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Colombia: lo que le espera


Alvaro Uribe Vélez asumió el 7 de agosto pasado la presidencia de Colombia. Miles de policías, soldados, helicópteros, tanquetas y hasta un avión espía-vigía norteamericano, formaban parte del operativo que procuraba garantizar la seguridad de los funcionarios entrantes, los salientes y de los 600 invitados especiales, entre éstos, varios presidentes latinoamericanos y enviados europeos, como el Príncipe de Asturias. Y a pesar de eso fue saludada su asunción con una sospechosa salva de morteros, cobrando como siempre vidas inocentes como las de la "Calle del Cartucho", barrio de gamines e indigentes que no han pedido la guerra.
El Dr. Álvaro Uribe Vélez ganó con amplitud las elecciones. Es indudable que muchos colombianos, por convicción o por desesperación creyeron en la ilusión de sus promesas. La misma historia se vivió hace cuatro años, el Dr. Andrés Pastrana Arango también obtuvo la mayor votación de la historia con su propuesta de alcanzar la paz. "El cambio es ahora" prometía. El 7 de agosto se fue Pastrana Arango dejando atrás un país todavía más empobrecido, con un conflicto que ha dejado de ser "interno" al abrir las puertas a la injerencia militar norteamericana, millares de refugiados, en muchos casos desprotegidos y una economía con graves perspectivas.
Durante la gestión de Pastrana el nivel de pobreza subió más de 8 puntos y se aproxima ahora al 60 % de la población. Dentro de esos 24 millones de pobres, hay nueve millones de colombianos que viven en la indigencia con ingresos mensuales inferiores a los 70 mil pesos (unos 26 dólares). Estas cifras nos exime de abundar en otros índices tributarios, de pobreza, como los que señalan el aumento del desempleo, de la capacidad adquisitiva de los salarios y de asistencia sanitaria, etc. Roberto Junguito, nuevo ministro de Hacienda del gobierno uribista, afirma que Colombia necesita crecer a un ritmo del 6% durante los próximos seis años. Para ello, lógicamente promete reactivar la economía. Pero en cuanto a medidas concretas, anunció que presentará al Congreso dos reformas que permitirán al gobierno ingresar 2,400 millones de dólares en los próximos cuatro años. Una de ellas, pretende crear bonos de seguridad (o de guerra). Este tributo estará destinado a reforzar el financiamiento de las Fuerzas Armadas. La otra reforma, procura aumentar la recaudación de los impuestos.
De los 2,400 millones de dólares que calcula recaudar el ministro Junguito en cuatro años, casi un 70 % de ese montante será destinado " a financiar la guerra contra la guerrilla". Al confirmar que el nuevo gobierno colombiano desviará fondos que podrían destinarse al desarrollo económico y social para gastarlos en el presupuesto militar, afirmó que "el conflicto armado requiere recursos inmensos". En un análisis sobre el nuevo gobierno, Fabio Villegas , Director de la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (ANIF), dijo que la prioridad es una economía sana que permita crear empleo. "Este país no es viable con 10 millones de desempleados y subempleados", añadió Villegas. Sin embargo, el gobierno de Uribe asume la firme idea de apagar el incendio con mangueras llenas de combustible.
El nuevo Ministro de Hacienda también piensa "honrar la deuda externa" colombiana. (23 mil millones de dólares). Este año las amortizaciones de capital y el pago de intereses consumieron el 35 % del presupuesto del país. El ni siquiera piensa en la renegociación de la deuda. Por este camino es previsible augurar un mayor endeudamiento con la consiguiente pérdida de la soberanía colombiana, las posibilidades de un desarrollo nacional no dependiente con la participación de los sectores productivos de esa nación y el creciente deterioro de las áreas sociales, salud, educación, vivienda, etc.
En el campo de la justicia, el gobierno de Uribe propondrá la eliminación de la Defensoría del Pueblo. Imagínese usted eso, en un país que tiene tradición de ser el que mayores violaciones se dan de los derechos humanos en América y además, algunas modificaciones a la Corte Constitucional para que ésta no pueda ejercer control constitucional a la declaratoria del Estado de Excepción.
El nuevo Presidente de Colombia accede al cargo en una coyuntura favorable para su discurso de alcanzar la paz aumentando la guerra. En lo interno, por el fracaso del camino negociador seguido por Pastrana. En lo internacional, el discurso "antiterrorista" de George Bush, bajo cuyo paraguas se puede cobijar cualquier tipo de represión siempre que se haga a favor de los intereses del gobierno norteamericano. Uribe aspira a la misma "bula" que disfruta Ariel Sharon en su "pacificación" de Medio Oriente: una guerra abierta y desigual con constantes y gravísimas violaciones a los Derechos Humanos, ataques y control militar de la población civil.
La comparación no es caprichosa. También Uribe -como Sharon - prefieren desconocer el trasfondo de los conflictos. Caracterizar al enemigo como fanático, loco, o asesino descarta de hecho la posibilidad de que existan causas reales para el conflicto. El nuevo presidente reduce la situación a una "guerra antiterrorista" y omite el fondo de injusticia social que subyace en cuatro decenios de violencia. En el horizonte, el posible aumento de la implicación militar norteamericana y "soluciones" como alcanzar un millón de confidentes o "chivatos" en base a compensar económicamente eventuales delaciones. Una reedición institucional de los sicarios, aunque éstos en principio no asesinen y se limiten a "señalar".
(romagrau19@hotmail.com)

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