Chorrilleros reviven trauma de la invasión
Los chorrilleros volvieron a revivir los trágicos recuerdos de la invasión de 1989, pero esta vez sin el ruido de balas y bombas. Saqueos, pérdidas económicas, tristeza e incertidumbre son los fantasmas de la invasión que volvieron a afectar a los chorrilleros tras la clausura de la terminal de buses.
Escenas parecidas al saqueo de la invasión de 1989 se observaban ayer entre las ruinas y escombros de la terminal: zapatos, mercancías secas de las tiendas y ropas se confundían con la basura y aguas negras.
Piedreros y delincuentes buscaban artículos de valor de las ruinas.
Mientras que pequeños comerciantes juntos con sus hijos trataban de salvar lo que podían y arrancaban de sus locales todas las mejoras que habían realizado en sus locales.
Lavamanos, tinas, azulejos, luces, mostradores y máquinas eran sacadas por sus propietarios.
Las carretillas de ventas de verduras estaban desmanteladas y sus maderas tiradas por doquier.
Mientras que funcionarios del Municipio de Panamá también recogían bienes y ayudaban a desmantelar la terminal.
"Yo trabajé en la construcción de esta terminal hace cuatro años y ahora trabajó en su desmantelamiento", comentó Senit Lastra Rodríguez, un soldador que ayudaba en los trabajos.
"Esto ha vuelto a recordarnos el trauma de la invasión, pero yo creo que ahora crecerá más la delincuencia porque no hay trabajo", agregó Rodríguez.
Los saqueos registrados en varios locales se efectuaron a pesar de la gran cantidad de miembros de la Policía Nacional y de la Policía Municipal que custodiaban el área.
Era un panorama desolador: el ruido y bullicio de los autobuses y pasajeros que otrora invadían la terminal era sustituido por los golpes de los martillos de trabajadores que desmantelaban los locales.
Aunque no hubo violencia en el desalojo, los chorrilleros han perdido miles de balboas por la clausura de la terminal y lo peor aún, los invade la incertidumbre económica porque han perdido la fuente de sustento.
Unas 500 personas tenían negocios en esta terminal y circulaba una fuerte economía informal. Sólo 40 locales eran autorizados por el Municipio de Panamá. Los ubicados adelante pagaban B/.2.00 diarios y los de atrás B/.5.00 como arrendamiento.
No obstante, ciento de personas se peleaban un espacio para colocar la venta de productos como chichas, pixbaes, bollos, dulce, pastelitos, periódicos y la buhonería en general.
Erasmo Ayarza, quien vendía periódicos en la terminal clausurada, indicó que ganaba hasta B/.15.00 diarios, pero ahora sólo logra B/.7.00 de ganancias en un puesto en el antiguo Teatro Ancón.
El "canillita" advirtió que cinco personas dependen de su trabajo.
Ayarza manifestó que intentó ingresar en bicicletas para vender periódicos en la Gran Terminal de Albrook, pero no se lo permitieron.
Luis Riverón, tenía un puesto de reparación de zapatos. Ganaba B/120.00 por semana. Cinco nietos dependían de ese ingreso.
El zapatero aseguró que no sabe a donde ir y que está buscando un lugar en Calidonia, pero le quieren cobrar hasta B/.500 por arrendamiento.
Luis Iván Sousa, tenía un puesto de fotocopiadoras. Por semana ganaba B/.75.00, pero ahora no tiene trabajo.
Indicó que los comerciantes de la terminal se han fragmentado en varios grupos y cada uno lucha por separado, lo que debilita sus demandas.
Un asiático del mini super "La Piquera" denunció que perdió entre B/. 5mil y B/. 10 mil en la inversión que tenían, incluyendo mercancías.
El "chinito" daba trabajo a cuatro personas, que han quedado desempleadas.
Indicó que busca otro lugar donde colocar su negocio, pero aún no sabe donde.
Los negocios que se habían colocado alrededor de la terminal también sufren pérdidas económicas por la disminución de público.
La piquera de taxis "Mártires del 20 de Diciembre", ha visto reducido su clientela en más de 80%, dijo uno de sus propietarios.
Dueños de kioscos, tiendas y mini super que están alrededor manifestaron que lo más seguro es que cerrarán sus puertas.
Un grupo de mujeres del barrio que se encontraban observando manifestaron que compraban sus verduras sin tener que ir muy lejos, pero comentaron que ahora el barrio ha perdido hasta parte de su característica, el ruido.
Protestaron porque también la ruta de los buses regulares no pasa por las calles del barrio por lo que los usuarios tienen que caminar hasta Avenida A, donde circulan los autobuses.
Mientras que el director de Auditoría Interna del Municipio de Panamá, Alberto Salazar, explicó que funcionarios de la institución realizaron una auditoría de todos los bienes ubicados en la terminal y procedió a llevárselos para custodiarlos.
Manifestó que el municipio procederá a entregarles los bienes a las personas que reclamen sus propiedades.
El resto de los bienes de la terminal serán utilizados para las obras sociales que realiza la alcaldía, agregó.
Salazar apuntó que aún se desconoce que proyecto se va realizar en la antigua terminal, pero que hasta ahora se menciona la construcción de un parque recreativo o de un complejo habitacional.
Escenas parecidas al saqueo de la invasión de 1989 se observaban ayer entre las ruinas y escombros de la terminal: zapatos, mercancías secas de las tiendas y ropas se confundían con la basura y aguas negras.
Piedreros y delincuentes buscaban artículos de valor de las ruinas.
Mientras que pequeños comerciantes juntos con sus hijos trataban de salvar lo que podían y arrancaban de sus locales todas las mejoras que habían realizado en sus locales.
Lavamanos, tinas, azulejos, luces, mostradores y máquinas eran sacadas por sus propietarios.
Las carretillas de ventas de verduras estaban desmanteladas y sus maderas tiradas por doquier.
Mientras que funcionarios del Municipio de Panamá también recogían bienes y ayudaban a desmantelar la terminal.
"Yo trabajé en la construcción de esta terminal hace cuatro años y ahora trabajó en su desmantelamiento", comentó Senit Lastra Rodríguez, un soldador que ayudaba en los trabajos.
"Esto ha vuelto a recordarnos el trauma de la invasión, pero yo creo que ahora crecerá más la delincuencia porque no hay trabajo", agregó Rodríguez.
Los saqueos registrados en varios locales se efectuaron a pesar de la gran cantidad de miembros de la Policía Nacional y de la Policía Municipal que custodiaban el área.
Era un panorama desolador: el ruido y bullicio de los autobuses y pasajeros que otrora invadían la terminal era sustituido por los golpes de los martillos de trabajadores que desmantelaban los locales.
Aunque no hubo violencia en el desalojo, los chorrilleros han perdido miles de balboas por la clausura de la terminal y lo peor aún, los invade la incertidumbre económica porque han perdido la fuente de sustento.
Unas 500 personas tenían negocios en esta terminal y circulaba una fuerte economía informal. Sólo 40 locales eran autorizados por el Municipio de Panamá. Los ubicados adelante pagaban B/.2.00 diarios y los de atrás B/.5.00 como arrendamiento.
No obstante, ciento de personas se peleaban un espacio para colocar la venta de productos como chichas, pixbaes, bollos, dulce, pastelitos, periódicos y la buhonería en general.
Erasmo Ayarza, quien vendía periódicos en la terminal clausurada, indicó que ganaba hasta B/.15.00 diarios, pero ahora sólo logra B/.7.00 de ganancias en un puesto en el antiguo Teatro Ancón.
El "canillita" advirtió que cinco personas dependen de su trabajo.
Ayarza manifestó que intentó ingresar en bicicletas para vender periódicos en la Gran Terminal de Albrook, pero no se lo permitieron.
Luis Riverón, tenía un puesto de reparación de zapatos. Ganaba B/120.00 por semana. Cinco nietos dependían de ese ingreso.
El zapatero aseguró que no sabe a donde ir y que está buscando un lugar en Calidonia, pero le quieren cobrar hasta B/.500 por arrendamiento.
Luis Iván Sousa, tenía un puesto de fotocopiadoras. Por semana ganaba B/.75.00, pero ahora no tiene trabajo.
Indicó que los comerciantes de la terminal se han fragmentado en varios grupos y cada uno lucha por separado, lo que debilita sus demandas.
Un asiático del mini super "La Piquera" denunció que perdió entre B/. 5mil y B/. 10 mil en la inversión que tenían, incluyendo mercancías.
El "chinito" daba trabajo a cuatro personas, que han quedado desempleadas.
Indicó que busca otro lugar donde colocar su negocio, pero aún no sabe donde.
Los negocios que se habían colocado alrededor de la terminal también sufren pérdidas económicas por la disminución de público.
La piquera de taxis "Mártires del 20 de Diciembre", ha visto reducido su clientela en más de 80%, dijo uno de sus propietarios.
Dueños de kioscos, tiendas y mini super que están alrededor manifestaron que lo más seguro es que cerrarán sus puertas.
Un grupo de mujeres del barrio que se encontraban observando manifestaron que compraban sus verduras sin tener que ir muy lejos, pero comentaron que ahora el barrio ha perdido hasta parte de su característica, el ruido.
Protestaron porque también la ruta de los buses regulares no pasa por las calles del barrio por lo que los usuarios tienen que caminar hasta Avenida A, donde circulan los autobuses.
Mientras que el director de Auditoría Interna del Municipio de Panamá, Alberto Salazar, explicó que funcionarios de la institución realizaron una auditoría de todos los bienes ubicados en la terminal y procedió a llevárselos para custodiarlos.
Manifestó que el municipio procederá a entregarles los bienes a las personas que reclamen sus propiedades.
El resto de los bienes de la terminal serán utilizados para las obras sociales que realiza la alcaldía, agregó.
Salazar apuntó que aún se desconoce que proyecto se va realizar en la antigua terminal, pero que hasta ahora se menciona la construcción de un parque recreativo o de un complejo habitacional.