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Ciudades verticales, ¿el futuro?


La inauguración del Burj Dubai, el edificio más alto del mundo, viene a plantear, a partir de ahora, la cuestión fundamental que deberán resolver en el futuro los gobiernos de las mega ciudades para su crecimiento: mirar hacia el cielo, lo que supone perder el miedo a las alturas y los costos, o empeñarse en extenderse aun más sobre la extenuada tierra. Dubai ha resuelto encaminarse hacia el cielo. Las cifras de este monumental rascacielo son literalmente de vértigo: 818 metros de altura, 30 pisos únicamente para depósitos de agua, 160 plantas habitables, de las cuales 108 son apartamentos residenciales, todos vendidos.

¿Que hizo posible este nuevo icono dubaití? Es cierto que todos atribuyen el éxito del proyecto al dinero disponible en este exuberante emirato árabe. No obstante, muchos especialistas convergen en sus análisis en que el inimaginable edificio fue el resultado de una visión y una estrategia. Algo de lo que generalmente carecen nuestros gobernantes. En cambio, los gobernantes en Dubai, que hace diez años atrás era esencialmente un desierto, han tomado decisiones (contra viento y marea) y se han propuesto encausar sus limitados recursos petrolíferos y, en plena crisis bursátil, le han dado al mundo, en abierto desafío a la contracción económica mundial, un nuevo símbolo de las nuevas ciudades verticales posibles, donde el cielo y el dinero serán los únicos límites a estos ostentosos, pero fascinantes proyectos.

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