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Clinton, Sansón y los filisteos


Quienes esperaban ver un Presidente Bill Clinton humillado y manso, dirigiéndose resignado al cadalso, se equivocaron. En una ocasión lo describimos como un peleador rudo, amante de salir de los más serios aprietos, sacando fuerzas de flaquezas.
El lunes de la semana pasada, en medio del azote de la publicación vía Internet de los escabrosos detalles del informe Starr, tuvo tiempo para pronunciar un vibrante discurso ante el Consejo de Relaciones Exteriores en Nueva York, que dio un respiro a las atribuladas bolsas sudamericanas.
En esencia dijo que, ante la negativa de un Congreso contrario a su pedido de otorgar 18 mil millones de dólares al Fondo Monetario Internacional, para nutrirlo de recursos para estabilizar las economías más afectadas por la actual crisis financiera internacional, estaba considerando reeditar los privilegios ejecutivos que con tanto éxito usó en 1995 para rescatar a México de una situación similar.
Detalló que estaba dispuesto a destinar un paquete de ayuda para evitar el colapso de la moneda brasileña, objeto del ataque masivo de especuladores internacionales, para lo cual no requiere de la aprobación del Congreso.
En 1995, Clinton usó 55 mil millones de dólares en defensa del peso mexicano. Y en esta ocasión, el solo anuncio de hacer lo propio con Brasil, hizo que los valores de las bolsas de Sao Paulo, Río y Buenos Aires, se movieran en ascenso, ante la expectativa de una pronta ayuda norteamericana.
En otro frente, el Presidente palestino Yasser Arafat, busca desesperadamente el auxilio de Europa para revitalizar el estancado proceso de paz con Israel. Las negociaciones están al borde de la ruptura luego de que cesaron los últimos impulsos norteamericanos auspiciados por Clinton para que el estado judío haga sustanciales concesiones territoriales a los palestinos de Cisjordania.
Ambos asuntos, la crisis económica mundial y el proceso de paz palestinoisraelí, merecen la mayor atención del gobierno estadounidense, lo que por el momento no es posible a causa del escándalo políticosexual que mantiene entrelazados en lucha a muerte, al Congreso y al Ejecutivo.
La situación se ha agravado tras evolucionar el escándalo Lewinsky hacia una guerra total entre ambos poderes; por un lado, el Congreso empeñado en dejar sin sustento popular al mandatario mediante la publicación de más material obsceno; y por el otro, el Ejecutivo, contratacando con la filtración de deslices sexuales desconocidos de algunos congresistas contrarios.
Y es así como, emulando la historia de un Sansón debilitado tras sucumbir ante los encantos de Dalila, Clinton parezca resuelto a remecer los cimientos del Congreso para que, expuestos al abanico de un estiercolero, sucumban el mandatario y los filisteos, con la economía norteamericana y del planeta al mismo tiempo.

101 años de Panamá América

 
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