"Cheerleaders" de nuestra política
Durante las últimas dos semanas me he sentido bastante apático, hasta el punto que no he mantenido el ritmo de mis escritos. Hay temas tan interesantes sobre los cuales se puede escribir: EU vs. Irak, más los países que se agregarían o no. El problema de nuestros hermanos colombianos que amenaza muy seriamente conque la "guerra" entre colombianos incursione todavía más en Panamá. Lo único que voy a comentar es que yo soy de los que están convencidos que Panamá nunca perteneció a Colombia, sino a la Gran Colombia que soñó Bolívar. Pero eso es una nimiedad ante el sufrimiento de tantos hermanos colombianos a través de una guerra fratricida que llega a los cuatro decenios sin señales de disminuir ni cesar.
Y yo, como panameño, creo en el sueño de Bolívar y me preocupo por los sufrimientos de nuestro país vecino, más aún, de cualquier país del globo terráqueo. Hasta por Corea del Norte.
Trato de circunscribirme a los problemas panameños porque es casi nulo el poder y la influencia que tiene nuestro diminuto Istmo, aunque respaldo todo lo que podamos hacer en el ámbito universal para construir una paz duradera. De modo que escribo más bien sobre las beldades de nuestra anticipadísima campaña presidencial de 2004, ya que mucho está en juego para los panameños de hoy y todavía más para nuestras futuras generaciones.
Debo expresar sin tapujos que percibo una posibilidad de tratar de "influir" en el resultado de los futuros comicios. En varias ocasiones he advertido a la señora presidenta de que debe actuar de manera que no quepa la menor duda de que ella piensa presidir unas elecciones puras.
Sin embargo, sus actuaciones hasta ahora me tienen inquieto. Su intromisión, excesiva y quizás digitalizada, como presidenta del Partido Arnulfista, la catalogo como megalómana porque percibo que quiere seguir mandando después que deje el solio presidencial. Sus palabras y actos los ejecuta tanto cuando preside una ceremonia u acto oficial, como cuando está "fuera de sus horas normales de trabajo".
De esta impresión es que surgió el título de este escrito. Mireya está actuando como "cheerleader" (traduzco esto como "porrista") toda vez que se trata de proselitismo del partido político que preside. Y no le veo a esto diferencia al trepa que sube que existe en el MOLIRENA, al punto que acaba de reportarse que al culminar un proceso de elección de este partido en La Chorrera, la Secretaria de Organización calificó de irrespetuoso a un fulano y lo retó a salir a la calle. Debo asumir que su propósito era irse a las manos con el fulano. (Ver El Panamá América, 11/2/03, pág. 4). Nadie puede adivinar quién habría salido victorioso. No me refiero al proceso sino a la pelea a puños. Tremendos porristas.
Y como el "eje del mal" está compuesto por arnulfistas y perredistas a quienes muchos ahora consideran gemelos (admito que fui uno de los primeros en llamarlos "siameses", quizás incorrectamente, ya que no pretendo ser lingüista), también me llamó poderosamente la atención que entre las reformas constitucionales que propone Titi Alvarado, junto con sus asesores perredistas, está la de otorgar inmunidad por cinco años después de concluido el mandato de nuestros presidentes. Esto parece un calco de los reglamentos del Parlamento Centroamericano, el cual ha estado en la mira creo que por uno de nuestros ex presidentes y Arnoldo Alemán.
De tal forma que nuestra nueva constitución terminaría con por lo menos un aspecto gemelo del citado Parlamento. En fin, todo el guacho anterior es para urgir a los panameños que se mantengan vigilantes para que las próximas elecciones sean transparentes (uso esta palabra, aunque se haya demostrado que pocos le tienen respeto). Y adiciono mi opinión que debemos buscar una alternativa al "eje del mal".
Y no olvidemos, nadie es perfecto, y esta alternativa tampoco lo será, pero creo que si trata de inmunizarse, lo más posible, de las proclividades del "eje del mal" podría constituir un firme paso hacia el refinamiento de nuestro sistema político, que de democrático tiene muy, pero muy, poco.
Y yo, como panameño, creo en el sueño de Bolívar y me preocupo por los sufrimientos de nuestro país vecino, más aún, de cualquier país del globo terráqueo. Hasta por Corea del Norte.
Trato de circunscribirme a los problemas panameños porque es casi nulo el poder y la influencia que tiene nuestro diminuto Istmo, aunque respaldo todo lo que podamos hacer en el ámbito universal para construir una paz duradera. De modo que escribo más bien sobre las beldades de nuestra anticipadísima campaña presidencial de 2004, ya que mucho está en juego para los panameños de hoy y todavía más para nuestras futuras generaciones.
Debo expresar sin tapujos que percibo una posibilidad de tratar de "influir" en el resultado de los futuros comicios. En varias ocasiones he advertido a la señora presidenta de que debe actuar de manera que no quepa la menor duda de que ella piensa presidir unas elecciones puras.
Sin embargo, sus actuaciones hasta ahora me tienen inquieto. Su intromisión, excesiva y quizás digitalizada, como presidenta del Partido Arnulfista, la catalogo como megalómana porque percibo que quiere seguir mandando después que deje el solio presidencial. Sus palabras y actos los ejecuta tanto cuando preside una ceremonia u acto oficial, como cuando está "fuera de sus horas normales de trabajo".
De esta impresión es que surgió el título de este escrito. Mireya está actuando como "cheerleader" (traduzco esto como "porrista") toda vez que se trata de proselitismo del partido político que preside. Y no le veo a esto diferencia al trepa que sube que existe en el MOLIRENA, al punto que acaba de reportarse que al culminar un proceso de elección de este partido en La Chorrera, la Secretaria de Organización calificó de irrespetuoso a un fulano y lo retó a salir a la calle. Debo asumir que su propósito era irse a las manos con el fulano. (Ver El Panamá América, 11/2/03, pág. 4). Nadie puede adivinar quién habría salido victorioso. No me refiero al proceso sino a la pelea a puños. Tremendos porristas.
Y como el "eje del mal" está compuesto por arnulfistas y perredistas a quienes muchos ahora consideran gemelos (admito que fui uno de los primeros en llamarlos "siameses", quizás incorrectamente, ya que no pretendo ser lingüista), también me llamó poderosamente la atención que entre las reformas constitucionales que propone Titi Alvarado, junto con sus asesores perredistas, está la de otorgar inmunidad por cinco años después de concluido el mandato de nuestros presidentes. Esto parece un calco de los reglamentos del Parlamento Centroamericano, el cual ha estado en la mira creo que por uno de nuestros ex presidentes y Arnoldo Alemán.
De tal forma que nuestra nueva constitución terminaría con por lo menos un aspecto gemelo del citado Parlamento. En fin, todo el guacho anterior es para urgir a los panameños que se mantengan vigilantes para que las próximas elecciones sean transparentes (uso esta palabra, aunque se haya demostrado que pocos le tienen respeto). Y adiciono mi opinión que debemos buscar una alternativa al "eje del mal".
Y no olvidemos, nadie es perfecto, y esta alternativa tampoco lo será, pero creo que si trata de inmunizarse, lo más posible, de las proclividades del "eje del mal" podría constituir un firme paso hacia el refinamiento de nuestro sistema político, que de democrático tiene muy, pero muy, poco.