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Cien años de vida política


No recuerdo cuál de los historiadores franceses señaló, de manera lapidaria, que "el presente es el conjunto de todos los errores del pasado"; frase de un pesimismo tal que me impactó durante mucho tiempo. Sobre el pesimismo en la historia ya he escrito, en anterior ocasión, y no voy a insistir sobre dicha temática. Sólo añadiré, en lo que se refiere a Panamá, que cien años de vida política han dejado enseñanzas y lecciones fundamentales.
Al margen de la percepción popular y de la ideología complaciente de las clases dominantes, los grandes movimientos políticos panameños poseen una raíz social objetiva. A grandes trazos, la vida política del país discurre de la siguiente manera: A partir de la existencia de grandes e importantes colectivos, a inicios del siglo XX, los partidos políticos se van fraccionando o desapareciendo. De igual forma, los partidos políticos han ido perdiendo "profundidad ideológica", al adoptar un carácter meramente electoral. Finalmente, los partidos políticos han cedido la función organizativa, a otro tipo de organizaciones de la sociedad que se transforman en elementos de mediación entre el Estado y la sociedad.
El gran Partido Liberal ha sido el ejemplo más claro de las tendencias antes anotadas. Fraccionado por un caudillismo endémico, aún hoy día aparece en tres grupos, desideologizados, sin poder social efectivo y presos de un pragmatismo irresponsable. De los grandes aportes teóricos de un Guillermo Andreve o de un Octavio Méndez Pereira o de un José Daniel Crespo, pareciera no quedar nada de aquel viejo liberalismo de masas. El liberalismo, como expresión política de la dominación, ha hecho crisis con la República.
Lo mismo ha ocurrido con las diversas y tradicionales formas de conservatismo, desde el viejo Partido Conservador hasta el actual arnulfismo, atravesando por el Partido Demócrata Cristiano. Sobre el viejo Partido Conservador vale la pena recordar las posiciones firmes de un Nicolás Victoria Jaén o de un José de la Cruz Herrera o los intentos de reconstruirlo a partir del golpe conservador de 1932, encabezado por Acción Comunal.
Existen documentos valiosos de Fernando Guardia y de Ernesto Castillero que demuestran una extraordinaria línea de continuidad entre el golpe de Acción Comunal, el renacimiento del Partido Conservador (década del 30) y el gobierno de Arnulfo Arias en 1941.
Las fuentes sociales e ideológicas del Partido Demócrata Cristiano, expresión de la modernidad conservadora, son otras y habrá que buscarlas en la década del 60 y en los movimientos católicos juveniles de Panamá.
Un caso paradigmático es el del Partido Revolucionario Democrático, pues nace de la experiencia militar y con el propósito de ser expresión de una social democracia moderna, termina conservatizándose y siendo expresión del neoliberalismo global. Finalmente, a la izquierda del espectro político, la experiencia nacional es riquísima.
Desde un intento de surgir como izquierda liberal, atravesando los esfuerzos de un Diógenes de la Rosa en los "30 por construir un Partido Obrero de combate, su inserción en el Partido Socialista y el debate con el primer Partido Comunista de Panamá, o la efímera existencia del Partido Agrario o del Frente Patriótico de la Juventud.
Esta historia merece ser reconstruida, sobretodo, los aportes de Diógenes de la Rosa, de Rodrigo Miró o de Demetrio Porras. Cien años de vida política bien valen la pena.

101 años de Panamá América

 
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