Cincuenta días
Este domingo, dentro de los que se llaman creyentes, celebramos el Advenimiento del Espíritu Santo, "Agion Pneuma". Pentecostés. ¡Que el Espíritu Santo descienda sobre todos nosotros con la abundancia de sus dones septenarios! Unos, repetitivamente y sin mayor emoción, nos sumamos a la celebración sea externa o no, con la rutina de siempre. Otros, por el contrario, hacemos una introspección y nos preguntamos con sinceridad sobre la influencia del Espíritu Santo en nuestras vidas.
Jocosamente, recuerdo a un amigo, ya fallecido, amigo común del también desaparecido apóstol cristiano católico de la Radio, Ingeniero Ladislao J. Sosa M ("Laíto") digo, un amigo común con quien aceptábamos invitaciones y visitábamos grupos de oración en distintos sectores de la capital, leyendo la Palabra de Dios, escuchando testimonios piadosos unos, otros válidos, otros heroicos, edificantes e incluso participando en los himnos ya conocidos. Recuerdo, digo, luego de terminada la sesión o reunión, al evaluar ya entre nosotros, el amigo inevitablemente comentaba: "Aquí sí estaba el Espíritu Santo" y en otros casos, "Aquí no se sentía el Espíritu Santo", y de tal manera y con tanta frecuencia lo hacía que llegamos a apodarlo "El Espíritu Santómetro", como quien fuera un termómetro, barómetro, manómetro que según su sentir medía la presencia de esa fuerza divina.
Fuera de lo anecdótico, asumo que todos sentimos más o menos en qué ambientes dejamos actuar al Espíritu Santo y sentimos la presencia tangible de Dios, la fuerza de Dios. No es muy frecuente ni tan común como muchos quieren pretender.
Donde impera la desunión, el prepotencia, el ansia de protagonismo, de endiosamiento del Pastor o del cura, o la vanidad del predicador, el indisimulado afán de lucro sobre todo, la imposición de una manera exclusiva de ver y de comentar la palabra de Dios, estemos seguros que por ahí no anda ni cerca el Espíritu Santo.
Hoy se conmemora la efusión del Espíritu Santo sobre los Apóstoles, de los comienzos (fundación) de la Iglesia como comunidad creyente, y del inicio de la misión de los apóstoles a toda lengua, pueblo y nación. Ya es proverbial la celebración prolongada de la Misa de la Vigilia que tiene el carácter de una oración intensa y perseverante de oda la comunidad cristiana según el ejemplo de los apóstoles reunidos en oración unánime con la Madre del Señor.
Exhortando a la oración y a la participación en la misión, el misterio de Pentecostés ilumina la piedad popular; también esta "es una demostración continua de la presencia del Espíritu Santo en la Iglesia. Este enciende en los corazones la fe, la esperanza y el amor, virtudes excelentes que dan valor a la piedad cristiana. El mismo Espíritu ennoblece las numerosas y variadas formas de trasmitir el mensaje cristiano según la cultura y las costumbres de cualquier lugar, en cualquier momento histórico.
El Espíritu Santo no puede venir sobre nosotros y poseernos sin hacer de nosotros un solo cuerpo, el cuerpo de Cristo. Somos miembros del cuerpo resucitado de Cristo. Los miembros tiene vida sólo en el cuerpo y para el cuerpo. Fuera del cuerpo, el ojo o el brazo pierde n su función y se pudren. En el cuerpo, el ojo o la mano no funcionan para sí mismos, sino para el cuerpo entero. Si la mano no le llevara comida la boca, hasta la mano misma se moriría.
Los asociados en la vida panameña en estos días de expectación sobre el futuro de la vida del Seguro Social, ahora que todo va en aumento y nos asaltan toda clase de temores sobre el futuro, no dudamos que el recurso al Espíritu Santo, como fuerza irresistible de Dios es imperativo. Humanamente caminamos hacia un desfiladero y sólo con la presencia del Espíritu en la mente y en el corazón de los asociados podremos encontrar soluciones para hacer esta vida y lo que nos queda de ella, más viable como Dios lo quiere.
Ven, Padre de los pobres y luminaria de los corazones.
La fiesta de la Virgen de la Esperanza fue establecida por el obispo San Eugenio III, con el nombre de Nuestra Señora de Expectación del Parto y se quería resaltar la fiesta de la Anunciación, que por caer en plena Cuaresma, no permitía celebrar con su debido esplendor el misterio de la Encarnación del verbo y el estado de buena esperanza de María.
La Virgen de la Esperanza también se conoce con el nombre de Nuestra Señora de la "O", ya que las siete estrofas de vísperas, que proceden a la Navidad, empiezan por "Oh", signo de expectativa y esperanza del pueblo de Israel y especialmente de Maná, en la llegada de un salvador.
Jocosamente, recuerdo a un amigo, ya fallecido, amigo común del también desaparecido apóstol cristiano católico de la Radio, Ingeniero Ladislao J. Sosa M ("Laíto") digo, un amigo común con quien aceptábamos invitaciones y visitábamos grupos de oración en distintos sectores de la capital, leyendo la Palabra de Dios, escuchando testimonios piadosos unos, otros válidos, otros heroicos, edificantes e incluso participando en los himnos ya conocidos. Recuerdo, digo, luego de terminada la sesión o reunión, al evaluar ya entre nosotros, el amigo inevitablemente comentaba: "Aquí sí estaba el Espíritu Santo" y en otros casos, "Aquí no se sentía el Espíritu Santo", y de tal manera y con tanta frecuencia lo hacía que llegamos a apodarlo "El Espíritu Santómetro", como quien fuera un termómetro, barómetro, manómetro que según su sentir medía la presencia de esa fuerza divina.
Fuera de lo anecdótico, asumo que todos sentimos más o menos en qué ambientes dejamos actuar al Espíritu Santo y sentimos la presencia tangible de Dios, la fuerza de Dios. No es muy frecuente ni tan común como muchos quieren pretender.
Donde impera la desunión, el prepotencia, el ansia de protagonismo, de endiosamiento del Pastor o del cura, o la vanidad del predicador, el indisimulado afán de lucro sobre todo, la imposición de una manera exclusiva de ver y de comentar la palabra de Dios, estemos seguros que por ahí no anda ni cerca el Espíritu Santo.
Hoy se conmemora la efusión del Espíritu Santo sobre los Apóstoles, de los comienzos (fundación) de la Iglesia como comunidad creyente, y del inicio de la misión de los apóstoles a toda lengua, pueblo y nación. Ya es proverbial la celebración prolongada de la Misa de la Vigilia que tiene el carácter de una oración intensa y perseverante de oda la comunidad cristiana según el ejemplo de los apóstoles reunidos en oración unánime con la Madre del Señor.
Exhortando a la oración y a la participación en la misión, el misterio de Pentecostés ilumina la piedad popular; también esta "es una demostración continua de la presencia del Espíritu Santo en la Iglesia. Este enciende en los corazones la fe, la esperanza y el amor, virtudes excelentes que dan valor a la piedad cristiana. El mismo Espíritu ennoblece las numerosas y variadas formas de trasmitir el mensaje cristiano según la cultura y las costumbres de cualquier lugar, en cualquier momento histórico.
El Espíritu Santo no puede venir sobre nosotros y poseernos sin hacer de nosotros un solo cuerpo, el cuerpo de Cristo. Somos miembros del cuerpo resucitado de Cristo. Los miembros tiene vida sólo en el cuerpo y para el cuerpo. Fuera del cuerpo, el ojo o el brazo pierde n su función y se pudren. En el cuerpo, el ojo o la mano no funcionan para sí mismos, sino para el cuerpo entero. Si la mano no le llevara comida la boca, hasta la mano misma se moriría.
Los asociados en la vida panameña en estos días de expectación sobre el futuro de la vida del Seguro Social, ahora que todo va en aumento y nos asaltan toda clase de temores sobre el futuro, no dudamos que el recurso al Espíritu Santo, como fuerza irresistible de Dios es imperativo. Humanamente caminamos hacia un desfiladero y sólo con la presencia del Espíritu en la mente y en el corazón de los asociados podremos encontrar soluciones para hacer esta vida y lo que nos queda de ella, más viable como Dios lo quiere.
Ven, Padre de los pobres y luminaria de los corazones.
La fiesta de la Virgen de la Esperanza fue establecida por el obispo San Eugenio III, con el nombre de Nuestra Señora de Expectación del Parto y se quería resaltar la fiesta de la Anunciación, que por caer en plena Cuaresma, no permitía celebrar con su debido esplendor el misterio de la Encarnación del verbo y el estado de buena esperanza de María.
La Virgen de la Esperanza también se conoce con el nombre de Nuestra Señora de la "O", ya que las siete estrofas de vísperas, que proceden a la Navidad, empiezan por "Oh", signo de expectativa y esperanza del pueblo de Israel y especialmente de Maná, en la llegada de un salvador.