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¡Coja usted ese trompo en la uña!


En economía como en otras ciencias hay básicamente dos tendencias para explicar las cosas: Una, se empeña en explicar de manera complicada cosas sencillas; la otra, explicar, aún las más complicadas, de manera sencilla. Siempre trataré de seguir esta última. Este introito sirve para los comentarios que haré sobre las declaraciones, asaz contradictorias, por decir lo menos, que sobre el estado de la economía panameña se han vertido recientemente en los medios de comunicación por algunos de "los profetas del Apocalipsis."
Dos figuras tan connotadas como Enrique Iglesias, presidente del BID y José Antonio Ocampo, Secretario Ejecutivo de CEPAL, advertían, desde el año pasado (véanse los anales de la XII Cumbre Iberoamericana, celebrada en Punta Cana, República Dominicana) que las economías latinoamericanas tendrían "una tasa negativa de crecimiento", eufemismo piadoso que en términos simples significa que no aumentarían sino que disminuirían su producto interno bruto (PIB). Y como Panamá es parte de la región latinoamericana, nuestra economía también debió experimentar "un crecimiento negativo" durante el año 2002. Pero eso no ocurrió. De hecho, crecimos, modestamente, pero crecimos. La explicación complicada, o malintencionada de algunos "especialistas del patio" fue que habíamos crecido muy poco y, desde luego, y como es su costumbre, le endilgaron la culpa al gobierno.
Aunque es elemental que los reveses sufridos por las economías más importantes de la región, y especialmente las dificultades de la norteamericana nos afectan a todos, los "profetas del Apocalipsis", ese grupo de compatriotas negativistas, felizmente cada vez más reducido y de incidencia decreciente, que siempre verá oscuridad o la creará cuando le conviene, nos declararon inmunes a esos efectos como si fuéramos una isla desvinculada de nuestro entorno.
Este año, para la frustración de los profetas agoreros, la economía panameña crecerá más que el promedio de la mayoría de las latinoamericanas, gracias principalmente al manejo responsable de las finanzas públicas. Sin embargo, esperar que esa buena gestión sea reconocida por ellos es contrario a la lógica de las explicaciones simples. Por tanto, ahora sostienen que si nuestra economía crece es porque se ha beneficiado del "mejoramiento de la economía mundial". En otras palabras, si las cosas no iban tan bien, nada tenía que ver el deterioro de la situación mundial, pero si van mejor, ello se debe al efecto de factores externos y nunca al resultado de la acción gubernamental. ¡Coja usted ese trompo en la uña!
A medida que se incremente la actividad preelectoral, como ya he señalado antes, será más difícil discutir sosegadamente algunos problemas que reclaman de atención objetiva y tratamiento despolitizado, entre ellos, por ejemplo, la reforma tributaria, una de las medidas gubernamentales que mayormente ha contribuido al mejoramiento de la economía. Quienes más negativamente contribuyen a enredar cualquier intento de debate serio son, precisamente, aquellos que, como los profetas de marras, siempre escogerán el camino de la explicación enrevesada, unas veces por manifiesta deformación; otras, porque deliberadamente les interesa enredar; y las más, porque son incapaces de reconocer el mérito ajeno.

101 años de Panamá América

 
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