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Chávez y la guerra


H ugo Chávez ha tenido en vilo a la región desde octubre pasado cuando el gobierno colombiano le retiró el beneplácito de mediador en el canje humanitario entre secuestrados por las FARC y guerrilleros detenidos. Nadie ignora el lenguaje agresivo, rayano en el atrevimiento y el desconocimiento de cualquier trato diplomático lanzado por Caracas contra Bogotá. Contra el presidente Álvaro Uribe, Hugo Chávez ha sido ofensivo; mientras que el Palacio de Nariño ha rechazado decente y firmemente sus alaridos.

Ahora resulta que es Colombia quien, de acuerdo con el protagónico y exaltado Chávez, la que estaría conspirando para lanzar una guerra contra Venezuela. Conocido su interés por conformar una fuerza multinacional para enfrentar a EE.UU., la acusación de Chávez parece más un argumento para sustentar su propuesta regional militarista que a un intento serio de Bogotá. Panamá América ha advertido con anterioridad que Chávez desarrollaba una premeditada campaña de provocaciones con el fin de sumir a la región en un conflicto armado.

Con su afán de parecerse a Bolívar, Chávez parece soñar con una guerra regional para cambiar el estatus de América. Loca e irresponsable idea que, por lo menos, el presidente de Ecuador se ha atrevido a rechazar. Chávez cree que puede arrastrar a la regional en su locura, ignorando que aunque puedan simpatizar con algunos de sus planteamientos, no son todos los mandatarios los que están dispuestos a sumir a sus países en los horrores de una guerra. Su irresponsabilidad halla caldo en el silencio de las demás naciones, e interpreta, convenientemente, ese silencio como aprobación, y así mismo a los que callan bajo la excusa de "ignorar al loco"; claro, hasta que estalle la locura. Es una historia que parece conocida.

101 años de Panamá América

 
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