Chile, hora cero
Las encuestas otorgan un virtual empate entre los candidatos del oficialismo centrista, Ricardo Lagos y del derechista y ex colaborador del ex general Augusto Pinochet, Joaquín Lavín, cuando faltan unos pocos días para los comicios presidenciales chilenos, mientras los candidatos de los partidos minoritarios crecen en la intención del voto popular, de los 8 millones con derecho a sufragio.
Una de las más viejas y tradicionales democracias-la chilena- pondrá a prueba el sentido común del electorado, que deberá decidir entre la continuación del actual gobierno de la Concertación, con 10 años en el poder desde que el régimen castrense fue derrotado en las urnas, y el retorno de la derecha conservadora, que no gobierna el país por la vía democrática desde 1958, y que cogobernó con los militares durante 17 años, en medio de la más sangrienta dictadura de la historia de Chile.
Lagos, un experimentado y exitoso político, cuenta con el apoyo de una amplia coalición de partidos de centroizquierda y era el virtual ganador hasta hace unos meses, pero la recesión de 11 meses que ya llega a su fin, la sombra de Pinochet en Londres, el populismo de Lavín y el desencanto de un sector popular, le mantienen en disputa con el candidato de Renovación Nacional Unión Democrática.
Lavín, alcalde de la rica comuna de Las Condes y hombre comprometido con Pinochet, ha utilizado dos estrategias exitosas en su marketing: alejarse lo más posible del ex General y desarrollar un programa populista, creando ilusión y expectativa en el electorado que desea un cambio.
Entre temblores reales de la naturaleza, desplantes castrenses, edición de libros con revelaciones para la historia del senador vitalicio y confrontación de la sociedad civil, por el juicio que espera en España al ex dictador, estas elecciones chilenas prometen estar llenas de suspenso, porque muchos apuestan a una segunda ronda, que se realizaría el 16 de enero próximo, si ninguno de los dos candidatos obtiene el 50 por ciento más uno.
La sorpresa está en los llamados partidos chicos, Humanista, Comunista y Verdes, a quienes nadie les da la más mínima oportunidad frente a los dos grandes bloques, porque podrían tener una votación más significativa de lo esperado.
El fantasma de la dictadura, que comenzó a desempolvarse con la detención de Pinochet en Londres hace 13 meses, impregna las elecciones presidenciales, y ha llevado al propio presidente Eduardo Frei a pronunciarse más allá de las fronteras cuando resume la situación en América latina respecto de las dictaduras y el castigo a los militares. En Brasil, dijo, se desentendieron del tema, Uruguay hizo un plebiscito, Argentina recurrió a algunos juicios y la ley de punto final, en España borrón y cuenta nueva y Europa del Este, lo mismo. En Francia es conocido "el cuento de la resistencia" y Austria, su complicidad con el nazismo.
Ello no exime a la dictadura, cuyo saldo dado a conocer por la prensa chilena, más allá de los miles de muertos y desaparecidos, se resume en 500 mil torturados, y que 31 mil 597 personas, entre ellos más de mil mapuches (indígenas), tuvieron que recurrir al cambio de nombre, para evitar la discriminación y represión.
La palabra Pinochet, cuenta la prensa, está prohibida en Isla Negra, la patria chica de Pablo Neruda, así como en las barriadas marginales de Santiago, la capital.
Sin embargo, entre un 25 y un 30 por ciento de la población apoya al ex General, al que le llama tata, caballero, mientras el resto mayoritario le dice perro o asesino, aunque algunos prefieren ignorarlo.
Las elecciones presidenciales chilenas están en tierra derecha, y una de las propuestas esenciales,-quizás la más interesante de Ricardo Lagos- es incluir a los excluidos, que a pesar de la bonanza de la economía, el mercado les ha sido hostil.
Administrar las fuerzas insolidarias del mercado, dirigirlas en cierta manera y medida, no dejar que castiguen con la vehemencia del capitalismo salvaje a los menos favorecidos, abrir el baúl de las oportunidades, reencantar la Nación con propuestas para ser cumplidas en Educación, Salud y Empleo, la trinidad del fin de milenio y del siglo entrante.
Hay consenso en que Lagos tiene el liderazgo, conocimiento, la experiencia y la voluntad de poner en marcha reformas urgentes, necesarias e impostergables para hacer más funcional y participativa la democracia tutelada, aun por los militares.
La expectativa internacional es grande sobre Chile, país laboratorio de la política y los cambios sociales en el presente siglo latinoamericano, el más largo y angosto del mundo, aislado por la Cordillera de los Andes y el desierto de Atacama de 600 kilómetros de extensión, y comunicado al mundo por el Océano Pacífico y su pujante comercio exterior.
El narrador mexicano, Carlos Fuentes, quien estudió parte de su secundaria en Chile, y lo considera su segunda patria, ha dicho que al electorado chileno dueño de la tradición democrática más firme y antigua de Latinoamérica, le corresponde juzgar con serenidad qué clase de país quiere para el nuevo siglo y con qué realidades quieren construir el país.
De todas maneras, este tres de diciembre sabremos el estado real de la salud del ex general Pinochet, y si retorna a Chile en medio de las elecciones, donde le esperan 54 demandas, o permanece en Gran Bretaña.
Una de las más viejas y tradicionales democracias-la chilena- pondrá a prueba el sentido común del electorado, que deberá decidir entre la continuación del actual gobierno de la Concertación, con 10 años en el poder desde que el régimen castrense fue derrotado en las urnas, y el retorno de la derecha conservadora, que no gobierna el país por la vía democrática desde 1958, y que cogobernó con los militares durante 17 años, en medio de la más sangrienta dictadura de la historia de Chile.
Lagos, un experimentado y exitoso político, cuenta con el apoyo de una amplia coalición de partidos de centroizquierda y era el virtual ganador hasta hace unos meses, pero la recesión de 11 meses que ya llega a su fin, la sombra de Pinochet en Londres, el populismo de Lavín y el desencanto de un sector popular, le mantienen en disputa con el candidato de Renovación Nacional Unión Democrática.
Lavín, alcalde de la rica comuna de Las Condes y hombre comprometido con Pinochet, ha utilizado dos estrategias exitosas en su marketing: alejarse lo más posible del ex General y desarrollar un programa populista, creando ilusión y expectativa en el electorado que desea un cambio.
Entre temblores reales de la naturaleza, desplantes castrenses, edición de libros con revelaciones para la historia del senador vitalicio y confrontación de la sociedad civil, por el juicio que espera en España al ex dictador, estas elecciones chilenas prometen estar llenas de suspenso, porque muchos apuestan a una segunda ronda, que se realizaría el 16 de enero próximo, si ninguno de los dos candidatos obtiene el 50 por ciento más uno.
La sorpresa está en los llamados partidos chicos, Humanista, Comunista y Verdes, a quienes nadie les da la más mínima oportunidad frente a los dos grandes bloques, porque podrían tener una votación más significativa de lo esperado.
El fantasma de la dictadura, que comenzó a desempolvarse con la detención de Pinochet en Londres hace 13 meses, impregna las elecciones presidenciales, y ha llevado al propio presidente Eduardo Frei a pronunciarse más allá de las fronteras cuando resume la situación en América latina respecto de las dictaduras y el castigo a los militares. En Brasil, dijo, se desentendieron del tema, Uruguay hizo un plebiscito, Argentina recurrió a algunos juicios y la ley de punto final, en España borrón y cuenta nueva y Europa del Este, lo mismo. En Francia es conocido "el cuento de la resistencia" y Austria, su complicidad con el nazismo.
Ello no exime a la dictadura, cuyo saldo dado a conocer por la prensa chilena, más allá de los miles de muertos y desaparecidos, se resume en 500 mil torturados, y que 31 mil 597 personas, entre ellos más de mil mapuches (indígenas), tuvieron que recurrir al cambio de nombre, para evitar la discriminación y represión.
La palabra Pinochet, cuenta la prensa, está prohibida en Isla Negra, la patria chica de Pablo Neruda, así como en las barriadas marginales de Santiago, la capital.
Sin embargo, entre un 25 y un 30 por ciento de la población apoya al ex General, al que le llama tata, caballero, mientras el resto mayoritario le dice perro o asesino, aunque algunos prefieren ignorarlo.
Las elecciones presidenciales chilenas están en tierra derecha, y una de las propuestas esenciales,-quizás la más interesante de Ricardo Lagos- es incluir a los excluidos, que a pesar de la bonanza de la economía, el mercado les ha sido hostil.
Administrar las fuerzas insolidarias del mercado, dirigirlas en cierta manera y medida, no dejar que castiguen con la vehemencia del capitalismo salvaje a los menos favorecidos, abrir el baúl de las oportunidades, reencantar la Nación con propuestas para ser cumplidas en Educación, Salud y Empleo, la trinidad del fin de milenio y del siglo entrante.
Hay consenso en que Lagos tiene el liderazgo, conocimiento, la experiencia y la voluntad de poner en marcha reformas urgentes, necesarias e impostergables para hacer más funcional y participativa la democracia tutelada, aun por los militares.
La expectativa internacional es grande sobre Chile, país laboratorio de la política y los cambios sociales en el presente siglo latinoamericano, el más largo y angosto del mundo, aislado por la Cordillera de los Andes y el desierto de Atacama de 600 kilómetros de extensión, y comunicado al mundo por el Océano Pacífico y su pujante comercio exterior.
El narrador mexicano, Carlos Fuentes, quien estudió parte de su secundaria en Chile, y lo considera su segunda patria, ha dicho que al electorado chileno dueño de la tradición democrática más firme y antigua de Latinoamérica, le corresponde juzgar con serenidad qué clase de país quiere para el nuevo siglo y con qué realidades quieren construir el país.
De todas maneras, este tres de diciembre sabremos el estado real de la salud del ex general Pinochet, y si retorna a Chile en medio de las elecciones, donde le esperan 54 demandas, o permanece en Gran Bretaña.