Cine global
En enero los amantes de las artes cinematográficas están de fiesta, pues se entregan los Globos de Oro, se conocen las nominaciones en las diferentes categorías y se está a la espera de conocer a los ganadores de los premios Oscar. Pero desde la invención del cinematógrafo por lo hermanos Lumière, ha pasado más de un siglo y aún es poco lo que del buen cine se puede disfrutar en Panamá, especialmente si se trata de películas no "comerciales". Contribuye al "analfabetismo" de la cinefilia nacional la escasa crítica calificada en todos los medios que oriente el gusto de los espectadores.
Algo tiene que cambiar, y pronto. Además existe un público cautivo en Panamá: es fácil observar el ritual de la mayoría los fines de semana, donde se practica el culto de la imagen, el movimiento y la vida misma. El cine es la "religión laica" como decía Monsiváis, que nos permite conocer otras culturas. Y de eso se trata esta vez.
Los directores extranjeros han logrado abrirse un respetable espacio en el competitivo mundo que controla el mercado de las distribuidoras de Hollywood. ¿Cómo lo han hecho? Con la fórmula mágica del tiempo moderno: globalizaron su percepción del arte y salieron a luchar ganando posiciones en la competencia mundial. Estados Unidos ha cedido a la presión del buen gusto por las películas no estadounidenses como "Babel" del mexicano Alejando González Inárruti, con siete nominaciones para este año.
Los latinoamericanos debemos sentirnos orgullosos porque los nombres latinos brillan en la constelación de las estrellas del firmamento: Salma, Penélope, Guillermo del Toro ("El Laberinto de Fauno") Adriana Barraza, y tantos otros en las categorías de sonido y guión. Ojalá podamos verlas todas en Panamá. Pues si estamos globalizando la economía, porqué no los gustos artísticos que no siembran tantas discordias como la política o el comercio.
Algo tiene que cambiar, y pronto. Además existe un público cautivo en Panamá: es fácil observar el ritual de la mayoría los fines de semana, donde se practica el culto de la imagen, el movimiento y la vida misma. El cine es la "religión laica" como decía Monsiváis, que nos permite conocer otras culturas. Y de eso se trata esta vez.
Los directores extranjeros han logrado abrirse un respetable espacio en el competitivo mundo que controla el mercado de las distribuidoras de Hollywood. ¿Cómo lo han hecho? Con la fórmula mágica del tiempo moderno: globalizaron su percepción del arte y salieron a luchar ganando posiciones en la competencia mundial. Estados Unidos ha cedido a la presión del buen gusto por las películas no estadounidenses como "Babel" del mexicano Alejando González Inárruti, con siete nominaciones para este año.
Los latinoamericanos debemos sentirnos orgullosos porque los nombres latinos brillan en la constelación de las estrellas del firmamento: Salma, Penélope, Guillermo del Toro ("El Laberinto de Fauno") Adriana Barraza, y tantos otros en las categorías de sonido y guión. Ojalá podamos verlas todas en Panamá. Pues si estamos globalizando la economía, porqué no los gustos artísticos que no siembran tantas discordias como la política o el comercio.