición de los errores del pasado y que la superación del sistema anterior no se refiere solamente a lo político sino que obliga a la realización de profundas reformas capaces de lograr la apertura de la economía venezolana.