Como decíamos ayer…
UN APRECIADO profesor de literatura en tiempos del bachillerato en David, usaba la expresión que hoy utilizo como título para retomar la clase, dejando claro que la misma era la continuación de la anterior aunque versara de temas distintos. Hoy, deseo retomar la última página escrita, como seguimiento de una labor que a propósito dejé en suspenso, para darle tiempo al tiempo y dejar que las aguas buscaran su caudal natural después de la campaña electoral. Además, en estos meses, que para muchos han sido de descanso político y para otros de alejamiento eterno, para mí han significado el inicio de nuevas tareas, al frente del Partido Solidaridad, a la cual en más de una ocasión me referiré en el futuro, por la responsabilidad que conlleva y por el compromiso que en unión a la Junta Directiva y demás organismos de decisión, hemos adoptado en esta "nueva era", como me he atrevido a denominarla.
Juzgo necesario que la opinión pública se nutra de las ideas y pensamientos de todos los ciudadanos que por estos medios dejamos saber nuestras opiniones sobre variados temas. Los tiempos de limitaciones de libertad han sido superados. Resta aún, mayor acceso a la información pública, pero la lucha en este campo continúa y la exigencia ciudadana por transparencia ha servido de mucho. Las grandes decisiones en torno al futuro de la Nación pasan por las manos de los gobernantes, como debe ser en democracia, pero a veces, sin sufrir el debate riguroso y caldeado que el tema requiere. Los pretextos para no hacerlo o para fingir que se ha hecho abundan, pero nadie come cuentos y se sabe cuándo una discusión es en serio y cuándo se hace para cumplir con una mascarada, como fue el caso de la reciente reforma constitucional.
El balance que la opinión pública genera, debe funcionar como un freno a los excesos o una clarinada de alerta ante los errores, como ha quedado demostrado en varios momentos importantes en donde un titular, una caricatura que censura o una serie de artículos ha hecho rectificar a los poderosos , haciendo que el sistema funcione como debe ser. La crítica responsable siempre debe ser tenida como una eficaz herramienta de gobierno; la adulación rastrera, como la peor de las consejeras. Ejemplos han habido y fracasos se han sufrido por creerse el gobernante todo lo que le dicen los eternos palaciegos de distintos ropajes.
Vienen tiempos complejos, y pronto. La pericia en el manejo de la cosa pública será de gran importancia, así como la cuota de liderazgo que se perciba de parte de quien dirige la nave principal. En escasos cien días, el panorama es de fácil determinación. Las promesas desmedidas de campaña comienzan a pasar sus propias facturas, y las decisiones que se adopten o se impongan, dependiendo del estilo que se use, lo harán en su justa medida también. Los problemas son integrales y uno de los principales obstáculos que se tiene y que no se desea aceptar es que el sistema colapsado que existe es incapaz de darle la propia salida a los mismos. Si no, veamos cómo anda la justicia, la seguridad ciudadana, el juega vivo generalizado, entre otros. Imponer soluciones para salir del atolladero, no es lo prudente, si se desea que la ciudadanía asuma su papel democráticamente, pero imponerlas y no resolverlos es peor. Cada vez veo más necesaria la Constituyente, la cual se ve venir por exclusión y no por escogencia. Lo dije en campaña y lo reitero ahora: el sistema actual se encarga de imposibilitar el éxito de cualquiera que haya sido el gobierno electo. El status quo no cambia, por más frases en torno a una Patria Nueva que ensayan quienes defienden una promesa incierta e imperceptible hasta la fecha. Ahora bien, si lo que se desea es más de lo mismo, pero con otros actores en el drama, entonces sí estamos en el escenario ideal. Por ello es que para algunos, cambiarlo o intentar cambiarlo, es un atentado.
Pasadas las fiestas, retomaremos la agenda nacional. Las reformas en camino presagian mucha confrontación y el escenario va a ser cambiante, por decir lo menos. No veo tendencias positivas hacia reales consultas para adoptar las decisiones. La mayoría incuestionable, para algunos, parece hacerlas innecesarias y el estilo ya conocido de reserva hasta el último minuto volverá a jugar su papel. Serán momentos de grandes definiciones.
Mientras, les deseo a todos unas felices fiestas de Navidad y Año Nuevo, con la esperanza siempre puesta en mejores día para toda la Nación.
Juzgo necesario que la opinión pública se nutra de las ideas y pensamientos de todos los ciudadanos que por estos medios dejamos saber nuestras opiniones sobre variados temas. Los tiempos de limitaciones de libertad han sido superados. Resta aún, mayor acceso a la información pública, pero la lucha en este campo continúa y la exigencia ciudadana por transparencia ha servido de mucho. Las grandes decisiones en torno al futuro de la Nación pasan por las manos de los gobernantes, como debe ser en democracia, pero a veces, sin sufrir el debate riguroso y caldeado que el tema requiere. Los pretextos para no hacerlo o para fingir que se ha hecho abundan, pero nadie come cuentos y se sabe cuándo una discusión es en serio y cuándo se hace para cumplir con una mascarada, como fue el caso de la reciente reforma constitucional.
El balance que la opinión pública genera, debe funcionar como un freno a los excesos o una clarinada de alerta ante los errores, como ha quedado demostrado en varios momentos importantes en donde un titular, una caricatura que censura o una serie de artículos ha hecho rectificar a los poderosos , haciendo que el sistema funcione como debe ser. La crítica responsable siempre debe ser tenida como una eficaz herramienta de gobierno; la adulación rastrera, como la peor de las consejeras. Ejemplos han habido y fracasos se han sufrido por creerse el gobernante todo lo que le dicen los eternos palaciegos de distintos ropajes.
Vienen tiempos complejos, y pronto. La pericia en el manejo de la cosa pública será de gran importancia, así como la cuota de liderazgo que se perciba de parte de quien dirige la nave principal. En escasos cien días, el panorama es de fácil determinación. Las promesas desmedidas de campaña comienzan a pasar sus propias facturas, y las decisiones que se adopten o se impongan, dependiendo del estilo que se use, lo harán en su justa medida también. Los problemas son integrales y uno de los principales obstáculos que se tiene y que no se desea aceptar es que el sistema colapsado que existe es incapaz de darle la propia salida a los mismos. Si no, veamos cómo anda la justicia, la seguridad ciudadana, el juega vivo generalizado, entre otros. Imponer soluciones para salir del atolladero, no es lo prudente, si se desea que la ciudadanía asuma su papel democráticamente, pero imponerlas y no resolverlos es peor. Cada vez veo más necesaria la Constituyente, la cual se ve venir por exclusión y no por escogencia. Lo dije en campaña y lo reitero ahora: el sistema actual se encarga de imposibilitar el éxito de cualquiera que haya sido el gobierno electo. El status quo no cambia, por más frases en torno a una Patria Nueva que ensayan quienes defienden una promesa incierta e imperceptible hasta la fecha. Ahora bien, si lo que se desea es más de lo mismo, pero con otros actores en el drama, entonces sí estamos en el escenario ideal. Por ello es que para algunos, cambiarlo o intentar cambiarlo, es un atentado.
Pasadas las fiestas, retomaremos la agenda nacional. Las reformas en camino presagian mucha confrontación y el escenario va a ser cambiante, por decir lo menos. No veo tendencias positivas hacia reales consultas para adoptar las decisiones. La mayoría incuestionable, para algunos, parece hacerlas innecesarias y el estilo ya conocido de reserva hasta el último minuto volverá a jugar su papel. Serán momentos de grandes definiciones.
Mientras, les deseo a todos unas felices fiestas de Navidad y Año Nuevo, con la esperanza siempre puesta en mejores día para toda la Nación.