Ciudadanía sexual
No es posible referirnos a la evolución de la mujer en singular, sino en plural; porque en nuestra sociedad existen diversas presencias de mujeres y no una sola: Mujeres profesionales, trabajadoras, informales, rurales e indígenas.
Hace apenas unas décadas las mujeres estaban excluidas del trabajo, los estudios y hasta del voto. Hoy las mujeres tienen cada vez más oportunidades laborales y educativas hasta el punto que en muchas carreras superan en número y en graduaciones a los varones. Esta progresiva independencia ha generado cambios importantes en la familia por la necesidad creciente de las mujeres de superar la doble jornada laboral (trabajadora y ama de casa) a través de la participación de los otros integrantes del hogar, en especial de los maridos. Un desafío importante es la violencia intrafamiliar y el femicidio que se vuelca sobre ellas.
Existen muchas mujeres que sobreviven en el sector informal, el empleo doméstico, el trabajo rural, y las que padecen desempleo, a pesar de tener más educación. Todavía existen sectores económicos donde los salarios son inferiores a los de los hombres por el mismo trabajo y, aunque ha aumentado la participación política de ellas, sólo hay que echar un vistazo para darse cuenta la baja presencia en gabinetes, legislaturas y partidos pese a constituir la mitad de la población.
Ha sido y es clave en las conquistas de los derechos de la mujer, su organización y movilización consciente y constante.
El anteproyecto de Ley Integral de Salud Sexual y Reproductiva es para toda la sociedad, pero tiene una relación muy directa con el rol de las mujeres. Por ello que es fundamental impulsar la educación integral en sexualidad, que debe potenciar la voz de los sin voz y la participación activa de las personas. Debe compartir información y formar actitudes, creencias y valores acerca de la identidad, las relaciones y la intimidad, a lo largo de toda la vida. Incluye las dimensiones biológicas, socio-culturales, psicológicas y espirituales de la sexualidad. Puedo ver que en la elaboración de la propuesta, se tuvo en cuenta esta necesidad.
En el documento se considera la educación en sexualidad como una parte positiva y saludable de la vida; como una que enseña un comportamiento que es respetuoso, responsable, libre de explotación y violencia y se reconoce que la misma comienza con los padres y madres de familia u otras personas encargadas de la atención de las y los niños, en su papel de educadoras primarias en sexualidad.
Los medios de comunicación, las entidades educativas y cívicas deberían promover la educación integral en sexualidad para apoyar la construcción de ciudadanía sexual definida como conciencia de los derechos humanos sexuales reproductivos; disponibilidad de servicios y recursos y la forma de tener acceso a ellos, participación, derecho a decidir, reconocimiento y comprensión de la amplitud de la diversidad de nuestras vidas.
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