Cómo vencer al bipartidismo
En varias ocasiones he hablado y escrito sobre el bipartidismo; he expuesto mi desacuerdo con el mismo por encerrar o encasillar la voluntad popular sin alternativas ni libertad de escoger a quien uno realmente desee.
No son dos partidos grandes la solución al problema político de Panamá; no son los arnulfistas ni los PRD, a mi manera de ver, los únicos capaces de solucionar los problemas que atañen al país.
Sus gobiernos han demostrado mediocridad o incapacidad casi completa y los partidos sólo han demostrado no estar preparados ni tener figuras con forma de estadistas, con potencial ni de articular una frase que sea para la posteridad.
Aunque personas que dicen no ser políticas, pero que hablan del tema todo el día, critican la existencia de los partidos pequeños, pienso que más bien debieran verlos desde otro punto de vista.
Dicen que esos partidos sólo sirven para crear alianzas y sacar provecho del gobierno de turno. No creo que sea ese el papel de que juegan. Aquellos que no están inscritos en ningún partido o que no estén inscritos en los dos grandes, tienen una posibilidad en los otros. Desde luego, no hablo de pequeñas agrupaciones, sino de organizaciones con una fuerza legislativa y que, dependiendo de ellos la aprobación de ciertas leyes o el rumbo que el partido gobernante dé a sus ideas, sirven de equilibrio a posibles componendas de los grandes o a la dirección que den al país.
Creo también en la formación de una tercera agrupación que nos dé opción a los que no comulgamos con los partidos grandes actuales; nos da igualmente un futuro político y la posibilidad de competir libremente en buena lid. Pero, tiene que ser una verdadera tercera fuerza, no otro partido pequeño más; tiene que ser una organización con cambio de mentalidad, con ideología diferente, con personajes que den imagen al partido, que figuren como forjadores de verdaderos programas de gobierno.
Tiene que ser una agrupación que se divorcie de un pasado mediato e inmediato, con políticos con nuevas ideas y sin relaciones marcadas con partidos existentes o por desaparecer; con figuras que atraigan a los que no simpatizan con lo establecido y que confíen en que serán quienes, con sus programas, puedan mover el engranaje del país tanto económica como socialmente. No se necesita de agrupaciones con ideas desgastadas; tiene que ser todo nuevo, no emparchado.
Si existe una figura como Alberto Vallarino, que tiene una serie de cualidades para dirigirla, debe pensar bien seriamente en lo que va a hacer. Dar a la agrupación una imagen de novedad y erigirse en su dirigente principal.
Si se logra la formación de una tercera fuerza con esas características, los panameños estaremos a salvo del bipartidismo, de la alternancia de ambos partidos, o de la continuidad con perpetuidad de alguno de los dos como ha sucedido en México.
Todos sabemos que esto propicia más la corrupción y el desmadre político que lleva al país al desastre. Las componendas que ambos grandes partidos puedan llegar a hacer por debajo de cuerda o por arriba, perjudican al país hasta llevarlo al descalabro.
Ojalá que la tercera fuerza que están tratando de formar sea eso y no una colcha más de retazos que los lleva a la mediocridad. Panamá necesita de una buena fuerza política que nos saque de este estado en que nos encontramos por faltar verdaderos políticos y partidos con verdaderas plataformas, con deseos de trabajar para el pueblo.
Espero que los políticos que están trabajando en esta formación no se cierren de mente y quieran perpetuar las ideas viejas, carcomidas y desgastadas ni que quieran continuar con lo que tenemos que ya también va camino a desaparecer.
No son dos partidos grandes la solución al problema político de Panamá; no son los arnulfistas ni los PRD, a mi manera de ver, los únicos capaces de solucionar los problemas que atañen al país.
Sus gobiernos han demostrado mediocridad o incapacidad casi completa y los partidos sólo han demostrado no estar preparados ni tener figuras con forma de estadistas, con potencial ni de articular una frase que sea para la posteridad.
Aunque personas que dicen no ser políticas, pero que hablan del tema todo el día, critican la existencia de los partidos pequeños, pienso que más bien debieran verlos desde otro punto de vista.
Dicen que esos partidos sólo sirven para crear alianzas y sacar provecho del gobierno de turno. No creo que sea ese el papel de que juegan. Aquellos que no están inscritos en ningún partido o que no estén inscritos en los dos grandes, tienen una posibilidad en los otros. Desde luego, no hablo de pequeñas agrupaciones, sino de organizaciones con una fuerza legislativa y que, dependiendo de ellos la aprobación de ciertas leyes o el rumbo que el partido gobernante dé a sus ideas, sirven de equilibrio a posibles componendas de los grandes o a la dirección que den al país.
Creo también en la formación de una tercera agrupación que nos dé opción a los que no comulgamos con los partidos grandes actuales; nos da igualmente un futuro político y la posibilidad de competir libremente en buena lid. Pero, tiene que ser una verdadera tercera fuerza, no otro partido pequeño más; tiene que ser una organización con cambio de mentalidad, con ideología diferente, con personajes que den imagen al partido, que figuren como forjadores de verdaderos programas de gobierno.
Tiene que ser una agrupación que se divorcie de un pasado mediato e inmediato, con políticos con nuevas ideas y sin relaciones marcadas con partidos existentes o por desaparecer; con figuras que atraigan a los que no simpatizan con lo establecido y que confíen en que serán quienes, con sus programas, puedan mover el engranaje del país tanto económica como socialmente. No se necesita de agrupaciones con ideas desgastadas; tiene que ser todo nuevo, no emparchado.
Si existe una figura como Alberto Vallarino, que tiene una serie de cualidades para dirigirla, debe pensar bien seriamente en lo que va a hacer. Dar a la agrupación una imagen de novedad y erigirse en su dirigente principal.
Si se logra la formación de una tercera fuerza con esas características, los panameños estaremos a salvo del bipartidismo, de la alternancia de ambos partidos, o de la continuidad con perpetuidad de alguno de los dos como ha sucedido en México.
Todos sabemos que esto propicia más la corrupción y el desmadre político que lleva al país al desastre. Las componendas que ambos grandes partidos puedan llegar a hacer por debajo de cuerda o por arriba, perjudican al país hasta llevarlo al descalabro.
Ojalá que la tercera fuerza que están tratando de formar sea eso y no una colcha más de retazos que los lleva a la mediocridad. Panamá necesita de una buena fuerza política que nos saque de este estado en que nos encontramos por faltar verdaderos políticos y partidos con verdaderas plataformas, con deseos de trabajar para el pueblo.
Espero que los políticos que están trabajando en esta formación no se cierren de mente y quieran perpetuar las ideas viejas, carcomidas y desgastadas ni que quieran continuar con lo que tenemos que ya también va camino a desaparecer.