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Cinta costera, ¿modalidad vial o reto urbano?


EN EL PASADO y muy exitoso foro "Panamá 500", organizado oportunamente por la Alcaldía de Panamá, uno de los temas más polémicos fue el debate sobre la cinta costera. Este proyecto, que tiene cerca de 20 años de estar en el Ministerio de Vivienda (MIVI) sin posibilidades de ejecución, de repente cobra notoriedad; y esto se debe, sin duda, al creciente interés de la ciudadanía por el tema de la ciudad y a la voluntad política mostrada por los altos personeros de Vivienda y la Alcaldía en este tema.
He participado en las presentaciones que ha hecho la Alianza "Pro-ciudad", el MIVI y la más reciente de los arquitectos Alvaro González Clare y Carlos Clement, sobre sus propuesta de concepto de diseño para la cinta costera, encontrando en ellas muchas similitudes, magnificas ideas; pero también desventajas urbanísticas que espero se corrijan en el proceso de diseño urbano del proyecto. Para aportar al debate, resalto los puntos débiles de las propuestas presentadas.
1. Los proyectos se conciben con un origen y destino muy limitado; es decir, desde Vía Italia en Punta Paitilla hasta la Ave. 3 de Noviembre. A pesar de los diferentes intercambios propuestos en la Ave. Balboa, no se proyecta una vialidad fluida que conecte el Corredor Sur con el Corredor Norte, considerando que entre la Ave. 3 de Noviembre y la entrada al Corredor Norte en Albrook hay tres importantes cruces con sus respectivos semáforos haciendo lento e intermitente el tráfico vehicular entre los corredores.
Se hace impostergable la ya retrasada tarea de completar la circunvalación completa, alrededor de la ciudad, de los corredores Norte y Sur, la cual parece tener soluciones a corto plazo en la zona este de la ciudad con la construcción de la fase II del Corredor Norte, pero que no es considerada en el sector oeste, desaprovechándose su natural solución con la vigencia del proyecto costanero.
2. Con excepción de la propuesta de González Clare-Clement, los conceptos propuestos no implican el soterramiento del tendido eléctrico de alta y baja tensión, ni tampoco la limpieza de los obstáculos visuales que actualmente contaminan la Ave. Balboa.
Invertir 100 millones de nuestros balboas en el proyecto y dejar semejante contaminación visual es descartar el reto urbano que supone este proyecto para la ciudad y sólo atender la solución al modulante vial.
Existe gran énfasis en las soluciones viales de las propuestas, los análisis de los intercambios en la Ave. Aquilino de la Guardia, Ave. Ecuador, calles 31 y 42, así como la solución de algunos giros a la izquierda son necesarios, pero no se observan estudios paisajísticos de las 20 hectáreas de áreas verdes, del mobiliario urbano a incorporar y de la limpieza visual de uno de las pocas arterias viales costaneras de la República. De la vialidad peatonal se observan algunos esbozos, escasos en mi opinión, y sin consideración de la realidad climática de nuestra ciudad. Tampoco está claro el tratamiento que se le da a las plazas y áreas monumentales que se afectan, como lo son: Balboa, Ghandi, Remón y parece haber más interés en no molestar a los usuarios de las marinas instaladas.
Sólo González Clare y Clement tratan de incorporar a su propuesta nuevas ideas dignas de ser adaptadas, como lo son el área comercial con su zona de estacionamientos y la aplicación de tecnología de punta en la generación de energía eléctrica a través de las pirámides solares.
3. No considerar la recuperación de la playa, me parece un error de una miopía increíble por parte de los urbanistas. Con frecuencia decimos que la falta de voluntad política es la razón por la cual la ciudad le dio la espalda al mar por varias décadas. Ahora que hay voluntad de recuperar el espacio público y de construir una ciudad más amable con sus habitantes, no incluir la recuperación de la playa como espacio público es no entender el fenómeno de valorización de todo el cinturón costanero. Para los que estamos de acuerdo con la norma de zonificación conocida como RTU (Residencial Turístico Urbano), el mar no sólo es para contemplación visual, sino también para vivirlo, utilizarlo a través de muchos usos, incluyendo las diferentes modalidades de deportes acuáticos que hoy abundan.
Creo que esta licitación debió ser convocada por el MIVI, ya que se trata de un proyecto urbanístico de gran transcendencia para la ciudad y representa un primer paso importante en la recuperación del espacio publico. También considero que el Estado debe perfeccionar el concepto urbanístico y el diseño arquitectónico para hacer nuestra (de todos los ciudadanos) el diseño arquitectónico, a través de una encuesta pública sobre diferentes ideas conceptuales, como hicieron los habitantes de Nueva York para decidir qué hacer con el "Ground Zero". Resulta peligroso e inadmisible dejar a criterio de los licitantes el diseño urbano del proyecto, ya que con toda seguridad prevalecerán los criterios económicos y de vialidad vehicular sobre los de creación de espacio público, que son la verdadera razón del proyecto y lo que la ciudadanía está esperando.
Esta obra urbana puede ser realizada por empresas nacionales, ya que por su monto y sus especificaciones de arquitectura e ingeniería no requieren experticia extranjera, por lo que no entiendo lo de la licitación internacional. Igualmente, pretende ser diseñada y construida en menos de tres años para que pueda ser botín político de cara a la temporada electoral de 2009, lo que evidencia nuevamente la creciente miopía de los políticos cada vez que se emprenden proyectos urbanísticos.
La buena labor de la ministra Balbina Herrera y el alcalde Juan Carlos Navarro (aspirantes idóneos) no necesitan de inauguraciones "apriori" como se ha acostumbrado en gobiernos anteriores. Pero sus brillantes carreras políticas sí requieren que se les recuerde a mediano y largo plazo como quienes visualizaron la ciudad que sus habitantes querían y como líderes que se comprometieron con ese objetivo más allá de proyectos puntuales, que por su complejidad urbanística son imposibles de construir de manera excelente en los quinquenios gubernativos.

101 años de Panamá América

 
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