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Compra de útiles escolares y la salud


CADA FAMILIA panameña se está preparando para iniciar el año escolar y, con su presupuesto, debe equipar a sus hijos con los útiles escolares apropiados a su nivel de escolaridad.
Panamá es un país de libre comercio que permite la entrada de variados tipos de artículos con la premisa de que la oferta y la demanda debe ser la regla de juego, permitiéndose la venta de toda clase de mercancía de muchos destinos.
Por su situación económica, el panameño intentará comprar útiles económicos que podrían tener sustancias que ocasionen severos trastornos por ingestión o contacto (los niños se lo llevan todo a la boca) y su venta es en tiendas mayoristas, súpermercados y almacenes.
El padre de familia debe conocer que los lápices de cera, témperas, borradores, lapiceros, lápices de color, reglas, acuarelas y otros útiles escolares son fabricados en diversos países y que contienen plomo, cadmio, PVC, sulfuro de amonio, benceno, níquel y otros elementos tóxicos que pueden generar hasta cáncer en los niños.
Informes desde Perú nos alertan de acciones de la ASPEC (asociación de consumidores), que nos describe la odisea de tener una ley de protección pero que no tiene efectos; Chile, con reglamentaciones que controlan la venta de útiles escolares tóxicos.
Artículos que provienen de Asia y otros sitios de dudosa calidad, es un escenario real del que Panamá no escapa; pero, aparentemente, no nos preocupa.
Pedir que los útiles escolares tengan la información en etiquetas que acompañen al producto y se nos informe cuál es el contenido de éstos es la misma tarea titánica como pedir que los alimentos tengan etiquetado en español. Aquí, en nuestro país, nadie obliga a los fabricantes, importadores, distribuidores y comerciantes a etiquetar y alertar al público consumidor si sus artículos contienen sustancias o elementos tóxicos que pongan en riesgo la salud de los niños.
Informes de los países precitados nos permiten identificar los diversos útiles escolares y su posibilidad de atentar contra la salud de nuestros hijos; lápices de carbón o para colorear pueden contener plomo y cromo en la superficie, el niño se puede intoxicar por contacto al usarlos o por ingestión al chuparlos o morderlos; algunos lápices de cera, plastilina y témperas llevan cadmio, plomo y cromo en su composición; en algunos borradores de lápiz y tinta se advierte la presencia de cadmio. Los de olor a frutas y colores fosforescentes, gomas, colas o pegamentos, poseen solventes y químicos como el tricloroetileno, una sustancia que también se encuentra en las pinturas, y que, en cantidades elevadas, puede causar cáncer y daños en el sistema nervioso central.
Los correctores líquidos y tintas contienen metilcloroformo, una sustancia química que causa daños al corazón y al sistema nervioso.
Los padres de familia deben realizar sus compras en establecimientos formales y exigir las facturas. De hacerlo en puestos informales corren el riesgo de adquirir productos sin garantía, falsificados o tóxicos, lo que permite que su hijo acumule plomo en su cuerpo y no se elimine del organismo, produciendo deterioro intelectual y retraso mental.
Hay que recordar que el plomo es muy neurotóxico que permanece mucho tiempo en el organismo, su vida media en los huesos es de 70 años, y su gran problema es que en muy pequeñas concentraciones provoca defectos o un daño cognitivo, provocando una disminución en la inteligencia, en el comportamiento y aprendizaje además de derivar en anemia, hipertensión, estreñimiento, comportamiento agresivo o deficiencia en el aprendizaje.

101 años de Panamá América

 
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