Clinton y la Crisis Financiera Global
Tras las recientes reuniones del Grupo de los Siete (G-7), de los países en desarrollo (el Grupo de los 24 o G-24) y del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, el Presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton, ha intentado asumir el liderazgo en la campaña internacional contra la crisis de los mercados de capital del mundo desatada por los problemas del Asia, exacerbada por la estrepitosa caída del rublo y contagiada recientemente a América Latina. Aunque su iniciativa será bien recibida en el Tercer Mundo, está por ver si el resto del Primer Mundo, que en la actualidad está sufriendo sus propios problemas, adoptará sus recomendaciones.
Clinton insiste que el libre movimiento de capitales que ha prevalecido durante la última década es crucial para el buen desenvolvimiento de la economía mundial. Según su criterio, el mismo facilita la canalización de recursos excedentes de los países más ricos hacia los más pobres, permitiendo que los más necesitados gocen de oportunidades para alcanzar niveles de desarrollo que le brinden posibilidades de salir de la extrema pobreza que les agobia. No obstante, Clinton asegura que no se puede permitir que continúe el libertinaje y la anarquía que prevalece hoy en día en los mercados de capital. Para regularlo recomienda la creación de instituciones supranacionales que desempeñen las funciones que en cada país ejercen los bancos centrales y las comisiones de valores.
En su opinión, la creación de tales entidades evitaría la tentación al retorno del proteccionismo de los 60 y 70. Arguye que solamente promoviendo el libre intercambio internacional se podrá mantener la maquinaria económica mundial lo suficientemente activa para continuar con los niveles de desarrollo que requiere la población del planeta.
En particular, Clinton ha hecho un llamado a los países del mundo a revisar sus tasas de interés. España ya tomó la delantera, reduciéndolas, por lo cual se espera que el resto de Europa siga la misma fórmula.
Lo indiscutible, sin embargo, es que la actual crisis nos acompañará por algún tiempo, mientras los inversionistas recuperan su compostura. Los que huyeron al sentir el primer empujón y los que esperaron hasta que el éxodo masivo fuera evidente para retirar sus inversiones y evitar pérdidas mayores, han aprendido la lección. En el mundo globalizado de hoy, la información requerida para realizar inversiones ya no está limitada a un grupo privilegiado y selecto para su particular provecho, sino que está ampliamente difundida y disponible para todo el mundo. El inversionista en Buenos Aires tiene la misma información que su homólogo en Ginebra, Nueva York o Hong Kong. Esto hace el "juego" un tanto más competitivo y por ende más compartido y justo para todos.
Clinton insiste que el libre movimiento de capitales que ha prevalecido durante la última década es crucial para el buen desenvolvimiento de la economía mundial. Según su criterio, el mismo facilita la canalización de recursos excedentes de los países más ricos hacia los más pobres, permitiendo que los más necesitados gocen de oportunidades para alcanzar niveles de desarrollo que le brinden posibilidades de salir de la extrema pobreza que les agobia. No obstante, Clinton asegura que no se puede permitir que continúe el libertinaje y la anarquía que prevalece hoy en día en los mercados de capital. Para regularlo recomienda la creación de instituciones supranacionales que desempeñen las funciones que en cada país ejercen los bancos centrales y las comisiones de valores.
En su opinión, la creación de tales entidades evitaría la tentación al retorno del proteccionismo de los 60 y 70. Arguye que solamente promoviendo el libre intercambio internacional se podrá mantener la maquinaria económica mundial lo suficientemente activa para continuar con los niveles de desarrollo que requiere la población del planeta.
En particular, Clinton ha hecho un llamado a los países del mundo a revisar sus tasas de interés. España ya tomó la delantera, reduciéndolas, por lo cual se espera que el resto de Europa siga la misma fórmula.
Lo indiscutible, sin embargo, es que la actual crisis nos acompañará por algún tiempo, mientras los inversionistas recuperan su compostura. Los que huyeron al sentir el primer empujón y los que esperaron hasta que el éxodo masivo fuera evidente para retirar sus inversiones y evitar pérdidas mayores, han aprendido la lección. En el mundo globalizado de hoy, la información requerida para realizar inversiones ya no está limitada a un grupo privilegiado y selecto para su particular provecho, sino que está ampliamente difundida y disponible para todo el mundo. El inversionista en Buenos Aires tiene la misma información que su homólogo en Ginebra, Nueva York o Hong Kong. Esto hace el "juego" un tanto más competitivo y por ende más compartido y justo para todos.