China: atraso, mezquindad y miopía
Catedrático y escritor
Es indispensable reconocer la realidad tal y como ella existe: la República Popular China es uno de los países con mayores índices de crecimiento económico del mundo y, también, es uno de los mayores usuarios del Canal y puede ser uno de los mayores socios comerciales de Panamá. Además, la República Popular China es una potencia diplomática con gran presencia en los organismos internacionales. Por lo tanto, tiene mucho sentido ampliar y diversificar las relaciones económicas, comerciales y financieras con ese país, y carece de sentido prolongar cualquier política que estreche o limite estas relaciones.
La manera de ampliarlas es normalizando las relaciones diplomáticas, tal y como ya lo hizo la inmensa mayoría de los demás países del mundo. De hecho, la falta de esas relaciones con la República Popular China es una demostración del atraso panameño. Recibir como Jefe de Estado al gobernante de la isla de Taiwan -un país diplomáticamente muy aislado- será otra muestra de dicho atraso y, además, una equivocación que lo prolonga, puesto que a mediano y largo plazo perjudicará tanto al crecimiento económico panameño como a la capacidad panameña de negociación. Eso equivale a limitar nuestra economía de mañana a cambio de unas limosnas para el día de hoy.
Haber visitado oficialmente Taipei y ahora recibir en Panamá, en pago de reciprocidad, al gobernante de ese territorio, constituye una demostración emblemática de ese atraso, que los actuales responsables de la política exterior panameña siguen cultivando con avidez. Una avidez cuya sustancia ya todos conocemos, pero que es la peor consejera, puesto que no vela por los intereses históricos de nuestro país, sino todo lo contrario: los somete a un inmediatismo miope y mezquino.
Las circunstancias que en el pasado motivaron que Panamá alargara su reconocimiento diplomático a Taiwan son, precisamente, cuestión del pasado. Si el Gobierno Nacional de verdad se interesa en impulsar el desarrollo económico de nuestro país, y en tener una política exterior propia de la época contemporánea, lo que debe hacer es establecer relaciones diplomáticas plenas con la República Popular China. Ello no impedirá mantener una buena oficina comercial en Taiwan, como hace la inmensa mayoría de los demás países. Esto sería suficiente para continuar aprovechando nuestras actuales relaciones comerciales con esa isla, sin privarnos de desarrollar otras bastante más ventajosas con la China continental.
Por consiguiente, el mejor uso que puede dársele a la venidera visita del gobernador de la isla de Taiwan es el de otorgarle el valor de una despedida: confiar que este será, definitivamente, el último error de su género.