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Como bandada de patos


La crisis financiera mundial cada día es más grave y sus consecuencias no han tocado fondo aún. Panamá no escapará de esta triste realidad; basta ver los pronósticos de crecimiento económicos para los años 2009 y 2010 presentados por los organismos internacionales. Las posibilidades de salir mejor librados están en la capacidad de nuestro actual y futuro gobernante, y de los empresarios de hacer ajustes a las políticas públicas y privadas, controlar los gastos y promover inversiones en infraestructura que produzcan empleos y bienestar social.

Uno de los grandes errores de los mandatarios es pensar que en los últimos meses de su periodo presidencial pueden cambiar la percepción negativa del pueblo. Habida cuenta que durante los primeros años de gestión no se toman las medidas para que las instituciones públicas tengan la capacidad de dar respuesta a los problemas de las comunidades, lo más fácil y rápido resulta optar por medidas populistas acudiendo a las arcas del Estado y repartiendo a diestra y siniestra los dineros de los contribuyentes.

El pueblo, que no es tonto, sabe que esa debilidad tradicional es su oportunidad para exigir y las aprovecha al máximo con cierres de calles, manifestaciones y huelgas que, por miedo a perder votos son atendidas a como dé lugar por los asustados funcionarios. Pero la realidad ha demostrado todo lo contrario, pues de ninguna forma éstos cambian su decisión del voto. A contrario senso, quienes están indecisos ven estas medidas como una debilidad más y un malísimo uso de nuestros impuestos.

La vacuna para ese mal es que, al inicio de cada administración, el Presidente electo exija a sus aliados y copartidarios que, al igual que respetará sus compromisos políticos, con igual celo exigirá que los candidatos que le presenten para formar su gabinete sean personas capaces e íntegras (que las hay en todo partido). De ejercer cabalmente ese derecho a veto, se ahorrará futuros problemas con las alianzas y la desagradable tarea de cambiarlos cada año por ineptos o ladrones. Ministros y funcionarios fieles, probos y capaces, evitarán al mandatario estar al final de su período emparchando deficiencias y ocultando faltas.

El mejor aliado es aquel que desde el inicio dice de frente lo que piensa y no aquellos para quienes todo está bien pero que, al final, con el primer disparo huyen como bandada de patos.

101 años de Panamá América

 
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