Cinta costera, un tema de educación y de ciudadanía
El sábado 4 de julio, en la noche, tuve la oportunidad de visitar nuestra recién estrenada cinta costera. El efecto, a la vista es extraordinaria y nos hace sentir orgullosos de contar con este espacio público para la recreación, el entretenimiento y el esparcimiento de miles de panameños y visitantes. La suave brisa del mar, sin el olor que caracterizaba la bahía, es algo que no tiene precio.
Me asombró la cantidad de personas, niños y adultos que caminaban, corrían y jugaban en la cinta costera, pero también la cantidad de basura, la falta de cestos para depositarla y la cantidad de personas que paseaban sus perros sin las consabidas bolsas para recoger sus “necesidades”.
Me llamó la atención la falta de vigilancia policial, y la poca que vi parecía no prestarle atención a lo que hacían las personas en su intento por tocar, curiosear y hacerse dueños del espacio público. Algunos vendedores ambulantes, con sus hieleras, ofrecían a los transeúntes algo de beber después de una gran caminata. Muchas personas cruzaban la vía para llegar a la estatua de Vasco Núñez de Balboa, sin utilizar el paso elevado tan bien dispuesto para este menester. La gente caminaba por la grama recién cortada y tiraba latas de sodas y basura encima de los jardines y las flores sin percatarse de la belleza y el cuidado con el que habían sido plantadas para el deleite de los visitantes.
Me tocó ver a una niña que se metió en la fuente a tomar un baño, a lo que reaccioné como educadora para indicarle que no se trataba de una piscina, sino de una fuente, y que era para observar, no para bañarse. Detrás de esa niña llegaron otros, más grandecitos con intención de hacer lo mismo y de tocar las lámparas que se encontraban en el fondo de la fuente. Traté de auxiliarme con la autoridad policial pero no encontré ninguna; con los padres, pero tampoco encontré ninguno; así que haciendo uso de mi autoridad como docente y como ciudadana preocupada por la conservación y preservación de un espacio público para la recreación y el esparcimiento de todos, intenté conversar con los niños para disuadirlos de sus intenciones y para educarlos un poco en el cuidado y protección de uno de los espacios públicos más hermosos con que cuenta la ciudad de Panamá.
Esta situación me hizo pensar que debemos educar a nuestros niños desde las escuelas para el uso adecuado y la defensa de un área que combina lo arquitectónico con el ambiente natural, que tiene múltiples atributos y usos, y que nos permite exponer los nuestros atractivos turísticos. Desde las escuelas se debe educar a los niños para la conservación del ambiente, lo mismo que la educación ciudadana, los deberes y los derechos humanos y sociales.
Es un deber ciudadano atesorar y resguardar todos los bienes patrimoniales de la sociedad panameña. Los sitios públicos son para todos. Tenemos derecho de visitar y utilizar la cinta costera y, a la vez, el deber de protegerla, cuidarla y mantenerla hermosa para que podamos mostrar que somos capaces de proteger y cuidar nuestra bahía, nuestros espacios verdes y promover la convivencia pacífica y ordenada entre todos los ciudadanos nacionales y extranjeros. Esta es una obra que los panameños debemos mostrar al mundo con orgullo.
Eduquemos a nuestros niños, jóvenes y adultos para preservar la belleza de esta cinta costera y de nuestra hermosa ciudad.