Colapso por desarrollo
Bien decían nuestras abuelas que "es bueno el culantro, pero no tanto". Un desarrollo desenfrenado como el que vivimos, tiene efectos colaterales a los positivos impactos en generación de empleo y aumento de la riqueza. No es materia de este editorial abordar el tema de la equidad, sino el del colapso de los sistemas públicos. En parte por su obsolescencia, en parte por el aumento inusitado de la demanda y en parte por falta de previsión y de ejecución, tanto el transporte público de pasajeros, como el sistema de Acueductos y Alcantarillados del área metropolitana y el sistema educativo y de salud pública a nivel nacional, han colapsado o están en los últimos estertores antes de hacerlo. La seguridad pública dista mucho de ser la que los panameños sabemos que es posible y la transparencia prometida no se ve nada bien.
Es evidente que la explosiva demanda de apartamentos en el centro de la capital exacerbará el problema del tráfico vehicular y está haciendo reventar las cañerías de aguas negras en importantes puntos de la ciudad de Panamá. Pronto veremos los nuevos palacetes rodeados de fosos, pero no infestados de cocodrilos para proteger la seguridad del castillo, sino de heces e inmundicia provenientes de tuberías reventadas diseñadas para otros volúmenes. La tragedia cotidiana de los pobres que viven al pie de los "patios limosos" se traslada a los barrios más opulentos de la capital. ¿Y el IDAAN? Bien gracias.
Otro tanto pasa con el sistema de transporte público de pasajeros, cuya solución no tiene ni visos de llegar porque el Presidente ya dijo que "No hay plata". Extraño argumento para un gobierno que administra un creciente superávit de más de 600 millones de balboas y que sí tiene dinero para otros proyectos multimillonarios que son importantes, pero no urgentes.
El país colapsa poco a poco y las autoridades parecieran estar en un juego de "las sillas musicales". Los ministros y directores sólo están pendientes de la música para tratar de no quedarse sin silla y no ven que a su alrededor la casa se nos cae a pedazos.