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Comisión de Transición


Es buena noticia que la presidenta de la República, Mireya Moscoso, haya anunciado que constituirá una Comisión de Transición que estará integrada por miembros de su gobierno y de quien resulte ganador en las próximas elecciones, "gane quien gane". La primera vez que vimos trabajar una comisión de ese tipo fue durante los últimos meses de la administración de Guillermo Endara, en la cual participó un equipo designado por el entonces mandatario electo, Ernesto Pérez Balladares.
Al margen de constituir una positiva muestra unidad nacional, por encima de las diferencias circunstanciales de la política, la práctica es excelente para evitar la pérdida de tiempo entre un gobierno y otro. Al fin y al cabo, ambos comparten y sirven al mismo país. No obstante, es indudable que no es algo libre de tensiones, sobre todo cuando se trata de mandatarios de distinto signo o alianza partidaria. Hemos recordar al respecto, la reprimenda de últimos días dispensada por el presidente Endara a los del equipo designado por el entrante Pérez Balladares, cuando dijo: "¡Deben recordar que el presidente todavía soy yo!", ante las incómodas órdenes, disfrazadas de recomendaciones, que recibían sus funcionarios por parte de sus futuros reemplazantes.
En peor situación estuvo la actual mandataria, Mireya Moscoso, cuando ganó las elecciones. Por alguna razón no aclarada, no hubo comisión ni trabajo de transición con el gobierno del saliente Pérez Balladares, quien en sus últimas semanas dijo: "Pretendo seguir mandando hasta el último segundo de mi gobierno". Y aunque se atribuye la ausencia de transición a la frustración ocasionada por su derrota en el referéndum sobre su reelección del año previo 1998, lo más probable es que fuera la falta de interés la verdadera causa de que no hubiera.
De cualquier modo, es una práctica sana, que debemos estimular a que se institucionalice. No queremos escuchar quejas de programas de computadoras sustraídos, cuentas desordenadas, documentos borrados o botados, ni de chequeras vacías.
Ninguna de las dos administraciones, ni la que cesa ni la que entra es dueña de esos negocios y haberes. Son patrimonio de la Nación a la que se deben y sirven.
Vamos a elegir a los mismos legisladores que nos han llenado de vergüenza, vamos a elegir los candidatos sólo con la esperanza de que podamos sacar un beneficio personal. Hemos vendido nuestro voto a cambio de los regalos que nos hicieron los candidatos: bolsas de comida, licor, gorras y camisetas.
Pasarán las elecciones y tendremos más de lo mismo. ¡Qué suerte más triste la de los panameños responsables! ¡Qué suerte más triste la de este país!
Le deseo suerte, sin embargo no creo que supere los niveles alcanzados por aquellos que tradicionalmente han estado en contra de todo y a favor sólo de sus bolsillos.
Esto no me producirá muchos amigos, pero quiero asumir una responsabilidad para con mi país, y sabe qué: ¡La voy a cumplir!
(jbmckay@cableonda.net)

101 años de Panamá América

 
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