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¿Cómo hacerlo y quién lo haría?


Constantemente me entero en los órganos de comunicación social, sobre las declaraciones de personas que se consideran (ellas mismas) autorizadas, documentadas o competentes, señalando mil y un vicios, desajustes morales, injusticias, fraudes, actos de corrupción y otros delitos evidentes, indicando que “hay que tomar medidas” para erradicar tales anomalías y castigar a los culpables.
Estamos de acuerdo, pero lo que no plantea la mayoría de dichos denunciantes es cómo hacer para que se logre corregir este nocivo comportamiento social, en forma definitiva, y quienes sí presentan alguna propuesta no suelen indicar con quién o quiénes se podría lograr.
Como ejemplo pongo sólo un caso: Se habla y se discute, y hasta se realizan foros, en torno a la urgente necesidad de realizar cambios en nuestra Constitución Política o elaborar, aprobar y poner en vigencia una nueva.
La pregunta que surge al canto es: ¿Quiénes redactarían la propuesta de cambios, de manera que se ajusten a lo que realmente requiere este país para volver a intentar salir del subdesarrollo, sin meterle cuñas y hábiles “zancadillas” tendientes a beneficiar a intereses creados y desvirtuar los buenos propósitos que se desee llevar a la realidad?
¿Quiénes aprobarían tales reformas? ¿Una mayoría de ciudadanos, influenciada, en su ignorancia o sus ambiciones, por los politicastros aviesos, demagógicos y corruptos de la oposición o del gobierno que no quieren perder su impunidad ni sus canonjías, aunque el país se vaya al desastre, o por la propaganda alucinante y mentirosa financiada por los grandes intereses creados a los cuales no les convienen los cambios regeneradores de la moral política, la equidad, la justicia plena y la decencia en este país?
Honestamente, creo que ninguna medida o alternativa de sanidad moral y política prosperará en Panamá, mientras no se cambien los antivalores imperantes hoy día en nuestro ambiente social y para ello se requiere tiempo; pues hay que comenzar por educar a las nuevas generaciones ya que, en su mayoría, las adultas y menos jóvenes ya están muy contaminadas de ejemplos de corrupción, inmoralidades y deshonestidades. Pero, para esa educación o regeneración ética y moral, ¿de quiénes vamos a depender? ¿A quienes podríamos asignarle esta inmensa y trascendental tarea?
¿ A los actuales educadores que, salvo excepciones, sólo se interesan por obtener ventajas personales y gremiales y que eluden la responsabilidad de brindar una apropiada educación y formación de valores en la juventud, educación y formación que, en muchos casos, ni ellos mismos poseen o cultivan?
¿Dependeremos cuando se acepta que la familia en Panamá está en proceso de desintegración y que a cada rato vemos cómo padres de familia roban los fondos de las escuelas de sus hijos, le pegan a educadores, irrespetan a las autoridades educativas que, a su vez, no se hacen respetar, y dan el peor ejemplo posible a sus propios hijos?
Es muy importante comprender que ya nacieron y tienen más de 3 años de edad los niños que serán ciudadanos en el 2020, año que establece como hito el Foro 2020 y su Visión Nacional.
¿Quiénes están formando y educando a esos niños para que el comportamiento ciudadano cambie sustancialmente?
Esas son las preguntas que deberíamos hacernos y las respuestas que deberíamos buscar.
Podría seleccionarse un equipo de educadores y ciudadanos voluntarios de honestidad y responsabilidad probadas (jubilados o activos), que impulse los cambios necesarios, asumiendo un rol de “Cruzados de la reforma y fortalecimiento de los valores éticos y morales en la niñez y la juventud”. Ese puede ser un camino pero, para ello se requiere carácter, valentía y respaldo irrestricto del resto de la ciudadanía. No es lo único que se podría hacer pero, a largo plazo, quizá sería lo más efectivo y constructivo.
Los cambios que se requieren, antes que cambios constitucionales, son cambios de actitud y de valores y para lograrlo hay que comenzar ya. ¡Ahora mismo! En definitiva, permítanme insistir en que cuando criticamos y rechazamos lo malo deberíamos aportar propuestas sobre cómo corregirlo o erradicarlo y sugerir quién o quiénes podrían encargarse de tal tarea.

101 años de Panamá América

 
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