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Chillen, que están cogíos…


El anuncio de un Acuerdo entre Martinelli y Varela para consolidar una alianza de oposición arrolladora, ha causado preocupación inevitable entre la dirigencia del partido oficialista, que rezaba porque no se lograra esa unión, y que se mantuviera la división que les permitió llegar al poder.

La propia candidata pregonaba que había que mantenerse gobernando. Era necesario el continuismo, pese a una inseguridad incontrolada, y a las denuncias de actos de corrupción, al vandalismo en las escuelas, la falta de medicamentos en Centros de Salud, el desorden del transporte, el acelerado pago de indemnizaciones privilegiadas, una educación sin rumbo y un gobernante viajero, aislado de todo, hasta de los candidatos de su partido que lo han identificado como no amigo. Tenían la esperanza de que se mantuviera el grupo político opositor, sin entendimientos, y hasta alentaban la división como carta de triunfo.

Cuando empezaron las conversaciones, salieron los voceros de la candidata a recriminar ellos las presuntas ofensas de Martinelli y los calificativos, que en política suelen ser innecesarios , pero que surgen al calor de las pasiones, aún cuando en realidad no puede decirse que es la apreciación personal de unos y otros. Pasadas las refriegas políticas, declarados los ganadores y aceptadas las derrotas, los panameños reanudan su forma de vida habitual y forman una sola familia nacional.

Por ello resulta de interés que haya sido el PRD, con sus voceros de la dirigencia partidaria, quienes se sienten heridos por la alianza. Salen a descalificar sin fundamento, cuando a ellos, que sienten el triunfo en las narices, no debe preocuparles sino alcanzarlo con votos en las urnas, como decía antes su candidata.

Suena a derrota la actitud asumida desde la cúpula, que exhibe un pánico y percibe lo que todos en ese partido saben. Van a perder. La gritería que han formado una vez anunciada la alianza es fruto de la desesperación ante la imposibilidad de ocultar el desastre de una administración, que al rendir cuentas, no tendrán suficientes argumentos para justificar la dilapidación de dineros en contratos incumplidos, escuelas ranchos costosas, carreteras y caminos no construidos y pagados, acueductos ineficaces, una educación colapsada etc., la salud desatendida y otros males que forman una lista interminable.

Por eso se les oye gritar, porque se sienten derrotados, Ellos son los más convencidos de que sus propios inscritos, no votarán con la candidata y que las fisuras creadas por Navarro, no se eliminan con su aceptación de segundo, porque hasta allí llegó su carrera. Pueden gritar todo lo que deseen. Ocupar los medios de opinión televisivos y enviar mensajeros a todas las emisoras a repetir el mismo llanto. Por su parte, los de la alianza opositora van a seguir sumando adherentes, porque el asunto no es hablar de propuestas, sin sustentarlas. Ya el PRD solo tiene un camino. Negar todo, acusar, desmentir, disfrazar la verdad y finalmente seguir gritando para llamar la atención.

101 años de Panamá América

 
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