Clamores del agro en Soná
La señorial residencia campestre, "La Casona del Tabrabá", del prominente banquero y ganadero Guido Martinelli, situada en Soná, provincia de Veraguas, sirvió de marco perfecto para la conferencia de productores agropecuarios que tuvo lugar el fin de semana bajo los auspicios de la Confederación Interamericana de Ganaderos y Agricultores (CIAGA).
Martinelli, un distinguido dirigente del opositor partido Arnulfista, quien a la vez es vicepresidente de la CIAGA, fustigó con dureza la política agropecuaria seguida por el actual gobierno de Ernesto Pérez Balladares, de espaldas al sector.
El jueves pasado, Pérez Balladares y su esposa, completaron una gira por algunas comunidades de la provincia de Los Santos, donde repartió bolsas de comida a la pauperizada población campesina, afectada por el pasado fenómeno climático de "El Niño".
La distribución de bolsas de alimentos, además de prestarse para el coyuntural proselitismo político inherente a la actual campaña de reelección presidencial, ha sido señalado como típico ejemplo del deterioro que ha sufrido el agro bajo la política económica seguida por la actual administración. De productores a mendigos, podría decirse.
Según Martinelli, la globalización está eliminando al pequeño productor para beneficio de un minúsculo grupo de importadores. Fuera de eso, las distorsiones del mercado internacional, reflejadas en políticas de subsidio y "dumping", que rigen en el extranjero, contrasta con las medidas de desprotección y apertura a ciegas seguida por el actual gobierno.
Panamá, bajo la actual administración, logró condiciones muy ventajosas de gradualidad en su compromiso de desgravación arancelaria de productos agropecuarios suscrito con la OMC. Pero insólitamente, de hecho renunció a tan favorables condiciones, decretando unilateralmente drásticas reducciones que llevaron los aranceles desde un 60% hasta cero o 5% actual, salvo excepciones. Como resultado, el gobierno se vanagloria de contar con la política arancelaria más abierta de la región, sin que exista un trato recíproco para nuestros productos en el extranjero.
De las brillantes exposiciones de los expertos colombianos, Alejandro y Cristina Uribe, surge la necesidad de modernizar el sector, introduciendo nuevas tecnologías, políticas de crédito adecuadas y estrategias de mercadeo dirigidas a la exportación. Pero para lograrlo, es menester un gobierno decidido a colaborar con el sector en ese sentido.
La canasta básica no disminuye porque el puñado de importadores todo se lo queda, sin nadie que les haga contrapeso, porque en contraposición de la ley de libre competencia, han cerrado las puertas de sus supermercados al productor nacinal, por irle hacer espacio a los extranjeros, no siempre más baratos.
Martinelli, un distinguido dirigente del opositor partido Arnulfista, quien a la vez es vicepresidente de la CIAGA, fustigó con dureza la política agropecuaria seguida por el actual gobierno de Ernesto Pérez Balladares, de espaldas al sector.
El jueves pasado, Pérez Balladares y su esposa, completaron una gira por algunas comunidades de la provincia de Los Santos, donde repartió bolsas de comida a la pauperizada población campesina, afectada por el pasado fenómeno climático de "El Niño".
La distribución de bolsas de alimentos, además de prestarse para el coyuntural proselitismo político inherente a la actual campaña de reelección presidencial, ha sido señalado como típico ejemplo del deterioro que ha sufrido el agro bajo la política económica seguida por la actual administración. De productores a mendigos, podría decirse.
Según Martinelli, la globalización está eliminando al pequeño productor para beneficio de un minúsculo grupo de importadores. Fuera de eso, las distorsiones del mercado internacional, reflejadas en políticas de subsidio y "dumping", que rigen en el extranjero, contrasta con las medidas de desprotección y apertura a ciegas seguida por el actual gobierno.
Panamá, bajo la actual administración, logró condiciones muy ventajosas de gradualidad en su compromiso de desgravación arancelaria de productos agropecuarios suscrito con la OMC. Pero insólitamente, de hecho renunció a tan favorables condiciones, decretando unilateralmente drásticas reducciones que llevaron los aranceles desde un 60% hasta cero o 5% actual, salvo excepciones. Como resultado, el gobierno se vanagloria de contar con la política arancelaria más abierta de la región, sin que exista un trato recíproco para nuestros productos en el extranjero.
De las brillantes exposiciones de los expertos colombianos, Alejandro y Cristina Uribe, surge la necesidad de modernizar el sector, introduciendo nuevas tecnologías, políticas de crédito adecuadas y estrategias de mercadeo dirigidas a la exportación. Pero para lograrlo, es menester un gobierno decidido a colaborar con el sector en ese sentido.
La canasta básica no disminuye porque el puñado de importadores todo se lo queda, sin nadie que les haga contrapeso, porque en contraposición de la ley de libre competencia, han cerrado las puertas de sus supermercados al productor nacinal, por irle hacer espacio a los extranjeros, no siempre más baratos.