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Colombia: ¿Nos alarmamos o actuamos?


Cuando observamos y oímos las imágenes que los aventureros y ágiles periodistas de Televisora Nacional nos trajeron sobre los conceptos del Comandante Reyes de las FARC y otros "combatientes", fácilmente nos dejaríamos llevar por el encanto de esos guerrilleros, a un nivel romántico y con el espíritu "revolucionario" de quienes hemos sentido las inquietudes sociales y hemos luchado por mejores condiciones en el reparto social de la riqueza. No obstante, las informaciones que tenemos sobre Colombia, su profunda crisis, que ya bordea la anarquía y el caos, no nos permiten ser un televidente ingenuo, como para tragarnos esas arengas, no tan vibrantes ni motivadas, que le escuchamos a esos hermanos colombianos, que de los guerrilleros ideológicos de antaño, el tiempo en que Marulanda "Tiro Fijo" y otros tantos se adentraron en las montañas, en busca de los ideales de Fidel o el "Che"; se han convertido hoy, por hechos reiterados, en bandoleros armados, sin Dios ni ley, que viven del secuestro, el narcotráfico y el terror de sus propios hermanos.
Los ojos, necesariamente veteranos, nos permitieron auscultar más allá de las palabras de los supuestos combatientes idealistas. El campamento filmado, como lo dijo uno de los líderes, era perteneciente a una unidad política. Por ello, la disciplina, observada en las formas gestuales, la conducta, las palabras de esos colombianos y las mujeres militantes, no era muy rígida; incluso sus aspectos físicos, no demostraban demasiados rigores de la lucha armada, sino más bien una situación casi administrativa, aún en medio del monte, que por otra parte, tampoco se veía como una selva enmarañada. Sin duda, lo que para nuestros valientes periodistas era toda una faena de indudable riesgo personal y profesional, para los "guerrilleros" era una típica acción propagandística.
Ver el almacén lleno de víveres, las comidas comunes y corrientes, y más bien excelentes para la vida de los combatientes de guerra reales en la selva, no parece guardar relación ninguna con una vida de privaciones. Más bien nos explica la ira de algunos jefes militares con el gobierno civil, que coordina el plan de paz, al haberle concedido tierras de exclusión militar, donde está prohibido el accionar del ejército, con lo cual estos guerrilleros tienen un santuario, donde operan sin problemas, casi con total inmunidad.
Por ello el ambiente filmado, más que una zona de guerra real, nos pareció un área típica de entrenamiento, con situaciones de corte administrativas y políticas más que tácticas. La facilidad relativa con la cual periodistas extranjeros, no sólo los panameños, que abrieron el compás por primera vez, y también ONGS y otros, ingresan a los campamentos, los filman y entrevistan en esos territorios no controlados por las fuerzas armadas, nos indican la libertad con la que actúan. Solicitan con razón esos guerrilleros que se les permita la autodeterminación sin injerencias foráneas, pero no respetan la autodeterminación individual, pieza clave del derecho, para con las personas que secuestran y extorsionan. Ejemplo, ¿Por qué uno de esos grupos, que todos se parecen en método, mantienen raptado al panameño vendedor, contra su voluntad"... ¿Acaso no es ir contra la autodeterminación de un ser?...Por ello, no me convencieron los guerrilleros, sí el valioso reportaje de los jóvenes periodistas, excelente aporte. No les creo el patriotismo, el nacionalismo, porque sus hechos violentos, innecesarios con los hombres y mujeres que secuestran y extorsionan, los desdicen. Justificaríamos que en guerras idealistas se enfrenten al ejército, o a los paramilitares, las armas del gobierno. Pero, ¿hasta cuándo tantas víctimas inocentes? Que dejemos el problema de Colombia a los colombianos, nos dicen. Y es justa su petición, sino fuera porque ya han maltratado y vejado a humildes colonos nacionales, por el sólo delito de vivir en las apartadas zonas limítrofes. Ciertas son las mayorías de las demandas ideológicas de que doce familias bellacas se han turnado en el poder, en un país con una infame distribución del ingreso; pero infame es también el tráfico de drogas, y sus colaterales delitos, con los cuales se envenena al mundo, y con lo cual, sin duda, se pagan las armas, la tecnología de guerra moderna, la comida y el bienestar relativo que tienen esas guerrillas, que se han tomado para sí la justicia y la vida de gentes. ¿Vimos al "Che" Guevara, de quien le dije al propio Fidel en 1982 en visita en La Habana que lo admiraba más que al dueño de Cuba, secuestrar gente humilde y pedir rescate por sus vidas?...No lo creo.
Terminando con la alusión, en aquella reunión con Fidel en La Habana, hablando sobre el "Che" le dije: "Con todo el respeto Comandante, el "Che" es aún un poema, un ideal, un sueño visionario de la revolución pura, al inmolarse en la altiplanicie de Bolivia, y usted ya ha gobernado, ha fallado, se ha contaminado del poder, y el argentino seguirá siendo un sueño, un poema"... Del mismo modo, lo que Manuel Marulanda "Tiro Fijo" inició hace cuarenta años, seguramente era un poema social, un sueño de reivindicaciones. Pero lo que hay hoy está contaminado por el narcotráfico, la extorsión y el oportunismo; y manchado por el crimen común, por la guerra sin razón, por la imposición oportunista y salvaje.
Los panameños no podemos quedarnos confiados en palabras de propaganda vana. No podemos creer en lo que ningún colombiano sensato cree: que las guerrillas son ideológicas o realmente nacionalistas y revolucionarias. Igual que no podemos creer en una clase política como la actual y las pasadas, en un país donde las presidencias se heredan, y se heredan las berraqueras, los oportunismos de Estado...¿Qué debemos hacer?... Eso no es fácil determinarlo. Obvio es, eso sí, que cuarenta millones de colombianos inmersos en una guerra civil, en un país que perdió la autoridad moral y la autoridad real, para imponer la justicia y el orden, nos golpea demasiado fuerte como para cruzarnos de brazos. Los remedios para nosotros pueden ser drásticos, difíciles, pero nunca más difíciles que dejar que esas guerras nos invadan por simple peso de la geografía, el éxodo que ya existe, y el laberinto del narcotráfico que ya nos invadió hace rato. La demagogia de derecha e izquierda es mucha en Panamá. Tenemos que ser realistas. El mayor patriotismo se basa en atender nuestros intereses, y velar por la tierra que heredamos a nuestros hijos. ¿Dejaría usted su casa y su familia más querida en manos de unos hombres armados con un discurso bonito, cuando usted los ha visto asesinar y ultrajar sin razón?...¿No buscaría usted un remedio oportuno contra ellos, aunque la medicina conlleve riesgos y efectos secundarios? Es mejor buscar medidas cuando aún tenemos tiempo de pensar, que pretender hacerlo, cuando, como en Colombia, ya no hay tiempo de nada.

101 años de Panamá América

 
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