¡Ciudadano sí, idiota no!
"No se puede ser ciudadano simplemente porque se posea una cédula de ciudadanía o porque eventualmente se asista a las urnas; para ser realmente ciudadanos se tiene que actuar en la vida política, y actuar en la vida política no es sólo defender lo suyo, es defender lo colectivo, lo público, lo común." La reciente aprobación de las reformas electorales por parte de los legisladores de los partidos siameses, es una abierta demostración del imperio del idiotismo que, en materia de participación política, reina en nuestro medio. Las secuelas y consecuencias de las nuevas normas electorales nos excluirán rápidamente -de no rebelarnos- de la categoría aristotélica de "animales ciudadanos".
En efecto, varias de las recién aprobadas normas electorales y la apurada "adopción" de las mismas por la cúpula del partido gobernante, nos retrotraen a la época que antecedió a la democracia griega y al principio de isonomía, que no es otra cosa que el imperio de las mismas leyes para todos. Además, pone de manifiesto la creciente aversión que tienen a la democracia y a la participación ciudadana, los gamonales locales de la partidocracia.
En el artículo 21 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos se lee: "Toda persona tiene derecho a participar en el gobierno de su país...La voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público. Esta voluntad se expresará mediante elecciones auténticas...". Sin embargo, como en nuestro país para los mercenarios y los neomercenarios de la partidocracia "el fin justifica los medios", han decidido aunar sus esfuerzos para evitar facilitar la participación ciudadana institucionalizando las viejas prácticas de exclusión, promoviendo los conciliábulos contra la justicia y el bien común, fortaleciendo la concesión de nuevos privilegios y practicando un nuevo tipo de apartheid político entre los panameños.
Participar es tomar parte protagónica en las decisiones de aquello que afecta la vida de cada uno. La participación democrática es la condición ineludible para que una sociedad haga de la justicia social no una deuda de los gobernantes para con los gobernados, sino una realidad cotidiana. En otras palabras, la participación es la esencia de la democracia. Es el mecanismo indispensable e insustituible para lograr el bien común. Es un derecho fundamental de la persona que se traduce en un control que garantiza la legitimidad de las decisiones tomadas por los gobernantes.
La participación ciudadana debe ser crítica y vigilante para garantizar que los actos normativos no sean una burla a nuestros derechos ciudadanos, para evitar que se nos haga creer que ser ciudadano es poseer una cédula de identidad o asistir a las urnas cada cinco años.
Ante los nuevos obstáculos y reparos impuestos por el gobierno de turno y su "leal oposición", tenemos que reaccionar y dejar la idiotez a un lado. Fernando Savater en su conversación con su hijo Amador frente al problema de la participación en política, le enseña: "Los antiguos griegos (tipos listos y valientes por los que ya sabes que tengo especial devoción), a quien no se metía en política le llamaron idiotés; una palabra que significaba persona aislada, sin nada que ofrecer a los demás, obsesionada por las pequeñeces de su casa y manipulada a fin de cuentas por todos. De ese idiotés griego deriva nuestro idiota actual que no necesito explicarte lo que significa...resulta que el mensaje de este libro [Política para Amador]...es un poco agresivo y faltón, porque puede resumirse en tres palabras: ¡No seas idiota!" He aquí el principio de mis constantes críticas y observaciones: ¡Soy ciudadano, no idiota!
(mabernal@sinfo.net)
Arnuflo Escalona Avila
Ministro de Gobierno y Justicia
En efecto, varias de las recién aprobadas normas electorales y la apurada "adopción" de las mismas por la cúpula del partido gobernante, nos retrotraen a la época que antecedió a la democracia griega y al principio de isonomía, que no es otra cosa que el imperio de las mismas leyes para todos. Además, pone de manifiesto la creciente aversión que tienen a la democracia y a la participación ciudadana, los gamonales locales de la partidocracia.
En el artículo 21 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos se lee: "Toda persona tiene derecho a participar en el gobierno de su país...La voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público. Esta voluntad se expresará mediante elecciones auténticas...". Sin embargo, como en nuestro país para los mercenarios y los neomercenarios de la partidocracia "el fin justifica los medios", han decidido aunar sus esfuerzos para evitar facilitar la participación ciudadana institucionalizando las viejas prácticas de exclusión, promoviendo los conciliábulos contra la justicia y el bien común, fortaleciendo la concesión de nuevos privilegios y practicando un nuevo tipo de apartheid político entre los panameños.
Participar es tomar parte protagónica en las decisiones de aquello que afecta la vida de cada uno. La participación democrática es la condición ineludible para que una sociedad haga de la justicia social no una deuda de los gobernantes para con los gobernados, sino una realidad cotidiana. En otras palabras, la participación es la esencia de la democracia. Es el mecanismo indispensable e insustituible para lograr el bien común. Es un derecho fundamental de la persona que se traduce en un control que garantiza la legitimidad de las decisiones tomadas por los gobernantes.
La participación ciudadana debe ser crítica y vigilante para garantizar que los actos normativos no sean una burla a nuestros derechos ciudadanos, para evitar que se nos haga creer que ser ciudadano es poseer una cédula de identidad o asistir a las urnas cada cinco años.
Ante los nuevos obstáculos y reparos impuestos por el gobierno de turno y su "leal oposición", tenemos que reaccionar y dejar la idiotez a un lado. Fernando Savater en su conversación con su hijo Amador frente al problema de la participación en política, le enseña: "Los antiguos griegos (tipos listos y valientes por los que ya sabes que tengo especial devoción), a quien no se metía en política le llamaron idiotés; una palabra que significaba persona aislada, sin nada que ofrecer a los demás, obsesionada por las pequeñeces de su casa y manipulada a fin de cuentas por todos. De ese idiotés griego deriva nuestro idiota actual que no necesito explicarte lo que significa...resulta que el mensaje de este libro [Política para Amador]...es un poco agresivo y faltón, porque puede resumirse en tres palabras: ¡No seas idiota!" He aquí el principio de mis constantes críticas y observaciones: ¡Soy ciudadano, no idiota!
(mabernal@sinfo.net)
Arnuflo Escalona Avila
Ministro de Gobierno y Justicia