Complejo
Asistí a una reunión convocada por el CONEP para tratar el tema de la Seguridad desde el punto de vista del desarrollo económico en el país, al iniciar el nuevo siglo. A la reunión asistieron invitados representantes de la mayoría de las fuerzas vivas de nuestra comunidad, tanto del ramo oficial como de la empresa privada.
Cuesta poco trabajo hacer una descripción o exposición de la actual inseguridad que existe en nuestras calles, no sólo en el campo urbano sino, incluso, en nuestro ambiente rural. Basta escuchar en los distintos noticieros el segmento de patrulla policial o similares. Por lo visto, quizás no podamos coincidir en nuestras opiniones sobre políticas de salud, de educación, de relaciones exteriores, de asuntos agrícolas, o de tránsito vehicular, pero en cuanto a denunciar la patética inseguridad hay unánime consenso.
Un vistazo a la arquitectura urbana, sin ser uno, autoridad en estética de líneas, nos lleva a observar que casi toda construcción tiene que contar con su reja, con su verja, con su muro. La belleza que aparece en los planos o bocetos, desaparece en cuanto tienes que recurrir a dónde va a ir la cerca, la puerta de hierro.
Entre los conceptos vertidos en la reunión, se dijo que "el crimen goza de libertad y que las víctimas están presas detrás de los barrotes de hierro de las verjas de sus casas". Estas y otras apreciaciones muy coloridas y llenas de realismo fueron presentadas, incluso el testimonio de un ciudadano escapado y liberado de un secuestro frustrado.
A mi juicio, la frase más acertada del debate sobre el tema fue el calificar el problema de la seguridad o inseguridad ciudadana, como algo muy "complejo", sobre todo, cuando queremos creer haber encontrado sus causas y sus soluciones. Se señalan las obvias causas: del desempleo, del sistema policial, del sistema judicial, del manejo de la criminología, del miedo a denunciar, y a las represalias, de la inmigración incontrolada, del crecimiento de la población, de la falta de educación, de la desintegración familiar, de la falta de equidad en la distribución de la riqueza, estando Panamá entre los primeros países en el continente, junto con Haití y Brasil en la pésima distribución de la riqueza, los niveles altos de pobreza extrema, y se podrían añadir todas las demás que se nos ocurran aunque no sean próximos y sean incluso remotas. Lo mismo que soluciones unas extremas, otras moderadas.
Siendo tan complejo, resulta difícil encontrar una solución inmediata, justa y acertada y desgraciadamente, satisfacemos con decir egoístamente, "bueno, yo creo que lo se está haciendo, se está haciendo mucho", dejando a otros a la Policía y al Gobierno, todo el problema preventivo de la seguridad. La seguridad es tema de todos como también el de las cárceles.
Es laudable el esfuerzo que se ha hecho. Mucho queda por hacer. Me parece retórico el recurrir a comparar, y en eso tenemos toda libertad de hacerlo, el Panamá del año 2000 con el Panamá de 1940. Mucho ha cambiado y tendrá que cambiar para bien y para mal. Todo cambia, nosotros cambiamos.
La inseguridad es como un componente ineludible del avance de los pueblos. Interesante sería escuchar a los sociólogos, sicólogos sociales y antropólogos. Desde el punto de vista religioso, tenemos que aceptar que no puede existir una seguridad como muchos la desean, la seguridad ideal si no que hay que contar con el "mismo hombre y mujer que están prontos al mal de su adolescencia", como dice la Sagrada Escritura. Y aquella otra: "Busquemos el reino de Dios y su justicia y todo lo demás nos vendrá por añadidura".
Cuesta poco trabajo hacer una descripción o exposición de la actual inseguridad que existe en nuestras calles, no sólo en el campo urbano sino, incluso, en nuestro ambiente rural. Basta escuchar en los distintos noticieros el segmento de patrulla policial o similares. Por lo visto, quizás no podamos coincidir en nuestras opiniones sobre políticas de salud, de educación, de relaciones exteriores, de asuntos agrícolas, o de tránsito vehicular, pero en cuanto a denunciar la patética inseguridad hay unánime consenso.
Un vistazo a la arquitectura urbana, sin ser uno, autoridad en estética de líneas, nos lleva a observar que casi toda construcción tiene que contar con su reja, con su verja, con su muro. La belleza que aparece en los planos o bocetos, desaparece en cuanto tienes que recurrir a dónde va a ir la cerca, la puerta de hierro.
Entre los conceptos vertidos en la reunión, se dijo que "el crimen goza de libertad y que las víctimas están presas detrás de los barrotes de hierro de las verjas de sus casas". Estas y otras apreciaciones muy coloridas y llenas de realismo fueron presentadas, incluso el testimonio de un ciudadano escapado y liberado de un secuestro frustrado.
A mi juicio, la frase más acertada del debate sobre el tema fue el calificar el problema de la seguridad o inseguridad ciudadana, como algo muy "complejo", sobre todo, cuando queremos creer haber encontrado sus causas y sus soluciones. Se señalan las obvias causas: del desempleo, del sistema policial, del sistema judicial, del manejo de la criminología, del miedo a denunciar, y a las represalias, de la inmigración incontrolada, del crecimiento de la población, de la falta de educación, de la desintegración familiar, de la falta de equidad en la distribución de la riqueza, estando Panamá entre los primeros países en el continente, junto con Haití y Brasil en la pésima distribución de la riqueza, los niveles altos de pobreza extrema, y se podrían añadir todas las demás que se nos ocurran aunque no sean próximos y sean incluso remotas. Lo mismo que soluciones unas extremas, otras moderadas.
Siendo tan complejo, resulta difícil encontrar una solución inmediata, justa y acertada y desgraciadamente, satisfacemos con decir egoístamente, "bueno, yo creo que lo se está haciendo, se está haciendo mucho", dejando a otros a la Policía y al Gobierno, todo el problema preventivo de la seguridad. La seguridad es tema de todos como también el de las cárceles.
Es laudable el esfuerzo que se ha hecho. Mucho queda por hacer. Me parece retórico el recurrir a comparar, y en eso tenemos toda libertad de hacerlo, el Panamá del año 2000 con el Panamá de 1940. Mucho ha cambiado y tendrá que cambiar para bien y para mal. Todo cambia, nosotros cambiamos.
La inseguridad es como un componente ineludible del avance de los pueblos. Interesante sería escuchar a los sociólogos, sicólogos sociales y antropólogos. Desde el punto de vista religioso, tenemos que aceptar que no puede existir una seguridad como muchos la desean, la seguridad ideal si no que hay que contar con el "mismo hombre y mujer que están prontos al mal de su adolescencia", como dice la Sagrada Escritura. Y aquella otra: "Busquemos el reino de Dios y su justicia y todo lo demás nos vendrá por añadidura".