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Cien años de sombra


El Centenario ha sido motivo de regocijo y fervor patriótico para muchos panameños. Sabemos que es una excelente ocasión para reflexionar acerca del futuro y volver atrás las páginas. Pero ante tanto entusiasmo por recuperar los acontecimientos que nos hicieron lo que somos, descubrimos que éstos se balancean sobre una cuerda floja que amenaza con precipitarnos en un mar de verdades y mentiras, en el cual cada status social escribió los hechos según sus deseos.
Cada generación tiene una forma diferente de percibir estos cien años. En el caso de los adultos, nacidos alrededor de los años cincuenta y sesenta, pueden, por haber visto la ciudad en llamas, narrar el terror de la dictadura, ahogando su saliva al recordar los abusos e injusticias a los que fueron sometidos.
Para los adolescentes de 13 a 15 años, quienes han pasado la mitad de su existencia metidos en un mundo cibernético, aislados en su habitación, conviviendo con videojuegos o juguetes, teléfono y televisión, el Centenario no significa absolutamente nada, porque mientras sus padres se preguntaban si tendrían la oportunidad de criar a sus hijos antes de que se les exiliara o eliminara por caprichos políticos, en profunda tensión por no saber qué hacer, ante la falta de latas de leche y artículos indispensables, ellos, a los dos o tres años de edad, dormían sin tener idea del caos que los rodeaba. Pocos jóvenes recuerdan a los militares paseándose por las calles, en característica frivolidad de una máquina asesina. Los que presenciaron la caída de los suyos y aún lloran a sus familiares, aquellos que temblaron al oír los helicópteros y sintieron arder su patria, saben lo que es revivir a un país de su desgracia. ¿Acaso para algún joven el Centenario quiere decir otra cosa que no sean días libres para dormir, desfiles, fuegos artificiales y conciertos gratis?
¿Tienen los adultos, organizadores de estas fiestas, idea de la situación y poseen la historia en su más pura concentración para aprender y enseñar a los que no fueron parte de ella? No tenemos claro nuestro pasado, ni mucho menos el presente. Los que lucharon por la reversión del Canal celebraron en grande la realización de sus objetivos, a su vez, heredados de sus antecesores, dejando un vacío incalculable a los que nos tienen tierras que recobrar, ni yugos que destruir, esos que esperan con los brazos cruzados alguna nueva meta, alegres, pero sólo por contagio, de un patriotismo sin sentido.

101 años de Panamá América

 
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