Clinton no se rinde
Mostrando tener más vidas que un gato, el presidente norteamericano Bill Clinton parece recuperarse de la grave crisis que le aqueja, tras estar a un paso de su renuncia o destitución por el Congreso a raíz del denominado sex-gate.
Reiteradas encuestas diarias muestran que el pueblo estadounidense desaprueba su remoción y favorece una sanción menos severa, como la amonestación pública por ejemplo.
El escarnio y humillación pública a los que fue sometido, son percibidos como castigo más que suficiente y, de ese modo, sus enemigos del Congreso volvieron a errar en sus cálculos. La difusión de grotescos detalles íntimos y de su declaración indirecta ante el Gran Jurado, dejaron en el público el amargo sabor a "vendetta" y abuso. Como consecuencia, las encuestas se dispararon a su favor.
En reacción a esa realidad, los medios de comunicación y los sectores ultraconservadores que hacen causa común en su contra, cambiaron de estrategia. Ahora pregonan que debe renunciar porque ha salido tan mal herido de la larga cadena de escándalos sexuales, que ya no es capaz de cumplir con sus funciones presidenciales.
Pero Clinton, que no es tonto, captó de inmediato el cambio de escenario y se lanzó al contraataque. Empezó convocando a los líderes israelí y palestino, Benjamín Netanyahu y Yasser Arafat, a una nueva conferencia en la que cobra nuevo impulso el proceso de paz en el Medio Oriente, con la aceptación por los palestinos de una nueva devolución de territorios, de 13%.
Simultáneamente, el mandatario increpó al Congreso por el atraso en la discusión del presupuesto nacional por estarse ocupando de trivialidades; y anunció la adopción de medidas provisionales para evitar la paralización del gobierno por falta de fondos.
Y como si lo anterior fuera poco, anunció con bombos y platillos haber logrado el primer superávit presupuestario en décadas, por el monto de 52 mil millones de dólares, al tiempo que recomendó al Congreso no despilfarrarlos.
El viernes pasado, solicitó al Senado la autorización para destinar 17 mil millones de dólares como fondo adicional de ayuda para mitigar los efectos de la crisis asiática. Y, sin tomar aliento, sugirió al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial la adopción de mecanismos de reacción rápida en casos de crisis como la que hoy amenaza al mundo de una recesión económica.
En fin, Clinton parece empeñado en saturar al Congreso y al mundo, de nuevas y audaces iniciativas, como para no dejar pensar en más nada. Así, para mediados de mes, encabezará un nuevo ciclo de reuniones entre israelíes y palestinos para buscar la paz definitiva. Sabe muy bien que si lo logra, pasará a la posteridad a contrapelo de los efectos de sus más escandalosas aventuras amorosas.
Reiteradas encuestas diarias muestran que el pueblo estadounidense desaprueba su remoción y favorece una sanción menos severa, como la amonestación pública por ejemplo.
El escarnio y humillación pública a los que fue sometido, son percibidos como castigo más que suficiente y, de ese modo, sus enemigos del Congreso volvieron a errar en sus cálculos. La difusión de grotescos detalles íntimos y de su declaración indirecta ante el Gran Jurado, dejaron en el público el amargo sabor a "vendetta" y abuso. Como consecuencia, las encuestas se dispararon a su favor.
En reacción a esa realidad, los medios de comunicación y los sectores ultraconservadores que hacen causa común en su contra, cambiaron de estrategia. Ahora pregonan que debe renunciar porque ha salido tan mal herido de la larga cadena de escándalos sexuales, que ya no es capaz de cumplir con sus funciones presidenciales.
Pero Clinton, que no es tonto, captó de inmediato el cambio de escenario y se lanzó al contraataque. Empezó convocando a los líderes israelí y palestino, Benjamín Netanyahu y Yasser Arafat, a una nueva conferencia en la que cobra nuevo impulso el proceso de paz en el Medio Oriente, con la aceptación por los palestinos de una nueva devolución de territorios, de 13%.
Simultáneamente, el mandatario increpó al Congreso por el atraso en la discusión del presupuesto nacional por estarse ocupando de trivialidades; y anunció la adopción de medidas provisionales para evitar la paralización del gobierno por falta de fondos.
Y como si lo anterior fuera poco, anunció con bombos y platillos haber logrado el primer superávit presupuestario en décadas, por el monto de 52 mil millones de dólares, al tiempo que recomendó al Congreso no despilfarrarlos.
El viernes pasado, solicitó al Senado la autorización para destinar 17 mil millones de dólares como fondo adicional de ayuda para mitigar los efectos de la crisis asiática. Y, sin tomar aliento, sugirió al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial la adopción de mecanismos de reacción rápida en casos de crisis como la que hoy amenaza al mundo de una recesión económica.
En fin, Clinton parece empeñado en saturar al Congreso y al mundo, de nuevas y audaces iniciativas, como para no dejar pensar en más nada. Así, para mediados de mes, encabezará un nuevo ciclo de reuniones entre israelíes y palestinos para buscar la paz definitiva. Sabe muy bien que si lo logra, pasará a la posteridad a contrapelo de los efectos de sus más escandalosas aventuras amorosas.