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Cien días o cinco años


Casi todos los nuevos gobiernos latinoamericanos, y el de Ricardo Martinelli no ha sido la excepción, han considerado obligatorio anunciar, como si se tratara de un conjuro mágico, lo que harán los primeros cien días de su gestión. El antecedente de esa práctica se remonta a F. D. Roosevelt, quien, en su momento pero por circunstancias y motivaciones absolutamente diferentes, anunció y ejecutó, durante los primeros cien días de su gobierno, una serie de medidas para reactivar la economía norteamericana y, mediante la inversión masiva de recursos públicos en obras de infraestructura, crear millones de empleos y devolver la esperanza a un pueblo anímicamente devastado por la “gran crisis”. Desde entonces, es tradicional que los nuevos gobernantes norteamericanos imiten a Roosevelt y anuncien, con bombos y platillos, lo que harán en “los primeros cien días”.

Como en Panamá no existe la revocatoria del mandato presidencial (sería saludable instituirla), los gobiernos se eligen por cinco años y, por consiguiente, más importante que lo que harán durante sus primeros cien días será que definan con metas y plazos el rumbo que mantendrán hasta la culminación de su gestión. Más importante que saber lo que harán durante los primeros cien días, sería que nos permitieran vislumbrar qué país nos dejarán cuando concluyan sus mandatos.

Por cierto, los “cien días” no los inventó Roosevelt, como muchos piensan (me incluía entre ellos, hasta que leí el libro de Jonathan Femby, “Modern China, The Fall and Rise of a Great Power, 1850 to the Present”(China Moderna, la caída y resurgimiento de una gran potencia”, que narra lo ocurrido en ese país desde 1850 hasta el presente). Allí se cuenta que en 1898, el emperador Guangxu dictó una lluvia de decretos imperiales, 40 en total, destinados a “aumentar el poder y bienestar del país”. Ese período que fue conocido como “Los Cien Días”. Otros famosos “cien días” fueron los que gobernó Napoleón, después que retornó de la Isla de Elba; pero éstos nada tienen que ver con los chinos o los de Roosevelt.

Por otra parte, más importantes que las medidas que el nuevo gobierno pueda anunciar cuando todavía suenen los ecos de la fanfarria inaugural, serán los resultados de los primeros 120 días de sesiones de la Asamblea Nacional, del 1 de julio al 31 de octubre próximos. Ese órgano, por ser el más repudiado, debe demostrar, con hechos y no meras declaraciones, que allí habrá transformaciones profundas y de verdad. Y esa responsabilidad la tiene su nueva mayoría, que conquistó sus curules prometiendo “el cambio”. Suya es la obligación, entre otras cosas, de eliminar los abusivos privilegios y prebendas que se han autoadjudicado y de derogar, tal como se prometió durante la campaña, los decretos leyes Torrijos-Delgado, sobre seguridad.

El diputado Varela, que presidirá la Asamblea, ha anunciado una serie de medidas que suenan a música celestial. Pero no ha dicho cómo ni cuando las harán realidad. ¡Ojalá que se materialicen en los primeros 120 días!

101 años de Panamá América

 
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