Completando una tarea histórica
CUANDO AL final del año pasado la Asamblea Nacional aprobó la ley que otorga el derecho al sufragio a los panameños residentes en el exterior, fue un momento de gran júbilo, ya que después de unos 35 años de lucha pudimos cantar, como cualquier otro panameño, "alcanzamos por fin la victoria".
Ahora, a la luz de un nuevo día, nos hemos dado cuenta que quizás nuestro regocijo fue un poquito prematuro. Esto lo digo no como discrepancia con la nueva ley. Al contrario, como uno de los que estuvo a la vanguardia de la lucha, la aplaudo y la valoro como un paso progresista panameño en la búsqueda del sufragio universal real y completo. Reitero, comprendo y acepto que en la realidad actual de nuestra Constitución lo que se obtuvo fue lo que más pudimos obtener en ese periodo histórico.
¿Por qué la salvedad? El Art. 13 de la Constitución señala: La nacionalidad panameña de origen o adquirida por nacimiento no se pierde, pero la renuncia expresa o tácita de ella suspenderá la ciudadanía. La renuncia expresa de nacionalidad se produce cuando la persona manifiesta por escrito al Ejecutivo su voluntad de abandonarla; y la tácita cuando se adquiere otra nacionalidad o cuando se entra al servicio de un Estado enemigo.
No hay duda que lo que se aprobó fue dentro de los marcos constitucionales. También es innegable que la nueva ley otorga el derecho al voto a ciudadanos panameños no importa en qué lugar del planeta residen. No obstante, la valentía y la buena intención de aquellos diputados quienes abanderaron esta causa progresista, y la implementación esmerada de nuestro Tribunal Electoral, me es necesario señalar y subrayar que existe otro río que cruzar, el la doble ciudadanía. Es decir, la posibilidad de ser ciudadanos de más de una nación.
En realidad, el concepto legal de la doble ciudadanía no es nada nuevo. Muchos son los países que permiten que sus ciudadanos puedan mantener su nacionalidad de origen y la adquirida, tales como Estados Unidos, Inglaterra e Israel, y se me dice que son varias las naciones latinoamericanas que permiten su ejercicio. Es más, cuando se convocó la primera conferencia de panameños en Pensilvania, Estados Unidos, en 1974, la intención del evento y del gobierno panameño de turno era lograr no sólo el voto en el exterior, sino también la doble ciudadanía.
Hay que hacer hincapié en el hecho de que aquellos que optaron aceptar otra nacionalidad, en su mayoría, no lo hicieron con el fin de "abandonar" su nacionalidad panameña, sino más bien fue el instrumento legal necesario para poder obtener empleo, vivienda pública, asistir a la escuela o recibir atención médica. Es decir, por razones de sobrevivencia.
Con la nueva ley estas personas todavía no podrán votar, ya que su ciudadanía está suspendida. Es más, es posible que al final del día, cuando se cuentan los votos emitidos por los residentes en el exterior, el número no reflejará la cantidad actual de panameños fuera del país deseosos de que sus voces y votos sean escuchados en los paraninfos de nuestra sociedad, ya que un gran número no será elegible para ejercer el voto. Sin embargo, he aquí un detalle curioso y totalmente dentro de la realidad de nuestra Constitución vigente: los hijos(as) de panameños cuya ciudadanía está suspendida, nacidos fuera del país, sí podrán votar con tal que adquieran sus documentos como panameños. recordemos que ellos nunca "optaron" por otra nacionalidad ni renunciaron la suya. La nacionalidad extranjera que poseen es producto de su nacimiento y no una expresión tácita de renuncia.
Son muchos los nacionales que poseen pasaportes panameños y también del país en el cual residen. Sería posible argumentar que la doble ciudadanía en realidad ya existe en Panamá, pero de una manera extraoficial; es decir, de facto, pero no de jure. Muchos tienen inversiones en Panamá, pero siguen, por razones de familia, viviendo fuera del país. Ellos, como cantó nuestro insigne poeta, saben lo que es querer a nuestro país, pero "el hado quiso que atravesaran el mar". Casi todos continúan contribuyendo a las arcas económicas de Panamá. Es más, en el 2004, el BID calculó que las remesas de parte de panameños residentes fuera del país ascendieron a unos B/. 254 millones. No tengo las cifras para el 2006; sin embargo, no sería ilógico estimar que fue mayor que las del año 2004.
Cuando era niño mis padres me enseñaron que nunca se debe dejar una tarea sin completar. Ahora exhorto a nuestros diputados, aquellos quienes con visión tomaron el primer paso, a que, de acuerdo con el Título XIII de la Constitución completen "la tarea". Para nosotros el Art. 13, si se logra cambiar, podría decir: "La nacionalidad panameña de origen o adquirida por nacimiento, con la excepción de la renuncia expresa o cuando se entra al servicio de un Estado enemigo, no se pierde". Con ese cambio todo panameño podrá disfrutar de la doble ciudadanía y podrá votar en las elecciones presidenciales de la Nación.
(*)Prof. Emérito de Brooklyn College y presidente del Movimiento Democrático Independiente Panameño (MODIPA).
Bultrón no demoró en negar que el MEDUCA haya solicitado esa información. El funcionario lo que no pudo negar es que las tierras donde están ubicados los tres colegios públicos tienen un costo elevado y cerca hay enormes edificaciones.
"Sabemos que los costos de esos terrenos tienen su valor significativo en este momento", reconoció Bultrón.
Más tarde expresó: "los colegios se mantienen laborando y funcionando en el sector hasta tanto se proyecte algo diferente".
Sin embargo, para José Batista, director de Desarrollo Urbano del Ministerio de Vivienda (MIVI), la situación es otra.
"El problema que hemos analizado, y ya lo han analizado con estadísticas y todo, es que los usuarios de esos colegios no viven por ahí", expuso.
Batista declaró que en ese caso no hay problema estético ni urbano, sino un problema de uso.
Añadió que la mayoría de los estudiantes son personas que vienen de las afueras de la ciudad, San Miguelito y el Oeste (Arraiján, La Chorrera).
No descartó vender y reubicar los colegios por el buen valor de los terrenos, como un "enfoque urbanístico".
El funcionario destacó que la zonificación de los terrenos es institucional, y para construir edificios habría que cambiarla a residencial o comercial, dependiendo de lo que se plantee.
Pero eso no es fácil, según Batista, eso es complicado, porque no es sencillo decir que se venden los terrenos y cambiamos, ya que hay que analizar varios factores. Por ejemplo, habría que hacer un estudio de capacidad de metroestructura.
"Se imagina, agarras a esos terrenos y le metes edificios, vas a aumentar la densidad y todas esas cosas".
La arquitecta Raisa Banfield expresó que ha oído a las autoridades decir que "la presión inmobiliaria obliga a mudar las escuelas". Eso la desconcierta.
"¿Qué es eso? ¿Quién dice que es la presión inmobiliaria el instrumento con el cual se planifica una ciudad?", se preguntó Banfield.
Dijo que la presión inmobiliaria y el hecho de que las autoridades respondan automáticamente a ella, cambiando normas y cosas, es lo que está creando la ciudad caótica.
Añadió que la especulación inmobiliaria en avenida Balboa, el tema de la Cinta Costera, el desarrollo de Punta Pacífica, son instrumentos que disparan los precios de los terrenos en esos puntos.
Comentó que han visto variaciones en meses de terrenos que de B/.500 y B/.600 pasan a B/.1, 200 y B/.2, 000 debido a la especulación.
Ahora, a la luz de un nuevo día, nos hemos dado cuenta que quizás nuestro regocijo fue un poquito prematuro. Esto lo digo no como discrepancia con la nueva ley. Al contrario, como uno de los que estuvo a la vanguardia de la lucha, la aplaudo y la valoro como un paso progresista panameño en la búsqueda del sufragio universal real y completo. Reitero, comprendo y acepto que en la realidad actual de nuestra Constitución lo que se obtuvo fue lo que más pudimos obtener en ese periodo histórico.
¿Por qué la salvedad? El Art. 13 de la Constitución señala: La nacionalidad panameña de origen o adquirida por nacimiento no se pierde, pero la renuncia expresa o tácita de ella suspenderá la ciudadanía. La renuncia expresa de nacionalidad se produce cuando la persona manifiesta por escrito al Ejecutivo su voluntad de abandonarla; y la tácita cuando se adquiere otra nacionalidad o cuando se entra al servicio de un Estado enemigo.
No hay duda que lo que se aprobó fue dentro de los marcos constitucionales. También es innegable que la nueva ley otorga el derecho al voto a ciudadanos panameños no importa en qué lugar del planeta residen. No obstante, la valentía y la buena intención de aquellos diputados quienes abanderaron esta causa progresista, y la implementación esmerada de nuestro Tribunal Electoral, me es necesario señalar y subrayar que existe otro río que cruzar, el la doble ciudadanía. Es decir, la posibilidad de ser ciudadanos de más de una nación.
En realidad, el concepto legal de la doble ciudadanía no es nada nuevo. Muchos son los países que permiten que sus ciudadanos puedan mantener su nacionalidad de origen y la adquirida, tales como Estados Unidos, Inglaterra e Israel, y se me dice que son varias las naciones latinoamericanas que permiten su ejercicio. Es más, cuando se convocó la primera conferencia de panameños en Pensilvania, Estados Unidos, en 1974, la intención del evento y del gobierno panameño de turno era lograr no sólo el voto en el exterior, sino también la doble ciudadanía.
Hay que hacer hincapié en el hecho de que aquellos que optaron aceptar otra nacionalidad, en su mayoría, no lo hicieron con el fin de "abandonar" su nacionalidad panameña, sino más bien fue el instrumento legal necesario para poder obtener empleo, vivienda pública, asistir a la escuela o recibir atención médica. Es decir, por razones de sobrevivencia.
Con la nueva ley estas personas todavía no podrán votar, ya que su ciudadanía está suspendida. Es más, es posible que al final del día, cuando se cuentan los votos emitidos por los residentes en el exterior, el número no reflejará la cantidad actual de panameños fuera del país deseosos de que sus voces y votos sean escuchados en los paraninfos de nuestra sociedad, ya que un gran número no será elegible para ejercer el voto. Sin embargo, he aquí un detalle curioso y totalmente dentro de la realidad de nuestra Constitución vigente: los hijos(as) de panameños cuya ciudadanía está suspendida, nacidos fuera del país, sí podrán votar con tal que adquieran sus documentos como panameños. recordemos que ellos nunca "optaron" por otra nacionalidad ni renunciaron la suya. La nacionalidad extranjera que poseen es producto de su nacimiento y no una expresión tácita de renuncia.
Son muchos los nacionales que poseen pasaportes panameños y también del país en el cual residen. Sería posible argumentar que la doble ciudadanía en realidad ya existe en Panamá, pero de una manera extraoficial; es decir, de facto, pero no de jure. Muchos tienen inversiones en Panamá, pero siguen, por razones de familia, viviendo fuera del país. Ellos, como cantó nuestro insigne poeta, saben lo que es querer a nuestro país, pero "el hado quiso que atravesaran el mar". Casi todos continúan contribuyendo a las arcas económicas de Panamá. Es más, en el 2004, el BID calculó que las remesas de parte de panameños residentes fuera del país ascendieron a unos B/. 254 millones. No tengo las cifras para el 2006; sin embargo, no sería ilógico estimar que fue mayor que las del año 2004.
Cuando era niño mis padres me enseñaron que nunca se debe dejar una tarea sin completar. Ahora exhorto a nuestros diputados, aquellos quienes con visión tomaron el primer paso, a que, de acuerdo con el Título XIII de la Constitución completen "la tarea". Para nosotros el Art. 13, si se logra cambiar, podría decir: "La nacionalidad panameña de origen o adquirida por nacimiento, con la excepción de la renuncia expresa o cuando se entra al servicio de un Estado enemigo, no se pierde". Con ese cambio todo panameño podrá disfrutar de la doble ciudadanía y podrá votar en las elecciones presidenciales de la Nación.
(*)Prof. Emérito de Brooklyn College y presidente del Movimiento Democrático Independiente Panameño (MODIPA).
Bultrón no demoró en negar que el MEDUCA haya solicitado esa información. El funcionario lo que no pudo negar es que las tierras donde están ubicados los tres colegios públicos tienen un costo elevado y cerca hay enormes edificaciones.
"Sabemos que los costos de esos terrenos tienen su valor significativo en este momento", reconoció Bultrón.
Más tarde expresó: "los colegios se mantienen laborando y funcionando en el sector hasta tanto se proyecte algo diferente".
Sin embargo, para José Batista, director de Desarrollo Urbano del Ministerio de Vivienda (MIVI), la situación es otra.
"El problema que hemos analizado, y ya lo han analizado con estadísticas y todo, es que los usuarios de esos colegios no viven por ahí", expuso.
Batista declaró que en ese caso no hay problema estético ni urbano, sino un problema de uso.
Añadió que la mayoría de los estudiantes son personas que vienen de las afueras de la ciudad, San Miguelito y el Oeste (Arraiján, La Chorrera).
No descartó vender y reubicar los colegios por el buen valor de los terrenos, como un "enfoque urbanístico".
El funcionario destacó que la zonificación de los terrenos es institucional, y para construir edificios habría que cambiarla a residencial o comercial, dependiendo de lo que se plantee.
Pero eso no es fácil, según Batista, eso es complicado, porque no es sencillo decir que se venden los terrenos y cambiamos, ya que hay que analizar varios factores. Por ejemplo, habría que hacer un estudio de capacidad de metroestructura.
"Se imagina, agarras a esos terrenos y le metes edificios, vas a aumentar la densidad y todas esas cosas".
La arquitecta Raisa Banfield expresó que ha oído a las autoridades decir que "la presión inmobiliaria obliga a mudar las escuelas". Eso la desconcierta.
"¿Qué es eso? ¿Quién dice que es la presión inmobiliaria el instrumento con el cual se planifica una ciudad?", se preguntó Banfield.
Dijo que la presión inmobiliaria y el hecho de que las autoridades respondan automáticamente a ella, cambiando normas y cosas, es lo que está creando la ciudad caótica.
Añadió que la especulación inmobiliaria en avenida Balboa, el tema de la Cinta Costera, el desarrollo de Punta Pacífica, son instrumentos que disparan los precios de los terrenos en esos puntos.
Comentó que han visto variaciones en meses de terrenos que de B/.500 y B/.600 pasan a B/.1, 200 y B/.2, 000 debido a la especulación.