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Como decíamos ayer...


Con el título emulando a Fray Luis de la Cruz, luego de una pausa, vuelvo a escribir. Debo admitir que me siento altamente halagado por el número de personas, amigos y extraños, que me reclaman haber tomado vacaciones de la pluma. Sus mensajes de simpatía con mis escritos, son estímulos para volver a la palestra. Muchas gracias. Me gustaría retornar, como decíamos ayer, con mi visión de la causa principal de nuestro subdesarrollo y, por ende, génesis de nuestros males.
Si bien es cierto que en mis escritos he sido crítico de nuestra clase política y nuestros órganos del Estado, no es menos cierto que he sido particularmente crítico de nosotros mismos. He dicho y sigo insistiendo que para lograr un verdadero cambio y liberarnos del subdesarrollo, debemos cambiar primero nosotros mismos. Somos el origen y causa de nuestros males. El necesario cambio cultural para ser permanente tiene que ser interno, nacer dentro de nosotros. Y esto no es tarea fácil, ni tampoco posible de ser delegada a otros. La tenemos que hacer nosotros mismos.
No hace mucho escribí un artículo donde expresé mi completo acuerdo con lo sustentado por Lawrence Harrison, de la Universidad de Harvard, de que nuestro subdesarrollo latinoamericano es cultural. Estoy convencido de que los latinoamericanos tenemos una herencia histórica-cultural muy pesada que frena nuestro desarrollo en todo sentido. El caudillismo, el desdén por el trabajo manual, el irrespeto al poder central, la resignación católica, el culpar y buscar en otros la solución de nuestros problemas son algunas de sus manifestaciones.
Es duro y difícil liberarnos de esa pesada carga cultural. Francis Fukuyama, por otro lado, en su libro Trust ("Círculo de Conveniencia"), observa la ausencia de multinacionales en los países de origen latino; y concluye que se debe, en gran parte, a que los latinos, contrario a los anglosajones, tenemos un círculo de conveniencia muy estrecho, no pasa más allá de nuestra familia inmediata y amigos de "confianza". No confiamos en la participación de "extraños", o sea personas lejos de nuestro estrecho círculo de conveniencia, en nuestros asuntos y negocios. Ello limita el proceso de capitalización de las empresas y, por ende, su crecimiento y explica el relativo bajo desarrollo de las bolsas de valores en los países latinos. No sucede en las culturas de más amplio sentido de círculo de conveniencia que reciben la participación de capital de millares de personas anónimas, a través de las grandes bolsas de valores de países, esa cultura. Ese estrecho sentido de círculo de conveniencia de nuestra cultura latina se manifiesta en nuestro comportamiento comunitario. No hacemos nuestros lo múltiples problemas sociales y de otra naturaleza que nos ahogan si no atañen a nuestro círculo de "trust". Sólo actuamos, como norma, cuando los problemas llegan a afectar a nuestro círculo de conveniencia. Fukuyama lleva el concepto de "Trust" al desarrollo de las naciones y concluye que el sentido de "Trust" influye significativamente en su desarrollo. Así que tanto Harrison y Fukuyama, y muchos más, coinciden en que subdesarrollo es un tema cultural.
Creo que es difícil rebatir esta tesis. Como tampoco se requiere un gran esfuerzo mental para traer a casa, a nuestro Panamá, los conceptos de Harrison, Fukuyama y otros. Esto sustenta mi tesis de que podemos esperar cambios notables y permanentes en nuestro proceder y desarrollo social-económico sólo si cambiamos nosotros mismos. La solución no está en crear nuevas leyes que incluye reformar o crear una nueva Constitución. Lo anterior no será más que un ejercicio en futilidad, si no cambiamos nosotros mismos. ¿Qué valor tienen nuevas leyes, mientras no se cumplen y aprendamos a respetar las existentes? ¿Una nueva Constitución nos haría mejores ciudadanos y figuras públicas, por sí misma? Hay tanto más que hacer que sólo producir leyes que luego no se cumplen. Mientras impere la cultura del "juega vivo" con la corrupción como su corolario lógico, mientras continuemos buscando soluciones mágicas de manos de "caudillos"; mientras sigamos echándole la culpa a otros de nuestros problemas y, peor, esperando que otros, particularmente el gobierno, los resuelvan todos; mientras no asumamos responsabilidad por nuestros actos y actuemos con solidaridad y espíritu comunitario, no habrá gobierno alguno que nos saque de este subdesarrollo.
Sólo los panameños podemos librarnos del subdesarrollo. Nadie más puede o debe hacer el trabajo por nosotros. Cambiar de comportamiento cultural de un pueblo como el nuestro será labor titánica extremadamente difícil, aunque no imposible. No es fácil cambiar la manera de pensar y actuar del panameño con la pesada carga histórica-cultural que tenemos. Tampoco la puede hacer por sí solo un gobierno por mejor intencionado y capacitado que sea, y menos en un período de cinco años. Se necesita un esfuerzo disciplinado de largo plazo. Una tarea de la magnitud que se propone requiere del esfuerzo combinado de todos los órganos e instituciones de Estado y varios períodos de gobierno. Requiere una fuerte participación de los centros de enseñanza a todo nivel. Requiere un compromiso formal de largo plazo de la clase política y la sociedad civil. No queda opción, hay que hacerlo y con urgencia. No es justo condenar a las futuras generaciones a continuar como nosotros, presos del subdesarrollo.
El camino será largo y difícil. Requiere de esfuerzos concertados de largo plazo de todos los segmentos de la sociedad. Otros lo han logrado, ¿por qué no los panameños? ¿Seremos menos capaces? No lo creo.

101 años de Panamá América

 
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