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Cincuenta años de servicio al humano visto a través de Jesús


Fernando Guardia Jaén es una persona humana que a lo largo de ocho décadas ha ido configurando su personalidad de Hombre de Cristo. Cumple cincuenta años de haberse comprometido con la Compañía de Jesús.

Su opción personal supera el arraigo cultural y familiar de dedicarse a la vida empresarial, a la vida de funcionario público o a la vida política y profesional. Su tradición penonomeña, con un padre ejemplo del funcionario público, jurisconsulto dedicado a la actividad privada, abierto polemista contra el liberalismo porrista y chiarista y teórico principal del nacionalismo de Acción Comunal, indica que la decisión de Fernando de vivir el modelo de Jesús más que una respuesta tradicional y familiar fue una madura y responsable opción personal. Su vida religiosa, mantenida desde su juventud hasta la fecha, indica la búsqueda de plenitud, la restricción de cualquier afán fuera de la Iglesia, la asunción de todas las restricciones que impone la Orden y sobre todo, expresa su voluntad de dedicarse completamente al hombre histórico que resucitó para los creyentes. Todas las realizaciones de Fernando Guardia adquieren sentido dentro de la vida religiosa, fuera de la misma, su única relevancia es haber sido hechas por ese vínculo, integralmente humano, que es dedicarse a la actualización del mandato de actuar como actuó el Maestro.

La vida religiosa que llevan miles y miles como Fernando Guardia, hoy es cada vez más incomprendida, más desafiada y más colocada en la línea de la incertidumbre. Se duda si es una vida lograda, algunos llegan a afirmar que es una vida malograda y mutilada. El prestigio de entregarse a la búsqueda del misterio inexorable para lograr una vida lograda, hoy es cuestionado fuertemente por los ideólogos del laicismo liberal y socialista. La ideología cientificista está convirtiendo la religiosidad en una fantasía moralista de una vida fracasada y patológica. Esa pretendida neutralidad democrática, que admite como derecho toda forma de vida basada en preferencias y antojos personales, es confrontada por individualidades como Fernando Guardia Jaén. El Padre Guardia, en su día, hace medio siglo, asume el compromiso perpetuo –permanente- de una vida religiosa abierta y vinculada al poder de la realidad irrebasable, último y posibilitante. Actualmente, la existencia de Dios ni se mide ni se entiende en términos de conceptos, idealizaciones, percepciones o fantasías. El camino de la historia de las religiones no es otro fenómeno que ir buscando razones y convicciones para explicarse ese poder de la realidad natural y humana que nos ata y somete a un mundo de posibilidades que exige respuestas científicas, filosóficas y religiosas. Fernando Guardia Jaén respondió a ese reto y ha vivido el misterio de su vida religiosa que no es suya, porque ya es nuestra y comunitaria.

Reducir la vida de la humanidad a las respuestas que se le dan a las preferencias individuales y abortar todo esfuerzo científico y filosófico por alcanzar una realidad inmanente o trascendente al hombre y a la mujer es aceptar que la ética y el derecho justo no son los medios idóneos para la convivencia pacífica entre los pueblos. El Padre Fernando Guardia, su vida religiosa lo demuestra, apuesta por la humanidad y la ecología y opta por lo perfecto y lo mejor, sabiendo de antemano que sólo Jesús fue el hombre perfecto y que cada uno de nosotros siempre debe aspirar a lo mejor tanto en el plano personal, cívico y mundial. Fernando pertenece a los hombres comunes y humildes que ha reconocido el poder de la realidad divinizante y divinizado en Jesucristo.

La valentía de Fernando Guardia Jaén es haber permanecido convencido –convicción científica abierta a toda prueba- de que la vida religiosa no solamente es una opción personal para realizar una vida lograda y hasta ejemplar –para los que pueden ver y creer en ejemplos humanos- sino que es una vida de servicio social y sobre todo a los más necesitados. En efecto, en esta última década, Fernando Guardia Jaén es el director del programa de educación radial para alfabetizar campesinos y obreros. El Instituto panameño de Educación Radial (IPER) que dirige el Padre Guardia, es un programa radial-operativo : El Maestro en Casa, que alfabetiza y extiende títulos de Educación Básica a mayores de edad. Es el programa estrella que mantiene afanoso al jesuita penonomeño, proyectándolo a ofrecer educación como medio de superación y reafirmación de los dignos hijos de Jesús, el Dios encarnado.

101 años de Panamá América

 
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