default

Clonación humana reproductiva


La clonación no puede ser calificada de inmoral en su totalidad, mucho menos cuando no atenta contra la dignidad del ser humano. Desde hace algún tiempo, se viene hablando de la posibilidad de clonar especies amenazadas (no dinosaurios, por supuesto) y cerdos que podrían donar sus órganos a seres humanos.
¿Ante estos casos, qué sería más inmoral: permitir este tipo de tecnologías o dejar que sigan desapareciendo más especies por causa del hombre o simplemente no hacer nada ante la falta de corazones, hígados o riñones para los seres humanos?
El caso de la clonación humana reproductiva es totalmente distinto, porque con ella el hombre se convierte a sí mismo en objeto producido en serie. Esta práctica conlleva enormes implicaciones morales -¿por ejemplo, cómo se definirá la relación entre el clonado y sus "padres", si es como el gemelo de uno y no guarda ningún vínculo genético con el otro?- y ya ha sido prohibida en países como Francia, Japón, India, Brasil y Argentina.
Por razones históricas, la legislación más restrictiva sobre esta materia se encuentra en Alemania, a tal punto que la Ley de Protección de Embriones de 1990 sanciona con pena privativa de libertad de hasta 5 años, o con pena de multa, a quien artificialmente dé lugar a que se genere un embrión humano con información idéntica a la de otro embrión, feto, ser humano o persona muerta.
En el caso de Estados Unidos, líder en el campo de la industria biotecnológica, hay quienes sostienen que lo que se necesita es un debate público sobre el tema y no leyes restrictivas.
Pero Francis Fukuyama, un miembro destacado dentro del Consejo de Bioética de la administración Bush, se muestra a favor de la prohibición de la clonación humana reproductiva por razones prácticas y morales.
222 A juicio del autor de El fin de la historia, la regulación de la clonación humana debe comenzar primero en el ámbito nacional, para luego extenderse al internacional.
A juicio del autor de El fin de la historia, la regulación de la clonación humana debe comenzar primero en el ámbito nacional, para luego extenderse al internacional.
Y la razón es muy simple: de nada sirve que en ciertos países-ricos, principalmente- se prohíba este tipo de prácticas, si a la larga sus empresas biotecnológicas tienen vía libre para establecerse en regiones en donde el debate público sobre la clonación humana ni siquiera ha comenzado.
Aunque al final se trate de un mero truco publicitario, el anuncio del nacimiento del primer ser humano clonado, por parte de la secta de los "raelianos", producirá al menos dos efectos positivos: 1) Aumentará el nivel de debate en torno a la clonación y la biotecnología humana; y 2) Permitirá conocer, quizás por primera vez, el nivel de aplicación de una legislación que restringe la clonación humana reproductiva, en vista de que el representante de Clonaid para América Latina ya manifestó que el primer clon de un ser humano latinoamericano nacerá este año, en una de sus plantas en Brasil.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América