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Comentario sobre reciente artículo


Virginia, E.U.A. El título de este artículo "El Amor Según la Encíclica Deus Caritas Est" debiera más bien haber sido: "El Amor según lo que el Dr. Juan Carlos Ansin pudo entender de la lectura de la Encíclica Deus Caritas Est". En un tiempo era de rigor que los médicos dominaran el latín, al menos, escrito. En tiempos más felices, cualquier persona educada en la lengua de Virgilio no hubiera fallado en iniciar con la palabra Deus (Dios) con mayúscula y obviar el acento en "caritas". El latín escrito carece de acentos.
No pretendo interpretar la encíclica de S.S. Benedicto XVI por ser esta la tarea de cabezas mejor ilustradas y más nobles. Solo quiero aproximar un comentario basado en un entendimiento muy limitado del escrito papal que sin embargo revela que el Dr. Ansín no "captó la onda" porque no juega en la misma liga que el Doctor Joseph Ratzinger, intelectualmente hablando. El amor, la vida y la muerte son los tres temas principales de las artes de todos los tiempos y la encíclica encara el tema del amor con la esperanza de que sus lectores estén medianamente versados en el tratamiento que el amor ha recibido en la literatura clásica y en la Biblia.
Para los antiguos (los griegos pre-bíblicos) el amor se expresaba en cuatro formas philios, storgé, eros y agape. Ellos son respectivamente el amor de la amistad, el amor familiar, el amor erótico y la caridad. La forma agape ya había caído en desuso en el koiné el griego común del primer siglo. Son los cristianos los que rescatan el uso de esta palabra griega que pasa al latín como caritas, el tierno cuidado del prójimo como expresión de fe. En nuestro tiempo estos conceptos han sufrido cambios en el uso que de ellos se hace. Por ejemplo, la palabra castellana "erotismo" no evoca ya la fuerza misteriosa que mueve a los sexos a unirse en la eterna danza natural de la seducción, unión y reproducción. En el lenguaje moderno usamos la palabra para referirnos más bien al aspecto hedonístico de la relación entre dos personas, aun si estas personas son del mismo sexo y su relación no trasciende en una nueva vida. Eso hubiera sido impensable para los antiguos, pues la misión del eros es, en forma última, la preservación de la raza inspirada por la naturaleza que despierta a sus miembros a ejercer sus funciones.
Si algo no ha cambiado desde tiempos antiguos es eso: para que el amor erótico trascienda en vida nueva, hacen falta un hombre y una mujer conectados con el plan natural. Poco tiene que ver en este asunto la eventual inclinación humana a la homosexualidad. Esto no pasa de ser philios que pretende ser eros pero que no trasciende, no resulta, en la generación de vida. En esto los antiguos tenían bien claro el concepto: eros puede contener a philios pero philios no puede contener a eros.
Si bien es cierto que la modestia cristiana puede haber incurrido en excesos, los resultados de dichos excesos no tienen comparación con los desastres producidos por la liberación sin frenos de la libido, a la cual el Dr. Ansín parece confundir con el eros clásico. El problema se puede apreciar mejor si observamos que ya no vivimos en una cultura clásica. El advenimiento del cristianismo y la maduración de la doctrina cristiana han resuelto la indefinición de la cultura pagana. Para el cristiano Dios se revela en todas las cosas, aun en un mundo desviado de su propósito original por la desobediencia humana.
Lo maravilloso de todo eso es que Dios nos invita en Cristo a participar en aquella primera tarea "llenad la tierra y sojuzgadla". El eros es el medio de Dios para poblar el mundo pero esa no es la finalidad última: la tierra debe ser dominada y también todo lo que ella contiene. En el éxito de esa tarea el hombre prueba su origen divino. La disciplina no es un fin en si misma sino el medio de conseguir un fin. El elemento libidinoso en el eros no es el eros mismo. El mismo eros es un generador que en un tiempo futuro cede su dominación a la caridad y se realiza en ésta.
En suma, la interpretación sesgada que el Dr. Ansín hace de la encíclica papal no es sorprendente. En el mundo la cultura ha sido tomada por asalto por estos nefastos personajes que creen estar de vuelta de toda la experiencia humana. Aunque viven en una sociedad que es el resultado de las ideas cristianas, ellos niegan al cristianismo y en especial a la Iglesia Católica, su justo título de creadores de esta sociedad. Como el tonto del cuento, serruchan la rama donde están parados. Digo esto porque no existe otra sociedad comparable. Ni el Islam, ni los emperadores chinos, ni el comunismo han podido producir una sociedad tan dinámica e inventiva como lo que hoy llamamos "Occidente". El hecho de que un grupo haya decidido cometer suicidio intelectual no merita que le sigamos la corriente. Elijamos la vida, vivamos el amor en todas sus formas y magnifiquemos su fuerza disciplinándola para beneficio de la sociedad.

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