Colón no necesita más de lo mismo
Hoy, como durante los últimos dos años, en toda la nación la actividad diaria transcurre en una creciente preocupación por los problemas económicos y sociales, que desde hace ya un largo tiempo, venimos incubando. En la actualidad, el país se encuentra en un estado prolongado de deterioro económico (para no entrar en discusiones teóricas y estériles sobre si debemos llamar a este fenómeno recesión o desaceleración), y en un desorden social cada vez más deprimente y peligroso. Para muchos, es un lógico producto de las crisis generadas por inadecuadas políticas económicas, situación esta que se ha agravado durante el período señalado, por la falta de políticas de Estado y de Gobierno bien definidas.
No es nuestro interés ahora entrar en un debate político, pero lo cierto es que la desarticulación del gobierno de turno amenaza con agudizar la situación actual y aproximar las soluciones requeridas al entorno del más infinito.
Es conocido y aceptado que la crisis económica actual tiene causas tanto internas como externas, pero si nos empeñamos en no reconocer, identificar y aceptar el estado de cosas por la que atravesamos y nos conformamos con encontrar justificaciones sin ninguna credibilidad, sería más favorable declararnos incompetentes de construir un país para todos.
Si a pesar de la crisis, no nos disponemos a enfrentar con la voluntad política requerida los graves problemas a los que nos enfrentamos, sencillamente no podremos esperar más, sino estar en el futuro inmediato inmersos en medio de una bancarrota política y social, cuyas consecuencias sociales y económicas son impredecibles en el tiempo y su dimensión.
Al enfocar esta problemática de manera particular y referirnos a la provincia de Colón, la situación adquiere ribetes mucho más alarmantes y preocupantes. Un desempleo nominal de un 24 0 25%, significa que uno de cada cuatro personas comprendidas en las consideradas como población económicamente activa, residente en Colón, no está ocupada. Esto es suficiente para entender las constantes movilizaciones de desempleados en la segunda ciudad de la República.
La anterior no es casual ni coyuntural, esto obedece a que desde hace mucho tiempo ya, Colón viene padeciendo la falta de atención por parte de las autoridades. El último macro proyecto que tuvo un impacto masivo en la generación de empleos fue la creación de la Zona Libre de Colón. Desde entonces, no se han conocido inversiones gubernamentales importantes o políticas de incentivos al sector privado dirigidas a la generación permanente de puestos de trabajo. Esto a nuestro juicio, es la causa fundamental del deterioro integral de la provincia.
Si bien, hace algunos años el Sociólogo Raúl Leis retrató a Colón en el Ojo de la Tormenta, al correr del tiempo es preciso advertir que se trata de un fenómeno o tormenta social con potencial de afectar a todos los panameños y extranjeros residentes en el país, sin distingos de raza, color o clase social.
Hoy, en medio de la crisis económica y social que padecemos, el deterioro material de las condiciones de vida en Colón se agudizan por la suma de los problemas coyunturales y de los estructurales ya existentes.
Los males estructurales que aquejan a la provincia de Colón han sido tratados no en pocas ocasiones en foros políticos y de gobierno. Los sucesivos gobernantes y sus equipos técnicos, al más alto nivel, han conocido bien el conjunto de indicadores económicos y sociales que reflejan la naturaleza de esta problemática.
Si bien el conocimiento de la naturaleza y del desarrollo de la problemática de Colón se constituye en una premisa básica para definir los cambios necesarios para superar el ciclo de miseria económica y deterioro social de la provincia. Habría que preguntarse por qué hasta el momento estas herramientas del desarrollo no han sido aplicadas para la formulación y ejecución de un verdadero "Plan de desarrollo integral para Colón".
Para éste y los sucesivos gobiernos, sería erróneo continuar enfocando el problema de Colón únicamente sobre la base de estereotipos y calificativos denigrantes, y por supuesto equivocados, de la capacidad productiva, técnica, profesional, ética y moral de los colonenses.
Después de tanto saqueo de Sirios y Troyanos, del abandono de los gobiernos a un pueblo orgulloso de su aporte a la economía, la cultura, la historia y la conformación de la nación panameña, promover la idea de que nuestro problema radica en la baja autoestima en que estamos acostumbrados a vivir, esperando que nos resuelvan nuestros problemas sin hacer el menor esfuerzo posible. Hemos tenido una vida fácil y no sabemos de dónde nos cae la plata, como asegurara una extranjera acogida noblemente en nuestro país, que con sólo pasar un breve período de su vida visitando Colón, vive mejor que los colonenses. Es sencillamente confundir causa y efecto, y no es más que una muestra del irrespeto y desinterés por Colón y los colonenses.
Este tipo de argumentos demagógicos, que se aparejan a los vertidos por el Ministro de Trabajo y el Primer Vicepresidente de la República, quienes señalan con marcado desprecio, que los colonenses no estamos capacitados para el trabajo, sólo buscan postergar el problema de fondo y hacernos conformar con más de lo mismo: La aplicación de medidas emergentes, aisladas y de carácter temporal.
Colón no necesita más de lo mismo. Para abordar el problema de Colón es necesario además de interpretar correctamente nuestra realidad, elevar la situación a un problema de Estado y declarar a la provincia "¡rea Prioritaria de Interés Nacional", y sobre esta base, sustentar y desarrollar una propuesta integral de desarrollo.
No es nuestro interés ahora entrar en un debate político, pero lo cierto es que la desarticulación del gobierno de turno amenaza con agudizar la situación actual y aproximar las soluciones requeridas al entorno del más infinito.
Es conocido y aceptado que la crisis económica actual tiene causas tanto internas como externas, pero si nos empeñamos en no reconocer, identificar y aceptar el estado de cosas por la que atravesamos y nos conformamos con encontrar justificaciones sin ninguna credibilidad, sería más favorable declararnos incompetentes de construir un país para todos.
Si a pesar de la crisis, no nos disponemos a enfrentar con la voluntad política requerida los graves problemas a los que nos enfrentamos, sencillamente no podremos esperar más, sino estar en el futuro inmediato inmersos en medio de una bancarrota política y social, cuyas consecuencias sociales y económicas son impredecibles en el tiempo y su dimensión.
Al enfocar esta problemática de manera particular y referirnos a la provincia de Colón, la situación adquiere ribetes mucho más alarmantes y preocupantes. Un desempleo nominal de un 24 0 25%, significa que uno de cada cuatro personas comprendidas en las consideradas como población económicamente activa, residente en Colón, no está ocupada. Esto es suficiente para entender las constantes movilizaciones de desempleados en la segunda ciudad de la República.
La anterior no es casual ni coyuntural, esto obedece a que desde hace mucho tiempo ya, Colón viene padeciendo la falta de atención por parte de las autoridades. El último macro proyecto que tuvo un impacto masivo en la generación de empleos fue la creación de la Zona Libre de Colón. Desde entonces, no se han conocido inversiones gubernamentales importantes o políticas de incentivos al sector privado dirigidas a la generación permanente de puestos de trabajo. Esto a nuestro juicio, es la causa fundamental del deterioro integral de la provincia.
Si bien, hace algunos años el Sociólogo Raúl Leis retrató a Colón en el Ojo de la Tormenta, al correr del tiempo es preciso advertir que se trata de un fenómeno o tormenta social con potencial de afectar a todos los panameños y extranjeros residentes en el país, sin distingos de raza, color o clase social.
Hoy, en medio de la crisis económica y social que padecemos, el deterioro material de las condiciones de vida en Colón se agudizan por la suma de los problemas coyunturales y de los estructurales ya existentes.
Los males estructurales que aquejan a la provincia de Colón han sido tratados no en pocas ocasiones en foros políticos y de gobierno. Los sucesivos gobernantes y sus equipos técnicos, al más alto nivel, han conocido bien el conjunto de indicadores económicos y sociales que reflejan la naturaleza de esta problemática.
Si bien el conocimiento de la naturaleza y del desarrollo de la problemática de Colón se constituye en una premisa básica para definir los cambios necesarios para superar el ciclo de miseria económica y deterioro social de la provincia. Habría que preguntarse por qué hasta el momento estas herramientas del desarrollo no han sido aplicadas para la formulación y ejecución de un verdadero "Plan de desarrollo integral para Colón".
Para éste y los sucesivos gobiernos, sería erróneo continuar enfocando el problema de Colón únicamente sobre la base de estereotipos y calificativos denigrantes, y por supuesto equivocados, de la capacidad productiva, técnica, profesional, ética y moral de los colonenses.
Después de tanto saqueo de Sirios y Troyanos, del abandono de los gobiernos a un pueblo orgulloso de su aporte a la economía, la cultura, la historia y la conformación de la nación panameña, promover la idea de que nuestro problema radica en la baja autoestima en que estamos acostumbrados a vivir, esperando que nos resuelvan nuestros problemas sin hacer el menor esfuerzo posible. Hemos tenido una vida fácil y no sabemos de dónde nos cae la plata, como asegurara una extranjera acogida noblemente en nuestro país, que con sólo pasar un breve período de su vida visitando Colón, vive mejor que los colonenses. Es sencillamente confundir causa y efecto, y no es más que una muestra del irrespeto y desinterés por Colón y los colonenses.
Este tipo de argumentos demagógicos, que se aparejan a los vertidos por el Ministro de Trabajo y el Primer Vicepresidente de la República, quienes señalan con marcado desprecio, que los colonenses no estamos capacitados para el trabajo, sólo buscan postergar el problema de fondo y hacernos conformar con más de lo mismo: La aplicación de medidas emergentes, aisladas y de carácter temporal.
Colón no necesita más de lo mismo. Para abordar el problema de Colón es necesario además de interpretar correctamente nuestra realidad, elevar la situación a un problema de Estado y declarar a la provincia "¡rea Prioritaria de Interés Nacional", y sobre esta base, sustentar y desarrollar una propuesta integral de desarrollo.