Comunicación y puntualidad
Creemos mucho en la buena comunicación, la cual estimamos que debe ser llana e inconfundible.
Abundan personas bienintencionadas que se interesan por su prójimo. No obstante, cuando públicamente solicitan ayuda para una buena obra, dicen de qué se trata pero omiten indicar con precisión a dónde se pueden llevar las contribuciones.
En materia laboral, inmensa cantidad de personas, tras sufrir algún inconveniente o quebrantos de salud, omiten notificarlo o hacer notificar a sus respectivos jefes de trabajo para que no cuenten con ellas. Al retornar presentan certificados médicos que acreditan que su ausencia fue por incapacidad temporal. Guardan silencio. Eso es una falta de cortesía y consideración. Todo el que es esperado por cualquier razón, está en el deber de informar o hacer informar a quienes lo esperan, que no podrá comparecer.
El día en que en un concierto anunciado para determinada hora el director de orquesta alce la batuta para iniciar el acto en el momento indicado sin esperar a los tardíos, esto no seguirá ocurriendo.
Hace mucho en Londres se nos dio una cita para entrevistarnos con un oficial del Ministerio de Relaciones Exteriores. Nos señalaron fecha para las 4: 30 de la tarde. Llegado el día, a los diez minutos de haber comparecido nos indicaron que podíamos pasar. No había aparecido aún la persona que tenía cita para las 4: 00 p.m. Tendría ella que solicitarla nuevamente.
Abundan personas bienintencionadas que se interesan por su prójimo. No obstante, cuando públicamente solicitan ayuda para una buena obra, dicen de qué se trata pero omiten indicar con precisión a dónde se pueden llevar las contribuciones.
En materia laboral, inmensa cantidad de personas, tras sufrir algún inconveniente o quebrantos de salud, omiten notificarlo o hacer notificar a sus respectivos jefes de trabajo para que no cuenten con ellas. Al retornar presentan certificados médicos que acreditan que su ausencia fue por incapacidad temporal. Guardan silencio. Eso es una falta de cortesía y consideración. Todo el que es esperado por cualquier razón, está en el deber de informar o hacer informar a quienes lo esperan, que no podrá comparecer.
El día en que en un concierto anunciado para determinada hora el director de orquesta alce la batuta para iniciar el acto en el momento indicado sin esperar a los tardíos, esto no seguirá ocurriendo.
Hace mucho en Londres se nos dio una cita para entrevistarnos con un oficial del Ministerio de Relaciones Exteriores. Nos señalaron fecha para las 4: 30 de la tarde. Llegado el día, a los diez minutos de haber comparecido nos indicaron que podíamos pasar. No había aparecido aún la persona que tenía cita para las 4: 00 p.m. Tendría ella que solicitarla nuevamente.