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Colón, rodeado de riqueza, pero pobre


El pasado 4 de febrero, visité mi tierra natal. Fue un hermoso y resplandeciente día de verano, y el recorrido desde Panamá me mantuvo a la expectativa, llena de curiosidad e impaciencia por conocer todo lo nuevo que se ha publicado en los periódicos. Las siguientes son mis impresiones.
Hay un contraste grandísimo entre la riqueza y la pobreza; entre el buen gusto y la chabacanería; entre los oportunistas y los que realmente quieren trabajar, y finalmente entre los que trabajan por realzar el nivel físico y comercial y la desidia. Casi todos los colonenses votaron por la Doñita. Se observa, sin embargo, que ella ha hecho muy poco por ellos. Le interesa resolver los problemas de la pobreza, pero se circunscribe su efecto al Interior de la República, sin meditar no solo en los votos, sino en lo mucho que contribuye Colón al producto interno bruto.
Trataré de relatar lo que mis ojos vieron y mis oídos oyeron. Hay algunos multifamiliares construidos por la administración pasada y la actual, pero hay muchas casas condenadas a punto de caerse. Los kioscos de mal gusto inundan la ciudad tanto cerca de una de las entradas de la Zona Libre, como en la avenida principal de Colón.
La Zona Libre con su muralla antiestética hace juego con ese conjunto. Se contrapone a este estilo el trabajo que está haciendo el Ing. Rafael Arosemena, a quien felicito por el remozamiento de la estructura del antiguo depósito de la Coca Cola en la Ave. Central. El color celeste subido destaca la belleza de una arquitectura de la época pasada, digna de conservar.
El paseo Washington desluce lo que los Arabes han edificado con una arquitectura moderna y bella, por un grupo de multifamiliares construidos hace más de 25 años a los que no le han pasado una manita de pintura hace tiempo. Jamás vi la hierba tan alta en ese predio. Este paisaje de luces y sombra lo rescata las inmensas veraneras en flor que no he visto en la capital.
El maltrecho mercado, la basura por doquier, el centenario descompuesto con estacas pintada con líneas rojas en vez de mantener su cerca antigua de papos de la reina, las escuelas pidiendo a gritos cercas decentes y pintura, me tenían el corazón hecho trizas, casi como el confeti de los antiguos carnavales. Seguí observando hasta llegar a Colon 2000. Me limpié los lentes que sentía opacados por el aire contaminado de la trayectoria anterior. Colon 2000 es una atracción turística de gran valor para el país. Es bonito, espacioso y moderno. Vale la pena entrar y gozar del espectáculo. Todavía hay locales comerciales vacíos, pero los que están operando ofrecen buenos y baratos artículos para los turistas. Desde el majestuoso edificio se contempla a distancia los puertos de contenedores con sus siete grúas gigantescas.
Para poder admirar completamente Colón 2000, es necesario un guía turístico, porque hay lugares donde no se puede traspasar sin él. Lino Walker fue el nuestro. Amablemente nos ofreció sus servicios y sus conocimientos fueron valiosos. Lo más espectacular de esta gira, es que Lino fue un pandillero de esos con armas tomar. Después de una balacera, la pandilla cansada de tan penosa vida, hablaron con TARAZI, le pidieron entrenamiento y trabajo y hoy son jóvenes reformados al servicio del país.
En las áreas revertidas se destaca una moderna urbanización en lo que antes fue Brazos Brook. Es moderada en su tamaño, pero no en su belleza. Los precios son razonables. En el centro están construyendo un parque. En el antiguo Gulick, hoy Espinar, muchos de los edificios revertidos se han reconstruido con muy buen gusto, pero eso contrasta con sus calles que necesitan reparación. El principal objetivo del grupo fue conocer y almorzar en Meliá Panamá Canal. Cuando llegamos ahí sentí como si estuviera en éxtasis; me pareció que mi alma se salía de mi cuerpo. Tuve la sensación que estábamos en un pequeño paraíso lleno de toda clase de plantas, flores y orquídeas. Estoy casi segura que es el mejor hotel de Panamá, pero necesitaría otra cuartilla para exponer su belleza. El buffet fue exquisito y la atención esmerada. ¡Esto último sí que dio vida a mis años!.

101 años de Panamá América

 
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