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Cómo recordamos a los gobernantes


En alguna ocasión el Comandante Fidel Castro señaló que le gustaría que la historia lo recordara como el personaje bíblico David, quien se enfrentó al gigante Goliat, refiriéndose a la actitud con que su Gobierno ha enfrentado al Coloso del Norte durante varias décadas. Seguramente esto sea avalado por sus simpatizantes, pero en mi opinión la historia recordará las adversidades que varias generaciones de cubanos sufrieron debido a su desempeño como gobernante.

A José Stalin algunos lo consideran como el jefe de Estado que hizo posible la construcción del socialismo y convertir a la Unión Soviética en una potencia mundial. Sin embargo, hoy, al líder soviético se le recuerda como un dictador sanguinario y déspota.

Al General Augusto Pinochet Ugarte no pocos le reconocen que impidió que la República de Chile cayera en el comunismo. No obstante, son más los que al mencionarlo recuerdan un tirano que fomentó y avaló la violación de los derechos humanos y asesinatos en su país.

De Adolfo Hitler sabemos que llevó a su pueblo a una doctrina racista, absurda y criminal. Mas, si hablamos del ex canciller alemán Willy Brandt, sabemos que en parte hizo posible la recuperación económica de su país, después de la Segunda Guerra Mundial, además de favorecer una política de acercamiento a los países del este, logrando merecidamente el Premio Nobel de la Paz en 1971.

A Franklin Delano Roosevelt se le atribuye la victoria contra la depresión de los años treinta y una nueva política hacia América Latina, entre otras cosas.

En nuestra nación, desde nuestro primer Presidente, Manuel Amador Guerrero, y aquellos que lo sucedieron, todos han dejado huellas imborrables como mandatarios de sus respectivas administraciones. Los últimos, Guillermo Endara, Ernesto Pérez Balladares, Mireya Moscoso, Martín Torrijos, y en la actualidad Ricardo Martinelli, dejaron, y el último dejará, una herencia que basada en lo que hicieron a favor y en contra de su pueblo constituye su legado histórico para la posteridad.

Así pues, no cabe duda de que no es como los gobernantes quieren que sus pueblos los recuerden, sino como la historia y sus pueblos los recuerdan a ellos, y este recuerdo se fundamenta precisamente en lo que nos dejan después de haber gobernado.

101 años de Panamá América

 
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